Haciendo uso de una fantasía moderna como detonante argumental, Border crea una historia que rompe las barreras del concepto de género, creando una utópica realidad de igualdad emocional.

Nos encontramos en una actualidad compleja donde las fronteras ideológicas se hace más evidentes, creando un constante ejercicio de debate acerca de los puntos de comunión que aún existen entre nosotros. Criaturas Fronterizas (2018) del director Ali Abbasi (Shelley, 2016) se encarga de explorar aquellas ideas que han generado fragmentación social.

Rodeado de una misteriosa sensación de fantasía, la película retrata la vida de Tina (Eva Melender), una agente aduanal que posee una inusual habilidad olfativa y que ha sido víctima de reiterados prejuicios a lo largo de su vida debido a su aspecto físico, derivando en múltiples inseguridades a nivel personal.

Basado en la novela homónima de John Ajvide Lindqvist, la historia se abre paso a través de diversas analogías que son expuestas con las inquietudes de nuestra protagonista, quien forma parte de un engranaje social parcialmente impuesto en el cual tuvo desarrollarse para sobrevivir.

La única forma en la que Tina puede desprenderse de sus ataduras colectivas, institucionales y familiares, es por medio un vínculo innato con la naturaleza que la rodea; un vínculo que se verá cuestionado con la aparición de Vore (Eero Milonoff), un enigmático viajero que desenterrará un pasado mágico, y que transformará el panorama del personaje de Melender.

Con un juego de intensas miradas entre esta peculiar pareja, la pantalla se impregna de una palpable tensión sexual mientras, paralelamente, evoluciona un discurso que propone la idea de una perdida de géneros, al punto de renacer utilizando nuestros instintos más primitivos.

El humano y la naturaleza se amalgaman en un estado puro de coexistencia que es reflejado en el idealismo de Tina y Vore; idealización que construye una crítica severa de los fetiches y placeres de una sociedad que se ha encargado de degradar paulatinamente los recursos que le rodean, entrando en un circulo autodestructivo.

Border: Criaturas Fronterizas, es una pieza sueca que usa la imaginación y la magia de la naturaleza que nos rodea para intentar destruir las barreras de lo que nos hace humanos en contraposición con nuestros orígenes que recaen hacía una bestialidad de la supervivencia del más fuerte.

El trabajo visual que se observa en el filme nos ayuda a entrar en un mundo de fantasía salvaje, creando una división de ecosistemas bien delimitados; una línea bien trazada y que es necesaria para recalcar nuestra separación con la naturaleza e incluso para establecer una analogía del trato que las minorías reciben en los últimos años.

¿Qué es lo que nos hace diferentes a los demás?, ¿Realmente existen los defectos como individuo o simplemente son programaciones que nos han impuesto en pro de una sana coexistencia?; Todas estas preguntas son las que la película intenta responder a lo largo de casi dos horas.

Sin embargo, el filme cuenta con situaciones y personajes que no terminan por aportar o generar algún punto de inflexión para los protagonistas, convirtiéndose en excedente narrativo sin ningún propósito, aunque esto no resta a la amplia variedad de temas que brotan alrededor de dicha adaptación.

Si bien podemos vislumbrar que Border contará con dificultades para captar una taquilla importante debido a la época en la que es traída a nuestro país, compitiendo contra estrenos importantes que se encuentran en el llamado ‘Circuito de Festivales’, es una opción atractiva que no podemos desechar con facilidad.

Siendo el tercer largometraje de Abassi, y contando con reconocimientos importantes en el Festival de Cannes 2018, además de una nominación a los premios Óscar del año presente, no cabe duda de que la historia de Tina dará pie a algunas conversaciones necesarias para nuestros tiempos.

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RivaKun
Pesimista patológico al puro estilo de Woody Allen. Amante del cine, fotografía y arte. Adicto a la televisión y los deportes, en especial el fútbol.