Sin duda Pedro Infante ha sido una de las primeras superstars mexicanas.

Hay poca gente que en México logra triunfar realmente; los ídolos en este país en ocasiones resultan ser de papel, sobre todo por la poca empatía que suelen tener o el que estar como se dice coloquialmente “En la cima del ladrillo” los acaba por marear y crear una burbuja, una perspectiva que tiene a estos y otros cuantos en una situación en la cual se creen “únicos” e “intocables”.

El México del siglo XX nos regaló muchísimas joyas, tanto en el deporte, en lo musical, en el cine, inclusive en la actuación; el nacimiento de los nuevos medios de comunicación y el ser una época post revolucionaria trajo bastantes movimientos en la sociedad mexicana, sin embargo la luz que nos regaló el nacimiento de un pequeño el día 18 de Noviembre de 1917 es algo que celebramos hasta nuestros días de 2017.

Pedro Infante Cruz, nacido el 18 de Noviembre de 1917 en la heroica ciudad de Mazatlan Sinaloa, hijo de Delfino Infante y Refugio Cruz vivió una niñez complicada, siendo el cuarto de quince hermanos, tuvo un inicio de vida bastante precario, por lo cual solo estudiaría hasta el cuarto año de primaria, esto le obligó a tener que trabajar desde temprana edad, sobre todo la carpintería, oficio que el mismo Infante jamas se avergonzó ya que para el era “El oficio de Cristo”.

A principios de 1924 se mudaría con su familia a Guamuchil Sinaloa, y gracias a eso adquirió el mote de “El ídolo de Guamuchil”. El talento musical era algo que Infante no podía dejar pasar desapercibido, influido siempre de forma positiva por padre, llegó a formar una pequeña orquesta a la que bautizo como “La Rabia”.

Tocaban en los cabarets de Guamúchil, a diez centavos la pieza. La Rabia llegó a ser conocida en todo Sinaloa, gracias a que también tocaban en rancherías y pueblos cercanos. Pedro contaba entonces con solo 16 años de edad.

Estos inicios le dieron una identidad única al “Idolo de México” que le cubrió con este signo desde el inicio de su carrera hasta su accidentado final, un autentico ídolo del pueblo mexicano y que siempre se sintió identificado con los valores de su gente, ya que durante toda la carrera de Infante jamas perdió esa clásica empatía y sobre todo cariño y respeto por sus admiradores.

El popular actor y cantante protagonizó más de 60 películas entre 1939 y 1957, lo que lo convirtió en uno de los más grandes ídolos de la llamada “Época de Oro del Cine Mexicano”, se tiene el registro de que grabó 344 canciones en estudio (no incluidas las tomas alternas, ni conciertos) por lo que fue ampliamente reconocido en México.

Inició como extra en la película “En un burro tres baturros”, y participó en algunas cintas como actor secundario. Su carrera como actor con un papel principal inició con la película La feria de las flores en 1943.

Muchas de sus películas más exitosas fueron dirigidas por el director de cine Ismael Rodríguez; quien fuera el que prácticamente le dio sus papeles más icónicos dentro del cine nacional, destacando sobre todo el de “Pepe el Toro” en la trilogía de “Nosotros los pobres” que lo hizo acuñarse en el publico con el llamado nuevo genero de cine “Arrabaleros”, mismo que fue definitivo en la distinción como “Idolo de México” debido sobre todo a que en esa época la sociedad mexicana se vio totalmente retratada por esta trilogía.

Papeles más cómicos como en las películas “ATM A toda maquina” además de otros donde mostró toda su valía actoral como en “Los tres huastecos” en donde interpreto a 3 personajes; además de también compartir pantalla con gigantes de la época como Jorge Negrete en “Dos tipos de cuidado”, Pedro Infante demostró que tenia una capacidad histriónica y vocal bastante alta, misma que exploto definitivamente con el papel de “Tizoc” en la película “Tizoc: Amor indio” en la que compartió papeles con la genial Maria Felix y que le dio el reconocimiento ante el cine internacional, mismo que se vio fructicado en forma de ser nombrado mejor actor en el festival internacional de cine de Berlín en Alemania ganando el famoso “Oso de Plata”, teniendo entre sombras de este gran mérito que el divo de Guamuchil ya había abandonado la vida terrenal.

La voz de “El ídolo de México” siempre lleno de amor y ternura a todos sus fans, no simplemente a su publico femenino, siendo esto una enorme y grata caracteristica del mazatleco, destacando en los géneros de música ranchera y mariachi, con canciones tanto populares como con letras electrizantes, destacando entre ellas “Amorcito corazón”, “Cien años”, “Te quiero así”, “La que se fue”, “Ella”, “Paloma querida”, “Maldita sea mi suerte”, “Por un amor”, “Mañana”, “Que te ha dado esa mujer”, “Mi cariñito”, “Dicen que soy mujeriego”, etc., de compositores como: Manuel Esperón, Gilberto Parra Paz y José Alfredo Jiménez entre otros.

Un hombre que en su vida personal siempre tuvo diversos escándalos, desde el que tuviera a su primogénita apenas teniendo 16 años, además de sus tórridos romances, desde María Luisa León, que fue la que le dio el empujón necesario para que llegara a la capital mexicana a luchar por sus sueños y que como detalle curioso era mayor que el “Idolo de Guamuchil” por 10 años, hasta la actriz Lupita Torrentera de la cual tuvo 3 hijos y con la joven actriz Irma Dorantes; Infante siempre fue conocido en el gremio por sus constantes estados depresivos, los cuales se asociaban sobre todo a su mal de amores, ya que el actor siempre vivió añorando momentos que no pudo realizar con Maria Luisa León, conocida como su autentico real amor.

Infante como cualquier persona del medio vivió en boca de todos, siendo también famoso por su gran afición a la aviación, misma que le dio varios accidentes casi mortales, inclusive llevándolo a tener que usar una placa de titanio a consecuencia de una fractura en el craneo; hasta en aspectos económicos, donde trascendió que el norteño ganaba más que el también icónico Mario Moreno “Cantinflas” asegurando múltiples medios que en su tiempo el de Mazatlan cobraba alrededor de $20 000 pesos por presentación, inclusive a palabras del periodista Alfredo Guddini, afirmaba que Pedro Infante protagonizó junto con Luis Aguilar, la primera película mexicana de temática gay: A toda máquina, en 1951, y su secuela ¿Qué te ha dado esa mujer? (1951).

Todo el tiempo se están celando cuando hay una mujer de por medio y se lo pasan echándose miraditas. Cuando están en la Arena México compitiendo y se voltea la ambulancia, nada más falta que se den un beso. Quizá lo hicieron inconscientemente o no” Indicaba en su momento el critico de cine.

La vida de el máximo ídolo de México y segundo en el marco histórico según una investigación de History Channel en el programa “El gran mexicano” con motivo del bicentenario de México llego a su fin un fatídico 15 de abril de 1957 en Mérida, Yucatán, víctima de un accidente aéreo. Junto con él perdieron la vida otras tres personas: el piloto Víctor Manuel Vidal Lorca, el mecánico Mariano Bautista y Ruth Rossel, quien tendía ropa en el patio de su casa, donde cayó el avión.

También murieron dos perros de raza mastín y un chango que regalaría a sus hijos y a Irma Dorantes. Se constató además, que la nave Consolidated B-24J Liberator con matrícula XA-KUN cargaba bultos con pescados y telas.

El fenómeno social que representaba Pedro Infante en su momento se vio reflejado en sus actos fúnebres, en donde se tiene registro que más de 100 000 personas acudieron a darle el último adiós al mexicano en el teatro de los actores de la ANDA, los periódicos a ocho columnas notificaban la muerte del actor, cantante y showman mexicano; desde el amigo que fue a despedirlo hasta toda la mochedumbre, era una autentica conmoción y duelo en prácticamente todo el territorio mexicano.

Al momento de ser sepultado, el mariachi entonó temas como Amorcito corazón y Mi cariñito, mientras que Irma Dorantes se despojaba de un crucifijo y lanzándolo al fondo de la fosa, expresó: “¡Vida mía, tú me lo diste, llévalo contigo!”.

Un fenómeno autentico, sin nada de actuación, sin búsquedas de rating, así fue su último adiós un fiel reflejo de la vida de Pedro Infante, fenómeno que a la fecha sigue tiendo eco, ya que en la cumbre de la fama no perdió su sencillez, su humildad, un hombre que supo cantar, reír, como canta y como ríe el pueblo; hoy recordamos el fenómeno Infante que en este su cien aniversario de natalicio es y seguramente será recordado por un México que esta aún huérfano.

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