Que tres conciertos se junten en un solo día representa una difícil decisión para ciertos melómanos (para otros no tanto) y cuando tienes que elegir entre Luis Miguel, Nick Cave o Johnny Marr, la decisión es tan diversa como el gusto del fan mismo.

Decidí ir a ver a Johnny Marr porque, en lo personal, soy muy fan de The Smiths; recién había visto a Morrissey en el Vive Latino hace unos meses y la posibilidad de que Marr regrese nuevamente a nuestro país es mucho menos viable que la del líder británico, por lo que una noche nublada de octubre me llevó al Plaza Condesa a verlo.

El concierto de Nick Cave fue el principal limitante de los fans para llenar el recinto pero, si lo vemos en el mejor de los casos, los más fans de The Smiths y Marr estábamos esa noche en el venue: muchos adultos, algunos jóvenes y ningún niño, formábamos el público que estaba entusiasmado de ver, muchos por primera vez, al ídolo Smith.

A muchos nos tomó por sorpresa que hubiera un opening act porque en ningún flyer lo vimos; a pesar de lo anterior, The Belle Game se encargó de hacer un show muy distinto al que estábamos por presenciar con Marr: los canadienses dieron un show alternativo, lleno de sintetizadores y guitarras distorsionadas. La banda buena ondita perfecta para iniciar la noche.

Una vez que terminaron, a los pocos minutos, comenzó el show de Johnny Marr con una energía que difícilmente podrías imaginar en alguien que está por cumplir 55 años y en The Tracer no paraba de moverse y disfrutar cada movimiento, “apapachado” claramente por un público muy cercano con su ídolo.

Las canciones de The Smiths no se hicieron esperar y Bigmouth Strikes Again abrió paso a un deleite musical para todos sus fans, que continuaban escuchando, bailando y coreando el setlist de Marr. Day in Day Out, New Dominions y Hi Hello marcaron la pauta de un gran show que no tuvo una sola pantalla, dejando todo el trabajo visual a la banda. A la antigüita.

Marr no dejó las sorpresas solo con The Smiths sino que también tocó un par de canciones de su extinta banda con Bernard Summer (New Order) y Neil Tennant (Pet Shop Boys), Electronic, con versiones extendidas de Getting Away With It y Get the Message, que solo los más fans del inglés dominaban y bailaban al ritmo perfecto.

Canciones como Easy Money (qué buen ambiente se sintió en esta canción), Bug (con mentadas de madre incluídas a Donald Trump) y Walk Into The Sea marcaron un show en el que nadie extrañó a Morrissey (bueno, sí lo extrañamos, sobre todo junto a Marr para hacer música) pero que incluyó músicos talentosos en un solo escenario.

The Headmaster Ritual, How Soon is Now? y Last Night I Dreamt that Somebody Love Me, originales de The Smiths, emocionaban sin parar a chicos y grandes (literal) para dar pie al plato principal de la noche: There is a Light That Never Goes Out: escuchar ese himno de la música del siglo pasado es indescriptible.

Si bien con Morrissey tiene un toque muy especial en sus conciertos, con Marr se disfrutó de una manera más intensa, muy emotiva. Es como si todos esos fans de The Smiths se juntaran al unísono a cantar y recordar los buenos momentos escuchados con esa canción de fondo. Por ahí incluso había unos ingleses medio ebrios saltando de emoción junto a un grupo de mexicanos. Así el poder de la música.

Marr cerró la noche con You Just Haven’t Earned Yet, Baby de The Smiths y la gente no podía estar más agradecida por ver a uno de los músicos más queridos e influyentes del siglo pasado. Si bien hoy me dolió un poco no haber visto a otros dos grandes frontmans (sí, también Luis Miguel es cool), Johnny Marr me dejó más que contento, así como cuando escuché por primera vez How Soon is Now de The Smiths por primera vez.Johnny Marr reseña Johnny Marr Johnny Marr el plaza Johnny Marr mexico Johnny Marr Johnny Marr Johnny Marr Johnny Marr Johnny Marr

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