Disfruta del crecimiento de Mengers con su nuevo álbum, Golly, el cual te llevará por una simulación de la que tal vez seamos víctimas a diario.

mengers golly

Que gran placer se siente ver el crecimiento de una banda a la que se sigue desde abajo, como es el caso de Mengers. No solo para ellos como banda, también ese placer lo puede afirmar un crítico y amante de la música.

Se siente desde un comienzo; se huele, se percibe: estamos por salirnos de la simulación dentro de los próximos 38 minutos.

Surfeando por distorsiones y letras de una cultura y sistema caótico del día a día en la vida de cada persona dentro de un país que en cada paso recrea música azotadora entre sonidos de plomo y cables que se incendian dentro de el corazón.

Eso es Golly, el nuevo material de estudio de un tridente poderoso de la Ciudad de México llamado Mengers, integrado por Carlos Calderón (guitarra, voz), Mauricio Moncada (bajo, voz) y Pablo Calderón (batería).

La vida está prestada y nuestros destinos son inciertos. La angustia corroe al ser humano mientras los minutos en el reloj no frenan. Mengers, bajo la tutela y la producción del rey del underground, Hugo Quezada y su estudio Progreso Nacional, donde se ha cocinado lo mejor de lo mejor de esta escena (El Shirota, Belafonte Sensacional, Diles que no me maten, etc.), pulieron esas angustias y pensamientos existenciales dentro de 12 pistas que arremeten contra lo social y lo mental para ser empaquetados en esta obra difundida por Devil In The Woods.

El comienzo es abrupto, frenético. Es un acto irónico al título de la canción: Estrés es desestrés en esta pieza. Una sinfonía arrebatada de fuzz y punk que solo incita a quitarte la ropa y mover el cuerpo sin control alguno, un corte de poco más de dos minutos que prácticamente sirven de intro para Tiempos Sucidas y su línea de bajo que recrea un sintetizador fuera de control mientras Carlos nos dice que nuestro destino no es un juego y nuestro futuro no está a crédito, y en donde, efectivamente, no hay más que hacer dentro de esta capital suicida.

Golly, el tema homónimo al álbum, está empapado por voces delay que crean ecos enormes, preparando el despegue de lo psicodélico del ambiente del bajo hasta el despliegue stoner entre guitarra y batería. Unas sinfonías necesarias antes de pasar a lo denso y áspero de Terror con prácticamente el hilo stoner a una voz más clara y entendible, pero no menos ágil y rebelde.

Y si de rebeldía se habla, Papando Bytes es una de las que más travesuras hace y provoca volviendo al lado más fuzz y retorcido de Mengers, siendo de las piezas más brutales con una lírica menos compuesta. Y cuando apenas te vas reponiendo No Hay Futuro te pondrá en el slam dentro de tu casa desde la perspectiva de la desolación.

Me hablaron del cambio y el cambio nunca llegó. Ahora tengo que seguir toda la vida igual, son palabras que pueden ser empleadas dentro de distintos temas y situaciones de la vida. La desolación es ruido y ese mismo ruido puede ser canalizado hacia el descontrol musical.

Mengers lo pone sobre la mesa, pero también pone su contraparte alentadora de poco más de un minuto, Celebra; …que el mundo es una mierda, que cuando menos crees, todo acabó.

Con una alta referencia a uno de los discos con más protesta social que ha existido en la historia de la música, Siembra de Rubén Blades y Willie Colón, y en específico al tema Plástico, Mengers también reflexionan sobre el materialismo y consumismo en Santa Fé, un tema que era requisito tocarlo dentro de un disco que puede representar mucho para una generación que requiere esa apertura de mente. En una ciudad de plástico, todo es una simulación.

El juego místico que maneja 665 es espectacular. Todo noise. Pareciera una bomba de tiempo que en cualquier momento podría explotar, pero que de pronto se apaga de manera abrupta. Eso hasta que el fuego se prende otra vez con Seda para sacudirnos la cabeza, por si faltara más.

¿Hay algún otro lugar para empezar un nuevo ciclo que en Pantitlán y sus cuatro líneas aledañas? La respuesta es no. Las millones de almas que atraviesan ese gran buque temporal llamado Pantitlán, saben que la metáfora es tan real como la plantea Mengers; el sonido es ese, es así exactamente como se siente: cansado, agonizante y distópico en las altas horas.

Es imposible pasar por Pantitlán y no pensar en esta canción una vez que se escucha. Mengers logró capturar en totalidad esa esencia del subterráneo y de su gente que lo pisa. Malditos capos.

Golly tiene su final merecido, su Final de la Era, un final de desmadre y con coros alegres que enmarcan un gran trabajo de esos que no te da para elegir una canción favorita entre todas, porque todas lo son. Y no queda de otra, más que repetirlo y repetirlo y repetirlo hasta el puto cansancio de alegría.

Que gran trabajo Mengers, Hugo Quezada y Devil In The Woods. Es posible seguir creyendo en esta escena.

¡Viva la fuzz! Ahí está su pinche 10/10.

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Reseña Panorama
Calificación
Ángel Santillán
Explorador galáctico de las órbitas musicales. Vivo en una y mil canciones más.