Llega a las salas mexicanas La Morgue Maldita, thiller que se desarrolla en el lugar antes mencionado por la noche.

El terror adaptado al cine y sus costumbres de consumo se han transformado en la última década como consecuencia de la naturaleza cínica que el espectador ha creado ante la capacidad asombro que poseía. 

Esto se ve reflejado en historias que recurren con mayor frecuencia al uso innecesario de herramientas del propio género como el ‘Jump scare’.

Aún con la existencia de los lugares comunes en los que pueden caer estas propuestas, la última década nos ha presentado trabajos que logran escapar del molde comercial, dejando de lado los convencionalismos de muñecas poseídas o casas embrujadas, para adentrarse a un terror más íntimo y atmosférico, como es el caso de It Follows (2014)o The Witch (2015); en este grupo también podemos incluir a la recién estrenada Morgue Maldita (2018).

El director brasileño Dennison Ramalho trae a nuestro país su primer largometraje llamado Morto Não Fala aka (Morgue Maldita), el cual compitió en el Festival de Sitges 2018, convirtiendose en un atractivo producto para el fiel consumidor de cine de terror.

La película nos muestra la constante violencia a la que tiene que acoplarse la ciudadania brasileña día a día, siendo la muerte un tema casi banal en su población. De aquí se desprende la historia de Stênio (Daniel de Oliveira), un asistente forense que cubre el turno nocturno de una morgue genérica, un trabajo que podría parecer solitario de no ser por su inexplicable capacidad de hablar con los muertos.

Stênio vive atado a una rutina laboral y una vida familiar que se encuentra en estado de putrefacción emocional, debido al evidente distanciamiento con su esposa y la indiferente interacción con sus hijos; casi como un muerto social que cobra vida todas las noches para servir como punto de confesión para aquellas almas que se encuentran en la transición de vida y muerte.

El filme por momentos salta de la realidad a la imaginación del protagonista, jugando de forma interesante con la incertidumbre respecto a la veracidad de las conversaciones con los cuerpos sin vida en esa habitación, creando paralelismo entre la vida y la muerte como el observado en The Sixth Sense (1999), pero siendo encaminado por diálogos más directos como en Swiss Army Man (2016), obviando el tono de comedia de este último ejemplo.

Este trabajo logra crear una duda constante en el espectador entre lo real y lo sobrenatural, atrapándolo en un entretenido rompecabezas bañado de suspenso que se aleja casi por completo de las normas del terror convencional. Sin embargo, esto no funciona durante toda la película, ya que poco a poco la tensión creada se va diluyendo en herramientas visuales que hemos visto en otros trabajos del género.

Desgraciadamente el último cuarto de la película se transforma en una película más de terror, la cual se había esforzado por alejarse del molde con una atractiva premisa pero que no pudo sostener su propia construcción argumental, resolviendo su historia de la forma más obvia posible.

Aún con lo irregular que puede resultar en su parte final, esta película ofrece una historia que puede resultar atractiva para un público mexicano que es reconocido por ser un consumidor constante del género de terror, esto debido a su cercanía con las metáforas y cultura hacia la figura de la muerte.

Los personajes nos proporcionan mensajes relevantes de redención y del peso de las decisiones que tomamos en nuestra vida, y de como pueden afectar tanto a nuestro futuro como a las personas que transitan en nuestra vida. Podríamos decir que es una historia de la muerte susurrando a nuestro oído una reflexión acerca de lo pensantes que debemos ser en nuestro día a día.

  • Dirección: Dennison Ramalho
  • Reparto:Daniel de Oliveira, Fabiula Nascimento, Bianca Comparato
  • 2018 / Brasil
  • Duración: 110 min
  • Guión: Cláudia Jouvin, Dennison Ramalho (Novela: Marco de Castro)
  • Fotografía: André Faccioli

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RivaKun
Pesimista patológico al puro estilo de Woody Allen. Amante del cine, fotografía y arte. Adicto a la televisión y los deportes, en especial el fútbol.