Hablar de cine francés es referirnos no solo a una autentica expresión artística, es hablar de la meca del cine. 

Francia es rey, gracias al Cinematógrafo de los hermanos Lumieré y todas las expresiones que han nacido en sus films; temas tan reacios como el romance, hasta las exquisitas criticas sociales que plantean. Dejando de lado lo que ha representado la evolución del lenguaje cinematográfico y revolución tecnológica que implica el cine norteamericano, el cine francés en mi opinión tiene un trasfondo más allá de cualquier lenguaje técnico, tiene alma, una muy bondadosa y eso debemos apreciarlo.

A últimas fechas estamos viviendo en territorio mexicano una inusual invasión de cine francés; si bien las principales productoras de exposición de films en México son las grandes culpables de este pequeño milagro, en este especial editorial se nos hizo un excelente momento para regalarles una breve pero concisa historia del cine del amor, del cine del conocimiento, del cine iluminado, el cine francés.

Frnacia, La meca del cine (1895)

A finales del siglo XIX Francia fue pionera en varios aspectos del naciente séptimo arte. Los Hermanos Lumieré inventaron el cinematógrafo y su proyección de L’Arrivée d’un train en gare de La Ciotat (La llegada de un tren a la estación de La Ciotat) en París en 1895 es considerada por muchos historiadores y críticos como el nacimiento oficial del cine.

Este hecho es crucial en el desarrollo de la cinematografía, Francia es y debe ser considerada por todos como “La Meca del cine”, sin embargo esta situación pasa aún en nuestros tiempos casi desapercibida.

Sin exagerar un poco, si los hermanos Lumieré no hubieran tenido el atrevimiento de experimentar con el cinematógrafo, el atraso del séptimo arte hubiera tenido grandes repercusiones.

Los primeros pasos (1986-1910)

Sin ser realmente un “Boom” mediático por interés del público o precios de la tecnología en aquellos días; el naciente cine comenzó a dar sus pininos gracias a valiosas y oportunas intervenciones.

Georges Méliès además de inaugurar diversas técnicas comunes hoy en día del lenguaje cinematográfico; hizo la primera película de ciencia ficción Le Voyage dans la Lune (El viaje a la Luna) en 1902.

Figuras importantes dentro del nacimiento del cine galo hicieron sus primeras irrupciones dentro de este periodo; podemos encontrar a Léon Gaumont y Charles Pathé, que con sus acertadas inversiones y decisiones económicas; le dieron bastante músculo a la naciente empresa, logrando que esta sobreviviera y diera pasos hacia lo que tenemos hoy en día.

Maltratada e ignorada por una sociedad ampliamente machista, Alice Guy Blaché fue una de las pioneras del cine tanto en el ramo de la actuación como de la producción, inclusive se le conoce como “La madre de la ciencia ficción” y la “Producción ejecutiva”.

Realizo su primer largometraje en 1896, La Fée aux Choux, y fue jefe de producción en la empresa de Gaumont (1897-1906), donde hizo en total unas 400 películas.

El naciente cine francés también fue testigo en esa época del nacimiento de las carreras de algunos de los mejores actores de cine mudo, gente como Maurice Tourneur y el cómico Max Linder.

La edad de oro del cine mudo (1915-1927)

La primera guerra mundial hizo eco también en el aún jóven cine francés, logrando que por obvias razones perdiera fuerza e interés de mucho sector de la sociedad gala.

Cineastas debutantes como Abel Gance, Marcel L’Herbier o Louis Delluc, tuvieron la oportunidad de dirigir y emigrar a USA para continuar con su preparación; impresionados por diversos elementos del estilo cinematográfico norteamericano; comenzaron a desarrollar nuevas teorías sobre cómo debía ser el arte de la cinematografía, este periodo lleno de luz se nombró “impresionismo”.

El cine mudo busco nuevas formas de lucimiento y ello provoco el surgimiento de films mucho menos comerciales y con más ideas propias de sus realizadores, cintas como Fiebre, de Louis Delluc y “El dorado”, de Marcel L’Herbier, ambas realizadas en 1921, junto a algunas de Jean Epstein y Germaine Dulac fueron el más nítido ejemplo de que el cine francés se hacía mucho más intelectual y apasionado que la comercial Factory norteamericana.

 

CIMIENTOS DEL CINE FRANCÉS CON PERIODO DE CRISIS (1930-1940)

La evolución del cine francés sigue en camino, con géneros ya bastante ubicados a la época y con su público bien identificado, sea en sectores como drama o comedia los cimientos de la cinematográfica francesa se veían sólidos y con bases bastante importantes.

Renoir, Carné, Feyder, Duvivier eran los principales exponentes y con su talento bastante bien acogido por el público de la república francesa.

La crisis económica afectó a Francia de forma severa durante el periodo de 1932-1935, sin embargo lo que en verdad dejo muy sensible a la industria cinematográfica francesa fue la deuda financiera que tuvieron que tomar para poder adaptar sus salas y estudios de cine a causa de la llegada del cine sonoro a Francia; el cambio tecnológico tan brillante en algunos lares fue una autentica jaqueca en la industria francesa, sin embargo aún en ciudades tan cosmopolitas como París, las familias no dejaron de asistir al séptimo arte; acudiendo a funciones en promedio una vez a la semana.

Eric Langlois creó la Cinémathèque française (1935) para conservar las películas u organizar proyecciones. Durante la “drole de guerre”, la producción no se interrumpió aunque la censura militar desterraba a ciertas películas como Las reglas de juego de Jean Renoir.

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1940-1945)

La guerra y ánimo francés era lapidario; sin embargo con la creación del “Comité de organización de las industrias del cine” en octubre de 1940, la cinematografía gala aprovechaba un momento bajo para poderlo explorar y explotar de forma adecuada.
Por primera vez el poder político logro emparentar la industria y el comercio de películas. El Comité creó la carta profesional, implementó el sistema por anticipado a la producción y creó el Instituto de altos estudios cinematográficos que funcionaba bajo la dirección de Marcel L’ Herbier a partir de 1944.

El régimen de Vichy provoco una fuga de talentos que fue un duro golpe para la industria francesa, talentos como Renoir, Duvivier, Gabin, Jouvet dejaron el territorio europeo, sin embargo aunque la censura continuaba y se expandía, la producción continuaba con directores como Guitry, Gance y Pagnol.

1943 fue un verdadero boom para un cine que no tenía muchas expectativas, logrando un record de 304 millones de espectadores.

Para los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la industria fílmica francesa no estaba recuperada del todo de su crisis económica y con la invasión nazi se hizo aún más difícil la libre realización.

Sin embargo, de esos lúgubres días podemos rescatar la obra maestra de Marcel Carné: Los Hijos del Paraíso, un símbolo de la identidad francesa que solo pudo ver la luz después de acabado el conflicto bélico.

La película fue votada por los críticos como la mejor producción de la historia del cine francés.

RECUPERACIÓN POST GUERRA – EL CINE DE ESTUDIOS

Las décadas siguientes a la guerra vieron el nacimiento de nuevas formas de cine y un marcado tinte crítico y político en ellas.

El llamado cine de “critica” social en todos sus aspectos comenzó a hacer furor en la llamada “Liberación”, los sentimientos post-guerra y la necesidad de una reconciliación entre la sociedad francesa era evidente y su cine lo magnificaba.

La estética de los estudios marcó el cine de los años 50 porque la necesidad del decorado y de un corte radical del mundo cotidiano provocó rápidamente el recurso a una situación teatral: pocos personajes, lugares reducidos y diálogos abundantes.

La nouvelle vague (1958–1970)

La Nouvelle vague (Nueva ola) es la denominación que la crítica utilizó para designar a un nuevo grupo de cineastas franceses surgido a finales de la década de 1950.

Los nuevos realizadores reaccionaron contra las estructuras que el cine francés imponía hasta ese momento y, consecuentemente postularon como máxima aspiración, no sólo la libertad de expresión, sino también libertad técnica en el campo de la producción fílmica. La llamada “teoría del cine moderno” nació aquí.

Nuevos directores y críticos llevaron esta “Nueva Ola” a límites que solo su imaginación podría detenerlos, fue una de las épocas más ricas del cine galo por la cantidad de ideas y conceptos que sobreviven aún en nuestros días.

André Bazin, François, Truffaut, Jean-Luc Godard, Alain Resnais, Agnès Varda, Jacques Demy y Claude Chabrol fueron las figuras más destacadas en este renacimiento del cine francés, destacando con los filmes Los Cuatrocientos Golpes de François Truffaut (1958), El Samurai de Alain Delon (1968), y Ejército de las Sombras de Jean-Pierre Melville (1969), inclusive teniendo momentos un poco más pop como lo fue el largometraje Les parapluies de Cherbourg del año 1964 dirigida por Jacques Demy; destacando sobre todo la música de Michael Legrand que vio como el tema principal fue traducido al nombre I Will Wait For You e interpretado por icónicos músicos alrededor del mundo como: Tony Bennett, Frank Sinatra, Liza Minelli entre otros.

L’AFFAIRE DE LA CINÉMATHÈQUE – POST-NOUVELLE VAGUE (1970-1980)

El Cine Independiente Francés también conocido como “Post-Nouvelle vague” o “la Generación perdida del cine francés” fue la vertiente alternativa que surgió de la Nouvelle vague a finales de los 60 y comienzos de los 70. Estuvo marcada por las secuelas de la Guerra de la Independencia de Argelia y Mayo de 1968.

Los cineastas de esta corriente se denominaron “perdidos” no solo porque fueron tardíamente reconocidos sino también porque surgieron bajo la luz de la marginación,

La llegada del cine de estilo  (1980-1990)

Para los 80 el movimiento del Cine de Estilo tomó las riendas de la industria en el país, tratando de competir con las producciones norteamericanas con filmes que favorecen el estilo y espectáculo sobre el contenido y la narración; destacando como iniciadora de esta tendencia el film de Jean-Jacques Beineix Diva (1981)

Siguiendo con este nuevo renacer del “Cine de Estilo” encontramos obras como: 37°2 le matin (1986) por Beineix, El gran azul (1988) por Luc Besson y Los amantes de Pont-Neuf (1991) por Léos Carax.

El renacimiento en los tiempos modernos (1990-2018)

La década de los años 90 le regreso mucha de su magia y chispa característica al cine francés, dejando un poco de lado pero sin soltarse definitivamente de su estilo más sobrio, podemos decir que incursiono de nueva cuenta en la moda pop.

Largometrajes como “Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos y Amelie Poulain, el director Jean Pierre Jeunet fue el principal exponente de este nuevo estilo.

En él combinó una fotografía innovadora parecida a las imágenes de los cómics, y mezcló con perfección la comedia y el drama en hechos aislados que cobran sentido en el transcurso de los filmes.

A mediados de 1990, Krzysztof Kieślowski lanzó su trilogía Tres colores: Azul, Blanco y Rojo. La película El odio de 1995, de Mathieu Kassovitz, convirtió a Vincent Cassel en una estrella.

Por su parte, El quinto elemento de Luc Besson se convirtió en una película de culto, sobre todo por su impacto en el cine hollywoodense, teniendo a gente como Bruce Willis en su reparto; además este especie de amorío entre USA/Francia ayudo a impulsar carreras de novedosos artistas de orígenes franceses como Jean Reno (El Profesional) y tener en films como Amelie del año 2001 joyas que sinceramente sin la evolución de estos personajes no hubiera llegado a tal mercado.

En los últimos años, el cine francés ha continuado cosechando los éxitos de los noventa llevando a artistas como Marion Cotillard a ganar el Óscar y el BAFTA como mejor actriz por su interpretación de Edith Piaf en La Vida en Rosa, o a musas del cine local como Mélanie Laurent que comenzaron a recibir oportunidades en el mercado anglosajón de la mano de directores como Quentin Tarantino.

El mercado latinoamericano empezó a raíz de estas incursiones a motivarse mucho más a apreciar la cinematografía francesa, destacando los llamados “Tour” de cine francés que comenzaron a hacerse muy populares, destacando por ejemplo en 2008 el filme La Clase que se convirtió en la primera película en ganar una Palma de Oro en Cannes después de 21 años.

Pero el mayor éxito del cine francés en esta época lo vemos reflejado en el largometraje El Artista del año 2011 dirigida por Michel Hazanavicius y que logro ganar varios premios “Oscar” a lo mejor del cine norteamericano, destacando los premios principales, como “Mejor película” y “Mejor Actor” en la persona de Jean Dujardín, así como el BAFTA británico en las mismas categorías.

El cine francés vive un nuevo idilio con el cine tanto norteamericano, así como con el latinoamericano, cada vez es más común ver obras de diversos géneros y múltiples actores en nuestras salas; la verdadera pregunta aquí es, ¿Durará para siempre?

Basado en investigación de:
Investigación: Oscar Juventino

Deja un comentario