La chilenga Mon Laferte se presentó en el Palacio de los Deportes el pasado sábado 18 de enero.

Abajo encontrarán la reseña sobre el concierto completo de Mon Laferte, el cual merece una nota completa mencionando sus logros, lo correcto que fue y el trabajo realizado por la cantante y sus músicos y equipo.

PERO antes de eso y como una mención especial que se necesita mencionar y destacar aparte, menciono lo siguiente:

Al final de su concierto, comenzando el encore, Mon Laferte organizó un coro de más de 50 mujeres, todas creadoras, músicos y cantantes, que presentaron a todo el público una rendición de Cucurru Paloma que estoy segura hizo llorar a más de una persona mientras guardaban silencio a petición de la cantante.

Mucho se puede decir, la mayoría bueno, sobre cómo Mon ha tomado su escaparate y plataforma pública internacional para decir lo que piensa y para denunciar situaciones de fuerza y alarma, como los derechos humanos en Chile, el arte en México, el machismo en el mundo, la injusticia en la industria.

La vocación no solo artística, si no social que tiene Mon Laferte es algo que no se debe omitir nunca de la crítica y reseña de sus acciones, pues esto es lo que ha separado su carrera y su camino de lo convencional y la ha llevado a donde está y a donde irá.

El invitar, organizar, dirigir y luego compartir con tantas mujeres creadoras en un escenario que era solo para ella, de nuevo, muestra las verdaderas intenciones de Norma en esta industria.

Su voz ya fue escuchada, y ella bien sabe que no es la única, así pues le dio micrófono a las que no lo tienen aún, como lo ha venido haciendo todo el tiempo con su país, con el nuestro, con ciertos géneros, con comunidades, hasta con su propia opinión y convicción.

Gracias Mon por poner el ejemplo de cómo hacer “escena”, no importa de cuántos metros sea el escenario desde donde hablas.

Sigue a las mujeres que conformaron el coro aquí.

Mon Laferte
Cortesía: OCESA
Mon Laferte
Cortesía: OCESA

Ahora sí, sobre el concierto…

Fue un esfuerzo enorme el de todo el equipo de la cantante, y de ella al frente, para llevar a cabo una fecha como la del Palacio, que por otro lado, fue algo sencillo de hacer… ya que es solo el resultado de una labor de años, una escalada constante entre discos, giras y foros pasados como el Auditorio Nacional (dos veces). Fue esfuerzo y cosecha al mismo tiempo.

El Palacio de los Deportes no se veía vacío en lo absoluto, las entradas que se pusieron a la venta fueron la mayoría compradas, y era notorio en cada asiento llenado por en su mayoría mujeres adornadas con flores en la cabeza.

Hasta enfrente se veían los clubes de fans que Norma tiene en toda la república, militantes del amor eterno, listos para sorprender a la cantante en esa pieza, Amor Eterno, haciendo que se le cortara la voz a la chilena pues ahí fue que le cayó el veinte, de estar tocando en su propio palacio, solo ella cargando el evento, frente a miles de voces que le coreaban cada palabra.

A diferencia de otros escenarios de Mon Laferte, el del cierre de la Gira de Norma era sencillo, nada de lámparas, muñecos enormes, pinturas e ilustraciones de la misma cantante. Al contrario, limpieza absoluta, solo instrumentos y una pasarela para estar más cerca de los asistentes. La magia la hizo la música y también el maravilloso juego de luces e ilustraciones y efectos que se proyectaron a espaldas de la banda.

Y hablando de la banda, queda claro que Mon Laferte puede aventarse en caída libre cada conciertos gracias al sostén impecable que es su banda. Cada músico y su director musical tienen su propio talento y juntos amarran y sostienen la energía, el tiempo, el volumen, la coreografía, todo. Aplausos de pie por brincar y bailar y tocar al ritmo y con Mon mientras no tocan ni una nota fuera de lugar.

Sobre el repertorio del concierto, como ya fue dicho, el show del Palacio de los Deportes puede verse como un logro, o como una cosecha, y visto como cosecha, es obvio que el trabajo hecho con cada una de las canciones iban a tronar el foro.

Por cierto, de Mon Laferte nunca debemos omitir lo que ya es obvio pero que debe seguir siendo sorprendente: cada canción es un género distinto. Cambio, cambio, cambio y todo en coherencia y unión gracias a sus letras y su voz.

En el Palacio de los Deportes en un día, bajo una sola voz, en un solo show sonaron cumbia, bachata, mambo, blues, reguetón, ska, boleros, pop y más. Nunca dejemos de mencionar esto de la carrera de Mon Laferte, pues no cualquiera puede tomarse el crédito de re-popularizar géneros clásicos de nuestra región y hacer que personas desde los 10 hasta los 80 años disfruten de ellos.

Con esa diversidad Mon pudo dividir en bloques muy fluídos su música, empezando con mucho Norma, luego boleros, algo acústico, la fiesta con el mambo, reguetón y más, coro de mujeres y éxitos al final. Su carrera musical dio para un show de dos horas que nunca aburría ni cansaba y menos viendo a todos en el escenario moverse y caminar y bailar y brincar y no parar ni un segundo.

Mon Laferte es una artista completa, de las que más rápido están creciendo actualmente en el caldero de talento de México y Latinoamérica. Ha hecho siempre las cosas por la derecha, muy honestamente, cercana a sus fans y poniendo siempre el talento y el trabajo duro por delante y en primer lugar.

El concierto del Palacio de los Deportes fue seguramente uno de los más importantes de su carrera hasta ahora, pero en unos años cuando se vea hacia atrás, será solo un escalón más mientras su carrera sigue explotando.

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