LaPeste habla sobre Bruxería, su primera gira, la estética de la banda y su concierto del 27 de noviembre en Fuck Off Room.
La banda mexicana habla sobre su primer álbum, la estética del “vampiro de ciudad”, aprender a sobrevivir su primera gira y una generación que quizá ya no escucha discos completos, pero todavía quiere gritar canciones frente a un escenario.
LaPeste primero existió en la imaginación y después tuvo que aprender a convertirse en una banda real
Antes de los viajes, los soundchecks y las discusiones sobre quién debe bañarse primero en un hotel, LaPeste era una idea. Ni siquiera necesitaba integrantes físicos.
Durante la pandemia, Pollo Brujo comenzó a imaginar un proyecto cercano a la lógica de bandas virtuales como Gorillaz: personajes capaces de existir alrededor de canciones, imágenes y un universo propio.
La peste del 2020 había detenido al mundo. De ahí también surgió el nombre. Pero los personajes comenzaron a pedir cuerpos. Batería. Bajo. Guitarras.
Personas capaces de entrar en una habitación, conectarse a un amplificador y descubrir qué ocurría cuando toda aquella música dejaba de pertenecer únicamente a la cabeza de alguien.
En 2023 comenzó a aparecer LaPeste como banda tangible.
Ahora tienen un álbum llamado Bruxería, están atravesando su primera gira nacional y cerrarán esta etapa el próximo 27 de noviembre en el Fuck Off Room de Ciudad de México.
El proyecto virtual se hizo demasiado real.
La primera gira también significa descubrir cómo conviven cinco personas
Luz acaba de regresar de Chiapas cuando comienza la conversación.
La banda tuvo fechas en Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de las Casas, territorios especialmente significativos porque parte de sus integrantes provienen de ahí.
LaPeste está construida desde distintas ciudades. Hay integrantes provenientes de Chiapas. Toluca. Ciudad de México. Eso convierte la gira también en una visita a los lugares que formaron a quienes ahora comparten escenario. Pero viajar juntos revela otra parte de pertenecer a una banda.
“Una banda se vuelve como una relación”, reflexiona Luz.
Y quizá ése sea uno de los aprendizajes menos visibles de cualquier primera gira. Tocar es solamente una parte. El resto consiste en aprender a convivir.
En vivo no hay segunda toma
Para Luz, la experiencia escénica también adquirió una responsabilidad nueva. Ya había subido anteriormente a escenarios, pero dentro de LaPeste existe algo diferente: otras personas dependen de lo que haga. La banda trabaja siguiendo un click.
Perderlo no representa solamente una equivocación individual. Puede arrastrar a todos. Ahí desaparece cualquier fantasía sobre el escenario como un lugar exclusivamente liberador. También existe tensión. Concentración. Personas observando. Y la certeza de que no habrá otra toma. Si algo ocurre, ocurre frente al público. Quizá precisamente por eso la banda encuentra tanta energía en vivo.
El propio presskit describe sus conciertos como un “ritual frenético” construido alrededor de baterías, guitarras, voces distorsionadas mediante megáfonos y canciones que algunas personas ya coreaban incluso antes de ser publicadas.
De Pollo Brujo a reunir a los Avengers
Pablo Rosas recuerda el momento donde la idea comenzó a tomar su forma definitiva de una manera bastante sencilla: Pollo empezó a reunir a “los Avengers”. Amigos. Conocidos. Personas que había visto tocar. ¿Quién puede tocar batería rápido? ¿Quién puede encargarse de este bajo? ¿Quién puede hacer estos solos? Así comenzó la alineación.
El objetivo musical también estaba bastante claro. Pollo Brujo venía de un universo más psicodélico y canciones generalmente más lentas.
LaPeste necesitaba moverse. Música rápida. Bailable. Divertida. Algo que conservara suciedad y crudeza sin renunciar a estructuras capaces de quedarse en la cabeza.
The Strokes, The Garden y guitarras que nunca quieren quedarse quietas
Durante la creación de Bruxería existían algunas referencias dando vueltas. The Strokes. The Garden. Parquet Courts. Pero la intención no era simplemente imitarlas.
LaPeste buscaba el punto donde podía encontrarse un rock crudo con algo deliberadamente pop. Baterías veloces. Un bajo profundamente vinculado al ritmo. Guitarras que parecen tener prohibido permanecer quietas demasiado tiempo. Y solos. Muchos solos.
Pablo toca batería, pero reconoce casi con orgullo la obsesión colectiva por las guitarras que constantemente quieren hacer algo extraño. El resultado se mueve entre post-punk, garage y rock alternativo, alejándose gradualmente de la psicodelia que acompañó algunas etapas anteriores del proyecto.
¿Por qué “Bruxería”?
El nombre contiene otro pequeño juego interno. Está México. Está la brujería. Pero también está Pollo Brujo.
Escrito con X, Bruxería permite vincular ambas cosas y marcar la consolidación de LaPeste como una entidad propia. Si el material anterior estaba relacionado directamente con el nombre del proyecto, este disco funciona casi como una declaración: ahora sabemos quiénes somos. Y queremos embrujar a la gente.
Pero el embrujo no pretende ser oscuro únicamente por estética. La intención es mucho más sencilla. Hacer que alguien quiera enamorarse. Ir a un concierto. Salir con amigos. Gritar una canción. Pasarla bien.
El vampiro de ciudad
Visualmente, LaPeste tiene otro personaje rondando cerca: el vampiro urbano.
La referencia apareció a partir de Only Lovers Left Alive y la idea de imaginar un vampiro que no pertenece a castillos antiguos, sino a la ciudad contemporánea. Cool. Nocturno. Extraño. Un poco decadente.
Desde ahí aparece la imagen de una mujer mordiendo un cuello, colmillos, grills y una estética dominada casi completamente por rojo y negro.
Un álbum hecho para una generación que quizá ya no escucha álbumes
Aquí aparece una de las contradicciones más interesantes de LaPeste. Ellos sí disfrutan escuchar discos completos. Pero saben perfectamente que gran parte de su generación consume música de otra forma. Canciones. Playlists. Fragmentos. Recomendaciones. Algoritmos.
La atención se mueve rápidamente hacia lo siguiente. Entonces tomaron una decisión poco ortodoxa para quienes todavía defienden la experiencia tradicional del álbum: darle foco individual a prácticamente todas las canciones. Casi el 90% del disco apareció previamente mediante sencillos, explica Pablo.
Cada tema tuvo tiempo para existir solo antes de entrar dentro de Bruxería.
Evitar que la última canción del disco desaparezca
La estrategia responde a algo bastante fácil de comprobar dentro del consumo actual.
Las canciones escondidas en la segunda mitad de un álbum tienen mayores posibilidades de pasar inadvertidas. Especialmente aquellas que cierran. Puedes crear tu mejor canción.
Pero si ocupa el track nueve dentro de un disco que alguien abandona después de veinte minutos, quizá nunca llegue hasta ella.
Publicar cada sencillo individualmente permitió que LaPeste evitara parte de ese problema. Cada pieza recibió portada. Promoción. Momento. Identidad. Después todas pudieron reunirse.
“Viste Mister”: cuando una canción se convierte en meme
La prueba más extraña quizá sea “Viste Mister”.
La canción terminó generando algo que la banda tampoco puede explicar completamente. Un meme. Una frase. Contenido de seguidores. Incluso un programa relacionado con el mismo nombre.
“¿Sabes quién viste Mister?” La broma comenzó a repetirse hasta crear su propia mitología alrededor de una canción. Actualmente también funciona como uno de los momentos importantes de sus conciertos. Muchas veces cierra el show. LaPeste empujó la canción. El público terminó apropiándose de ella.
Y cuando una frase deja de pertenecer completamente a quien la escribió, probablemente algo salió bien.
La inmediatez contra el disco completo
Pablo pertenece a una generación atravesada por esa contradicción. Nació en 2000. Tiene perfectamente incorporada la rapidez del consumo digital. Pero también disfruta reunirse con amigos simplemente para escuchar un álbum entero. Sin hacer otra cosa.
Sin pasar inmediatamente hacia otra canción. La banda sabe que ese ritual quizá ya no sea tan común. No intenta moralizarlo. No culpa al público. Simplemente adapta su estrategia. Mañana quizá alguien diga que la mejor manera de lanzar música cambió otra vez. Es 2026. Todo puede quedar obsoleto en dos semanas.
De los videojuegos a tocar dentro de una banda
Para Luz, la conexión profunda con la música comenzó de una manera casi accidental. Un videojuego. No Guitar Hero, sino Band Hero. Dentro había Taylor Swift. David Bowie. The Kooks. Y canciones que comenzaron a abrir puertas hacia otras escenas. Después vendría el periodismo musical. Ahí descubrió todavía más música.
Y también otra forma de amarla. Para ella, quererla significa reconocer tanto aquello hermoso como las partes complicadas. Conocer sus defectos. Entender cómo funciona una industria. Escribir sobre ella. Y eventualmente descubrir qué ocurre cuando estás tú misma sobre el escenario.
Pablo descubrió que las bandas mexicanas también podían salir de gira
Su revelación ocurrió desde otro lugar. La escena DIY. Hardcore. Warped Tour. Conciertos pequeños.
A los 16 años viajaba desde Toluca junto a amigos para ver bandas en Ciudad de México. A veces ni siquiera tenían edad suficiente para entrar correctamente a determinados espacios. Llegaban. Conocían personas. Alguien compraba el merch. Después volvían. Y entonces apareció una observación fundamental: las bandas mexicanas también podían hacer esto. Tocar. Viajar. Crear escena. Formar comunidades. No necesitabas estar en Estados Unidos para intentarlo. Varios de aquellos amigos terminaron formando su primera banda.
¿Qué pensaría la versión adolescente de LaPeste?
Cuando la conversación regresa hacia sus versiones de 15 años, las respuestas resultan reveladoras. Pablo elegiría “Bruxería”.Luz, “Demasiado Tarde”.
Para ella, esa canción conecta directamente con una parte de su adolescencia: amistad. Música. Pasarla bien. Compartir canciones.
Poder tocarla actualmente es una manera de hablar con aquella versión anterior y decirle algo muy sencillo: “También lo estás logrando”.
Del proyecto virtual al ritual físico
LaPeste nació en el momento donde todas las personas estaban obligadas a existir a distancia. Quizá por eso resulta curioso observar en qué se convirtió. Una banda cuya mayor fuerza está actualmente dentro del contacto físico. Carreteras. Ensayos. Conciertos. Amistades. Personas gritando. Errores que no pueden editarse.
Canciones que comenzaron dentro de una computadora y ahora necesitan baterías tocadas demasiado rápido y guitarras queriendo salirse de control.
El proyecto que originalmente podía existir virtualmente terminó necesitando cuerpos.
LaPeste cerrará la gira en el Fuck Off Room
Después de recorrer distintas ciudades, LaPeste cerrará esta etapa el 27 de noviembre en el Fuck Off Room de Ciudad de México. Antes pasarán por Monterrey, Puebla y Oaxaca.
El show servirá para reunir Bruxería con canciones que han construido su directo durante estos primeros años. La banda promete rock. Solos de guitarra.
Y Pablo, medio en serio y medio en broma, amenaza incluso con un solo de batería de 40 minutos. Probablemente no suceda. Aunque con LaPeste tampoco conviene descartarlo completamente.

