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OME rinde homenaje a la diversidad cultural mientras explora nuevas fronteras sonoras.

OME es un proyecto que se sitúa en el cruce entre la música ancestral y la electrónica contemporánea. Creado por el productor Uriel Durán, OME se ha consolidado como un vehículo de intercambio entre ritmos tradicionales en México y la vanguardia electrónica, al mismo tiempo que desafía los límites del sonido moderno. A través de la mezcla de ritmos nativos con elementos electrónicos, OME ha logrado convertirse en un puente sonoro entre el pasado y el presente, abriendo nuevas posibilidades en el panorama musical.

En una reciente entrevista, Uriel Durán nos habló sobre su proceso creativo y la visión de OME. Compartió cómo su interés por la música folklórica mexicana lo llevó a explorar sonidos e instrumentos poco conocidos, como el chapareque. Además, adelantó detalles de su próximo álbum, Ne’ogá, donde fusiona cantos tradicionales rarámuris con electrónica experimental.

El impacto de OME ha trascendido fronteras, ganando notoriedad en la escena musical mexicana e internacional. Ha figurado en la portada del repertorio nacional de Amazon y ha participado en festivales de renombre como Le Guess Who y What Design Can Do en Holanda, así como en el Festival Marvin y Sofar Puebla en México. Su álbum “La Creación” y su más reciente pieza, “Rúwikates”, han sido bien recibidos, obteniendo incluso una nominación en los Monster Music Awards 2025 en la categoría de Mejor Artista de Electrónica Experimental.

Además de su trabajo como productor y compositor, OME ha colaborado con artistas de la talla de Natalia Lafourcade, Leonel García, Erik Rubín, Armando Manzanero, Chavela Vargas y Vivir Quintana, contribuyendo a proyectos que han sido reconocidos en los Latin Grammy. Su incursión en el arte inmersivo con iniciativas como “Disney Immersive”, “Luchatitlán AAA” y “Frida Kahlo Inmersiva” refuerza su compromiso con la experimentación y la fusión de disciplinas artísticas.

Con su próximo álbum, “Ne‘ogá”, OME continúa ampliando los límites de la música electrónica experimental y la reinterpretación de las tradiciones sonoras de México. Su trabajo, en constante evolución, abre espacios para el diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo, ofreciendo una experiencia musical única y profunda.

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ENTREVISTA

Tu música fusiona sonidos ancestrales con la electrónica contemporánea. ¿Cómo surge esta idea y cuál ha sido el mayor desafío al desarrollarla?

La idea surge porque siempre he sentido una gran pasión por la cultura de México. Cuando estudié en la Escuela Superior de Música, este interés se reforzó, ya que mi maestro de solfeo, Enrique Ramírez Arellano, nos ponía una pieza de música folklórica cada mañana antes de comenzar la clase. Después, tuve la oportunidad de viajar desde la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, hasta Chiapas, recopilando mucha música folklórica, que, en su momento, iré convirtiendo en música electrónica, como lo que ya he estado mostrando.

En tu álbum “La Creación” tomaste inspiración de los Rarámuris de Chihuahua. ¿Cómo fue el proceso de investigación y reimaginación sonora de su cultura?

El proceso de investigación comenzó cuando llegué a Norogachi, donde conocí a una niña que, al verme en la nieve, literalmente me preguntó qué hacía ahí. Ella me llevó a su casa, donde conocí a su familia y me ofreció el mejor té de lilas que he probado en mi vida. Mientras conversábamos sobre mi misión de encontrar músicos mexicanos folkloristas, resultó que su abuelo era uno de ellos.

Cuando tuve la oportunidad de platicar con él, descubrí que tocaba instrumentos que nunca había escuchado en mi vida, como el rabel y el chapareque. Me comentó que este último está en peligro de extinción. Fueron ellos quienes me instruyeron en la música y la cultura rarámuri.

Al regresar al estudio y buscar la manera de rendir homenaje a esta cultura a través de mi música, comencé explorando el ritmo, utilizando instrumentos como el huehuetl. Luego, me inspiré en el sonido del chapareque para crear melodías que posteriormente desarrollé y modifiqué, buscando jugar con la musicalidad de estos instrumentos tan increíbles.

En un mundo donde la música tradicional a veces se ve eclipsada por lo comercial, ¿cómo ves el futuro de la fusión entre sonidos ancestrales y la electrónica?

Definitivamente, la música no está pasando por su mejor momento. Por un lado, las plataformas digitales prácticamente no pagan nada por las reproducciones, y entrar en una playlist editorial se ha convertido en una mafia. Por otro lado, te venden la idea de que tu música se difunde por todo el mundo, aunque en la práctica eso no siempre se traduce en oportunidades reales. Es un hecho que las cosas van a cambiar, por lo que resulta difícil visualizar el futuro de la música electrónica experimental. Sin embargo, las razones por las que hacemos música van mucho más allá de estas problemáticas.

Has trabajado con artistas como Natalia Lafourcade, Leonel García y Chavela Vargas.¿Cómo han influido estas colaboraciones en tu propio desarrollo musical?

Trabajar no solo con esas personas, sino con músicos y artistas de diversas disciplinas, es lo que me ha formado como la persona que soy hoy. Estar abierto a ese aprendizaje es un verdadero privilegio, porque no solo te permite mejorar en tu trabajo, sino que también te enriquece con las experiencias de vida de los demás. Eso, a su vez, te impulsa a crecer e intentar ser una mejor persona cada día.

Has participado en festivales internacionales como Le Guess Who en Holanda. ¿Cómo ha sido la recepción de tu música fuera de México?

Creo que, tanto en México como en el extranjero, la gente ha respondido muy bien a mi música. Cuando hice mi primer álbum, La Creación, recibí grandes sorpresas de dos personas: Karina Enciso y Laurien Schreuder, quienes, sin pedirme nada a cambio, decidieron donar dinero para la realización del vinilo. Siempre me he considerado una persona con mucha suerte, y la respuesta en México no ha sido diferente. La gente que me ha acompañado en este viaje musical lo ha hecho con mucha pasión y siempre me ha alentado a seguir adelante porque les gusta la manera en que hago las cosas. Es un hecho que, si no tuviera ese apoyo, no tendría nada.

Tu presencia en plataformas digitales como Amazon y nominaciones como en los Monster Music Awards reflejan un crecimiento importante. ¿Cómo manejas el equilibrio entre lo independiente y lo comercial?

Mi carrera musical me ha llevado a ser un productor, artista y compositor multifacético. Desde mis inicios, trabajando en numerosos discos de jazz, hasta colaborar con figuras como Chavela Vargas o Armando Manzanero, o con Humberto Polar, músico experimental que se ha presentado en MUTEK.

Todo esto me ha enseñado que soy músico por naturaleza y me ha permitido aprender un poco de muchos géneros dentro de la industria musical. No estoy en contra de ninguno, al contrario, esta versatilidad me da la libertad de conducir mi música a través de cualquier estilo, sea comercial o no.

Has trabajado en escenarios muy distintos, desde festivales hasta experiencias inmersivas. ¿Hay algún show o colaboración que te haya marcado de manera especial?

Definitivamente, una de las experiencias que más me ha marcado ha sido girar con Sotomayor durante aproximadamente ocho años. Esa etapa me llevó —y sigue llevándome— a lugares que nunca imaginé visitar.

Sin embargo, ver crecer, desarrollar y materializar mi proyecto personal no tiene precio. Saber que cada día surgen nuevas oportunidades me hace reflexionar sobre lo agradecido que me siento por todo lo que la música me ha dado

A lo largo de tu carrera has trabajado con una gran diversidad de artistas y proyectos. ¿Recuerdas alguna experiencia en particular que te haya sorprendido o cambiado tu manera de ver la música?

No sé si mi manera de ver la música; más bien, me ocurrió en la escuela, cuando estudié música clásica. Siempre he sido un gran fanático de la historia, y el hecho de saber cómo encontraron partituras de compositores clásicos o conocer sus historias es algo que me ha impactado.

En cuanto a los músicos con los que he trabajado, siempre me ha gustado aprender de su forma de producir, componer o resolver problemas musicales. La verdad es que admiro a cada uno de ellos porque siempre encuentran maneras distintas de hacer las cosas, y eso es lo que me enseña e inspira.

Desde el estudio hasta el escenario, cada colaboración trae aprendizajes distintos. ¿Cuál ha sido el reto más inesperado que has enfrentado en un show o proyecto en vivo?

Definitivamente, el hecho de tener una idea y llevarla hasta el escenario es algo que me motiva, como en el caso de mi proyecto OME, en el cual me inspiro y transformo la música de nuestras culturas.

Sin embargo, cada vez que trabajo en un proyecto nuevo, el reto más grande es destacar la música con un elemento único y reconocible. En cada uno de los proyectos en los que trabajo, busco que el oyente pueda identificar algo distintivo, de modo que, aunque no sepa qué banda está escuchando, pueda reconocer al artista por ese sello único del que hablo. Luego, el siguiente paso es llevar esa identidad musical a un show en vivo.

Estás trabajando en tu próximo álbum, “Ne‘ogá”. ¿Qué puedes adelantarnos sobre su concepto y sonidos?

Ne’Ogá es un álbum que sigue marcando el sonido de lo que hago. Es muy distinto al primero, en el que la música tiene una vibra más cercana al house. Sin embargo, lo que realmente destaca en este trabajo son las voces, tal como lo indica el nombre del álbum, ya que Ne’Ogá significa “voces” en rarámuri.

En el álbum utilicé cantos rarámuris, y las letras que interpreto en español están basadas en historias rarámuris que he encontrado. Aunque es un disco diferente, mantiene la esencia con la que nació OME. Ese es un ejemplo de las características únicas del proyecto.

 

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Has estado involucrado en experiencias inmersivas como “Frida Kahlo Inmersiva” y “Disney Immersive”. ¿Cómo se traduce tu música en este tipo de proyectos audiovisuales?

La música de las experiencias inmersivas generalmente sigue una dirección específica, como la que se compone en Cocolab, empresa a la que fui invitado a trabajar por Edi Kistler, quien es el director creativo de toda la parte de audio.

La música creada para este tipo de proyectos suele ser electrónica experimental, lo cual encaja perfectamente con el estilo que yo hago. Es un proceso muy divertido, ya que implica componer para algo diferente a un álbum. Aquí, la composición debe considerar distintos espacios y asegurar que haya coherencia entre ellos. Además, suele haber mucha libertad creativa y una comunicación constante entre los equipos que desarrollan las experiencias, lo que facilita entender y materializar el concepto de lo que se requiere.

Has llevado tu música a espacios que van más allá de lo tradicional, como el arte inmersivo. ¿Qué diferencias has notado en la forma en que el público percibe la música en estos contextos?

La música inmersiva generalmente tiene objetivos distintos a los de la música tradicional. Se enfoca en crear texturas audibles más que en desarrollar un verso o un coro que la gente pueda cantar. Aunque en muchos casos componemos melodías, no seguimos una estructura convencional como en la música popular.

Al trabajar en una experiencia inmersiva, el objetivo es transportar al público a un mundo único, definido por sonidos que refuercen la narrativa y la atmósfera. Esto permite que la experiencia no solo sea visual, sino también sonora, exponiendo al usuario a una forma de música a la que quizás no esté acostumbrado.

Tu música rescata y reinterpreta elementos de las tradiciones indígenas. ¿Ha cambiado esta exploración tu propia visión sobre la identidad y la cultura en México?

Definitivamente, a raíz de este proyecto, muchas cosas en mí han cambiado. Para empezar, el hecho de conocer instrumentos de mi país de los que no tenía idea, y menos aún que estuvieran en peligro de extinción, como el chapareque.

Durante mis viajes por México, encontré muchas cosas interesantes, tanto buenas como malas. Conocí a personas que abusan de la gente de la sierra, pero también a algunas con el corazón más grande que he encontrado. Eso siempre me ha hecho reflexionar sobre el tipo de mundo en el que vivimos.

Quizá lo más importante que he aprendido es que en todas partes del mundo hay un talento increíble para las artes. Desde músicos que han aprendido a tocar por tradición y que, para mí, superan a muchos que han estudiado formalmente, hasta artesanos que crean jarrones con una técnica magistral y un conocimiento profundo de su oficio.

Para quienes aún no han escuchado OME, ¿Cómo describirías la experiencia de sumergirse en tu música por primera vez?

Para quienes aún no han escuchado OME, deben saber que lo que hice en mi primer álbum, La Creación, es una experiencia inspirada en los caminos que recorrí. Son historias convertidas en música descriptiva.

También deben saber que los nuevos sencillos que he lanzado representan otra faceta del proyecto, una en la que puedes dejar de reflexionar tanto y simplemente disfrutar. Son temas para divertirse, donde conviven los sonidos de la sierra con los de la tecnología, como los sintetizadores.

El impacto de OME demuestra que la música, cuando se nutre de la memoria colectiva y se proyecta hacia el futuro, puede convertirse en un puente entre generaciones y culturas. En un mundo donde lo comercial suele eclipsar lo tradicional, proyectos como este nos recuerdan el valor de nuestras raíces y la infinitud de posibilidades que ofrece la fusión de sonidos. Con “Ne’ogá” en camino, OME reafirma su compromiso con la innovación y la preservación de la identidad sonora de México, marcando un nuevo capítulo en la historia de la música experimental.

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