Festival Bravo regresó a este hermoso lugar de la República Mexicana. Nos lanzamos para contarte como estuvo.

El pasado sábado 4 de mayo nos lanzamos al bello pueblo mágico de Valle de Bravo para sumergirnos en un festival que logro converger lo mejor de la naturaleza, artes escénicas y la gastronomía.

En un día mayormente nublado, pero con una sensación térmica bastante agradable, pudimos observar que este festival tenía un ambiente mayormente familiar y uno de los principales objetivos era el desconectarte de la vida diaria y poder entrar en contacto con la naturaleza y la música.

A la hora de sumergirnos en el bosque pudimos presenciar, en lo que habían ambientado como el primer escenario, un show de performance y danzas aéreas con polvos de colores, lo cual tenía fascinados a los asistentes más pequeños, en esa misma área había una zona acondicionada para que los niños pudieran expresarse a través de dibujos y pinturas.

Caminando hacia los escenarios principales podíamos observar stands de comida y centros de recarga para las pulseras cashless. También, diversas locaciones para poder tomarte una foto de ensueño que iban desde arcos adornados con la naturaleza, espejos en medio del bosque y columpios iluminados.

Cuando llegamos al escenario principal ya había una pequeña multitud bailando al ritmo del electro que emanaba el dj en curso. Se podían observar penachos gigantes, sombreros con luces y un sinfín de maquillajes estilo tribal. El escenario alterno llamaba un poco la atención al ser silencioso con una dinámica peculiar que consistía en colocarte los audífonos y poder escuchar la música del dj a través de estos.

El festival no dejaba de consentir a todos sus asistentes mediante juegos y premios que corrían a cargo de patrocinadores como Bumble, Jansport y Rappi, en donde los juegos consistían desde tomarte una foto, descargar una aplicación o girar la ruleta para saber si te ganabas una mochila, un maquillaje, la lectura de tarot o dinero electrónico.

Al caer la noche, el festival dio un giro al poder observar una iluminación fantástica en cada rincón del bosque.

Con la gente prendida, bailando al ritmo de la música y disfrutando de la compañía de amigos y familia se abrió la exhibición de Cocolab, una experiencia auditiva- sensorial que pretende hacer nuevas conexiones con nuestro entorno, la fila era bastante larga, pero la espera realmente valió la pena. El escenario no era más que el mismo bosque con sus árboles y plantas iluminados con destellos fosforescentes de color verde, que llegaban hasta donde apenas alcanzábamos a ver, esto acompañado de un ritmo sonoro que trasmitía paz y tranquilidad.

Sin duda alguna el festival le dio gusto a chicos y grandes, procurando en todo momento que la experiencia que se llevaran fuera cómoda y placentera. Esperamos con ansias la tercera edición de este festival de lujo que nos atrajo para darle gusto a cada uno de nuestros sentidos.

La reseña la hizo Grace Suwin Jiménez
Las fotos son de Jiovanna Bellamy

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