Cancamusa habla sobre “Cielo, llora por mí”, el cierre de DOPAMINA y su concierto del 25 de septiembre en Foro La Paz, CDMX.
La artista chilena regresa a Ciudad de México con “Cielo, llora por mí”, una canción que comenzó durante la pandemia y necesitó años para encontrar sus palabras. El 25 de septiembre presentará por primera vez DOPAMINA en vivo ante el público mexicano.
Cancamusa necesitó años para aprender qué quería pedirle al cielo
Hay canciones que aparecen de golpe. Otras llegan primero como una sensación y esperan pacientemente hasta que la persona que las escribió consiga entenderlas.
“Cielo, llora por mí” pertenece al segundo grupo.
Cancamusa comenzó a construir su melodía durante la pandemia, pero no encontró inmediatamente las palabras necesarias para terminarla. La canción permaneció ahí, incompleta, mientras la vida continuaba.
Tuvieron que pasar años. Más música. Más preguntas. Más experiencias.
Hasta que, durante un viaje en autobús, mirando hacia el cielo y atravesando días de reflexión y tristeza, apareció finalmente aquello que necesitaba decir.
“Faltaba vivir mucho”, recuerda la artista chilena.
Ahora aquella composición se convierte en la primera canción de DOPAMINA DELUXE y, paradójicamente, en la pieza que comienza a despedir uno de los periodos más importantes de su carrera. El inicio del final.
“Cielo, llora por mí”: cuando ya no podemos sostenernos solos
La imagen central de la canción parte de una experiencia reconocible. Hay momentos donde el cuerpo parece agotarse incluso de expresar aquello que duele. El llanto no llega. Las palabras tampoco. Existe un nudo en la garganta y una sensación demasiado grande para sostener individualmente.
Cancamusa transforma ese estado en una petición. Si ella ya no puede llorar, que lo haga el cielo. La lluvia funciona como una extensión emocional del cuerpo. Algo más grande que nosotros capaz de liberar aquello que ya no sabemos expulsar.
Para la artista, existe incluso una dimensión profundamente latinoamericana en esa imagen: recurrir a lo espiritual, a la naturaleza o a alguna fuerza superior cuando la realidad parece excedernos.
Ahí también aparece algo cercano al realismo mágico. El cielo no solamente acompaña la emoción. Participa en ella.
La ducha como nuestro pequeño cielo privado
Durante la entrevista surge una pregunta mucho más cotidiana. ¿Dónde puede una persona permitirse ser completamente vulnerable?
La respuesta de Cancamusa rompe momentáneamente con la grandiosidad de nubes, tormentas y divinidad. La ducha. Un espacio pequeño. Privado. Donde el agua puede confundirse con las lágrimas y donde, durante algunos minutos, no necesitamos mantener ninguna apariencia.
Cancamusa la describe casi como “nuestro pequeño cielo”. La comparación termina llevando la canción hacia un lugar todavía más cercano. No necesitamos encontrarnos debajo de una tormenta monumental. A veces basta cerrar una puerta, abrir el agua y permitirnos sentir aquello que durante el resto del día estuvimos conteniendo.
Una canción que comenzó en pandemia y terminó dentro de un autobús
“Cielo, llora por mí” podría haber pertenecido a un futuro proyecto. La melodía existía desde mucho antes de DOPAMINA. Cuando finalmente aparecieron las palabras, Cancamusa ya estaba acercándose al final del ciclo del disco.
Entonces surgió la pregunta inevitable: ¿guardarla? ¿Comenzar con ella otra etapa? La respuesta apareció al escucharla. Sonoramente todavía pertenecía a este universo. Pop. Rock. Dream pop.
Atmósferas capaces de convivir con aquello que DOPAMINA había construido durante más de dos años. Esperar otro disco habría significado separarla de un lugar al que emocionalmente todavía pertenecía. Por eso se convirtió en la primera pieza de DOPAMINA DELUXE. No como material sobrante. Como epílogo.
DOPAMINA como laboratorio
El concepto de DOPAMINA siempre ha tenido algo científico. No desde la frialdad. Desde la curiosidad.
Cancamusa se acercó a la molécula y al neurotransmisor como símbolos de aquello que empuja a las personas hacia adelante. La motivación. El deseo de comenzar algo. Viajar. Descubrir. Enamorarse de una idea. Escribir una canción. Experimentar.
Por eso la estética del disco estuvo relacionada con laboratorios, alquimia y colores intensos. Verde. Morado. Rojo.
La música se convirtió en una manera de investigar aquello que nos mueve. Pero el experimento todavía guardaba anotaciones.
“Dopamina: Bitácora de un laboratorio personal”
El cierre del ciclo no ocurrirá exclusivamente mediante música. Cancamusa prepara también un libro titulado Dopamina: Bitácora de un laboratorio personal.
Ahí reunirá parte de las investigaciones desarrolladas durante los últimos años, pero también borradores, ideas, explicaciones y reflexiones relacionadas con cada canción.
De alguna manera, será abrir las puertas del laboratorio. Mostrar no solamente el resultado terminado, sino las pruebas. Los apuntes. Las preguntas. Aquello que normalmente permanece fuera del álbum.
Para Cancamusa, el libro y la edición Deluxe funcionan como dos piezas de la misma despedida. Después llegará otra cosa. Todavía no sabemos exactamente qué. Y quizás ella tampoco.
Una artista que escucha colores
Hablar de la estética de Cancamusa implica algo más profundo que elegir una paleta bonita para una portada. Desde pequeña experimenta sinestesia. Las canciones tienen colores. No después de terminarlas. Desde que aparecen.
Al componer puede reconocer casi inmediatamente la gama cromática asociada con determinada pieza y esa percepción termina influyendo directamente en la forma visual del proyecto.
Por eso existen diferencias tan claras entre sus etapas. Amor Minimal estaba relacionado con rojos y celestes. DOPAMINA apareció desde verdes, morados y rojos. Y “Cielo, llora por mí” necesitaba regresar hacia tonalidades celestes. No únicamente porque el título hablara del cielo. La canción ya se sentía de ese color.
El color como parte de la composición
Para Cancamusa, esta relación va más allá de imaginar una fotografía posteriormente. El color forma parte de cómo percibe la música. Cada canción aparece acompañada por una identidad cromática. Eso explica por qué la parte visual de su obra mantiene tanta coherencia con los cambios musicales.
No se construye únicamente desde diseño gráfico. Comienza en el mismo lugar donde nace la melodía. “Cielo, llora por mí” necesitaba una temperatura distinta a la de otras canciones de DOPAMINA. Más celeste. Más lluvia. Más espacio.
Una canción que pide ayuda hacia arriba tenía que sentirse también visualmente abierta hacia el cielo.
Volver a México para presentar finalmente “DOPAMINA”
El cierre del ciclo tendrá además una escala especial en Ciudad de México.
Cancamusa regresará el 25 de septiembre al Foro La Paz, aproximadamente dos años después de una de sus anteriores visitas a la capital.
La diferencia será enorme.
En aquel momento DOPAMINA todavía no existía públicamente como el universo que conocemos actualmente.
Ahora llegará con el disco completo. Una gira desarrollada. Una identidad visual establecida. Y, especialmente, su banda chilena.
Para Cancamusa, eso cambia profundamente la experiencia.
Las canciones crecen cuando encuentran el escenario
Un álbum puede estar terminado dentro del estudio. Una canción, quizá no. Cancamusa encuentra otra versión de sus composiciones cuando las interpreta junto a su banda.
Los arreglos respiran de manera diferente. Los músicos reaccionan entre sí. El público modifica la energía.
Una pieza que conocemos perfectamente mediante audífonos puede volverse mucho más grande cuando existe físicamente frente a nosotros. “Las canciones crecen en vivo. Llegan como a otra dimensión”.
El concierto mexicano será la oportunidad de observar precisamente eso. DOPAMINA dejará por algunas horas de ser un disco. Será una banda tocando.
México como lugar donde comenzó el proyecto solista
La relación tampoco es únicamente promocional. Cancamusa reconoce a México como uno de los territorios importantes dentro del nacimiento de su proyecto como solista.
Aquí encontró personas que escucharon y creyeron en sus primeras canciones. Por eso regresar después de todo lo ocurrido durante esta etapa adquiere otro peso. No vuelve para mostrar el comienzo. Vuelve con todo aquello que construyó después.
De baterista a creadora de universos
Cancamusa posee una relación particular con el ritmo. Es baterista. Cantante. Compositora. Y actualmente también integra Los Bunkers.
Pero su proyecto solista nunca se ha limitado a mostrar capacidades instrumentales. Construye mundos. Cada disco necesita una estética. Colores. Conceptos. Un lenguaje escénico.
Las canciones pueden partir desde la intimidad, pero terminan rodeadas por un universo donde imagen, sonido y narrativa trabajan juntos.
DOPAMINA posiblemente sea hasta ahora una de las expresiones más completas de esa forma de crear. Por eso despedirse requiere tiempo.
El futuro probablemente sonará distinto
Una de las razones para incluir “Cielo, llora por mí” dentro de la edición Deluxe está también en lo que Cancamusa imagina hacia adelante.
Su próximo disco probablemente irá hacia otro lugar. Todavía no ofrece detalles. Pero la intuición ya existe.
Guardar la canción significaba llevar una pieza de DOPAMINA hacia un universo al que quizá ya no pertenecería.
Entonces fue mejor cerrar correctamente esta puerta antes de abrir la siguiente.
La adolescente que todavía reconoce dentro de sí
Al final de la conversación aparece una pregunta habitual dentro de nuestras entrevistas:
¿qué pensaría la Cancamusa adolescente de la música que hace actualmente?
La respuesta está atravesada por cariño. Cancamusa habla con afecto de aquella “Nati” adolescente. No intenta distanciarse de ella. Muchos de los gustos que desarrolló entonces continúan presentes en quien es actualmente. Los discos que escuchaba. La manera en que se relacionaba con la música. Las emociones que parecían enormes. Todo dejó algo.
Por eso cree que aquella adolescente sí escucharía lo que hace ahora.
Una canción para quien todavía estaba buscando su identidad
Si pudiera enviar una sola canción hacia atrás en el tiempo, elegiría precisamente “Cielo, llora por mí”. No solamente porque sea su lanzamiento actual.
Porque aquella adolescente era tímida. Estaba buscando palabras. Intentaba descubrir quién era. Había inseguridades que quizá no sabía comunicar. La canción podría funcionar como compañía. Como permiso.
Como recordatorio de que incluso cuando no sabemos cómo expresar lo que sentimos, podemos pedir ayuda.
El cielo como testigo del final
Cielo, llora por mí comenzó cuando el mundo estaba detenido. No tenía letra. Solamente una melodía esperando.
Años después, Cancamusa estaba dentro de un autobús mirando hacia arriba cuando finalmente comprendió qué necesitaba decir. Quizá por eso la canción funciona tan bien como despedida.
Porque también contiene el tiempo que necesitó para existir. Pandemia. Preguntas. Tristeza. Carreteras. Conciertos. Un álbum. Una gira.
Y una artista que ya no está exactamente en el mismo lugar desde donde apareció aquella primera melodía.
DOPAMINA se acerca a su final. Habrá una edición Deluxe. Un libro. Un concierto en México. Y después comenzará otro experimento.
Pero antes de apagar las luces del laboratorio, Cancamusa necesitaba hacer una última petición.
Mirar hacia arriba. Aceptar que no siempre podemos con todo. Y dejar que, aunque sea por una canción, el cielo llore por nosotros.


