A lo largo de la historia, el cine nos ha hecho magnificar y apreciar muchas de las principales emociones humanas. Sin embargo, también nos ayuda a prevenir y advertir ciertos peligros.

 

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Las películas, la mayor parte del tiempo, buscan ser un reflejo de aquello que no podemos decir, de eso que se nos hace un nudo en la garganta, y es que en ocasiones, es cierto que los lados obscuros del amor tienen un aderezo que parecerían ser irresistibles, pero realmente es un infierno para quien lo padece.

Celos, posesión, obsesión, envidias; elementos que pueden destruir el amor y hacerlo pasar de ser la más hermosa vivencia al peor calvario; el amor es universal, sea de familia, amigos o pareja; pero, ¿qué películas nos recuerdan el delicado equilibrio del amor al despreció?

Blanca Nieves y los siete enanos (1937) Dir. D. Hand, W. Jackson, B. Sharpsteen, W. Cottrell, L. Morey, Disney/RKO.

El clásico cuento de los hermanos Grimm, adaptado por Walt Disney, que si bien no es realmente el primer largometraje animado (El Apóstol, 1917, Dir. Quirino Cristiani) si fue el primero en causar alto impacto dentro de la sociedad fílmica en el mundo.

Pero más allá del clásico cuento de la cantarina Blanca Nieves (Adriana Caselotti) que logró enlazar un gran lazo de amistad con los siete enanos, debemos de notar de forma bastante preocupante el rol que tiene su madrastra.

La inocencia de la ya de por si humillada Blanca Nieves, además de su naciente belleza era algo que no pudo dejar pasar por alto la reina Grimhilde, que pese a tener el poder, la belleza y muchísima inteligencia, dejó que los celos obsesivos que tenía sobre los nacientes dones físicos e intelectuales de su hijastra la llevaran a su propia perdición.

¿Qué hubiera sido más fácil para la reina Grimhide? ¿Aceptar conscientemente el paso del tiempo y no perder todo lo que ya tenía? Los celos fueron el elemento clave de la derrota de la reina Grimhide y dieron como consecuencia que casi sin querer la pobre y abandonada Blanca Nieves de forma si bien casi milagrosa logró tener algo de certeza en su malograda vida.

Un tranvía llamado deseo (1951) Dir. Elia Kazan (De la obra de Tennessee Williams) Warner Bros.

Los celos pueden ser tan destructivos que llevan a límites insospechables dentro de una relación, incluso a perder la cordura.

La película considerada patrimonio cultural por el gobierno de los Estados Unidos, nos lleva a conocer la historia de Blanche DuBois (Vivien Leigh) una mujer madura que sufre por innumerables desgracias por lo cual decide que irse a vivir una temporada con la joven pareja que conforman Stanley (Marlon Brando) y Stella (Kim Hunter).

Más allá de regresar la tranquilidad a su vida, Blanche planta la semilla de la discordia entre el joven matrimonio de Stanley y Stella; la confianza siempre es uno de los principales dones que debe de tener una relación, sin embargo el boom que plantó Blanche bastó para no solo intentar destruir a la pareja, sino que las mismas suspicacias, intrigas y celos llevaron a la pobre Blanche a perder la poca cordura que le quedaba.

Todo coronado por la frase final de DuBois que se convirtió en un clásico del cine anglosajón; “Siempre dependo de la bondad de los extraños”, un clásico que de paso encumbro al debutante Marlon Brando de la mano del genio de Elia Kazan; imperdible clásico para reflexionar sobre las profundidades de la discordia entre las parejas.

Él (1953) Dir. Luis Buñuel. Ultramar Films.

Para el director español Luis Buñuel (Los Olvidados) el ser director de este largometraje fue imprimir uno de sus lados más íntimos, incluso declarando en múltiples ocasiones que era su película favorita dentro de todo su universo cinematográfico “Quizás es la película donde mas he puesto yo, hay algo de mi en el protagonista” incluso su mujer Jeanne Rucar lo remarcó en sus memorias.

La adaptación de la obra de Mercedes Pinto nos presenta al joven Francisco Galván, (Arturo de Córdova) religioso y de buena posición económica, social y religiosa, el cual conoce casi de casualidad a Gloria (Delia Garcés) y casi sin pensarlo se enamora inmediatamente de ella pese a ser novia de su amigo el ingeniero Raúl (Luis Beristain).

Sus trucos y enbaucos hicieron que Gloria cayera rendida a su amor, pero justo después de su luna de miel, los celos, la desconfianza y prácticamente un sentimiento de paranoia hicieron de Francisco pasar de ser el esposo modelo al torturador particular de Gloria.

En Él de Buñuel encontramos un sentimiento que resulta ser el destructor más común de las relaciones, la desconfianza y sobre todo la paranoia que descarría a Francisco.

Múltiples momentos dentro del filme hacen ver como el amor insano lleva a un hombre común a hacer brutalidades solo por mantener a la persona amada a su lado.

Escenas emblemáticas como la del campanario o cuando Francisco entra a la habitación de Gloria con aguja e hilo para intentar coser su vagina son momentos de desconcierto, de el surrealismo de Buñuel diciendo presente en cada escena; que adereza con la frase final del filme ante sus supuestos engaños de Gloria; “Ve que al final tenía algo de razón”.

Vértigo (1958) Dir. Alfred Hitchcock. Alfred J. Hitchcock Productions.

Adaptada de la obra francesa “Sueurs froides: d`entre les morts” de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, nos presenta la historia de Scottie Ferguson (James Stewart) que tras una infructuosa persecución en la cual muere un compañero desarrolla aún más su ya existente problema de acrofobia que desencadena en sus episodios de vértigo.

Una serie de circunstancias que ya conocemos la mayoría que hemos podido apreciar este filme lo hacen perder a su casi por accidente amada poseída Madeleine (Kim Novak); la culpa, el resentimiento y sobre todo el enamoramiento hacen que Scottie caiga sumido en una depresión muy profunda, incluso llevándolo a permanecer incluso en una institución psiquiátrica.

Después de un tiempo, Scottie parece seguir con su vida, un poco sin sabor, pero todo cambia cuando conoce a Judy (Kim Novak) mientras mas la conoce y mas convive con ella, mas revive su “amor” por Madeleine, llevándolo a pedirle cosas inconcebibles a la pobre Judy solo para sentir que seguía con ella.

Sin profundizar en lo grandioso que es disfrutar de Vértigo y también tomando en cuenta que en el libro “El cine según Hitchcock” el periodista y cineasta francés Francois Truffaut lleva a que Hitch admita los grandes juegos sexuales que lleva cargado el guion de Vértigo.

Es preciso apuntar que uno de los grandes males de Scottie fueron sin duda la obsesión insana con la que no pudo dejar ir el amor que fue con Madeleine y lo convirtió en una obsesión con Judy, es cierto, la película en su naturaleza así lo va a exigir, pero sin tomar en cuenta toda la trama es evidente que la obsesión que vive el personaje encarnado por James Stewart lo lleva a estar más allá de los límites de un amor sano, incluso a arruinar su aparente nuevo amor.

¿Será que muchas veces el tener el pasado bastante presente nos impide vivir lo que tenemos enfrente?

A Scottie vaya que si lo hizo pagar y sobre todo queda la incógnita en el aire; ¿cuál sería realmente la concepción del amor que Alfred Hitchcock tenía en su cabeza?

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