He leído varias reseñas del trabajo de Tino el Pingüino que lo clasifican como una de las voces y líricas significativas del hip hop mexicano.

tino el pingüino de vuelto al lodoHe leído varias reseñas del trabajo de Tino el Pingüino que lo clasifican como una de las voces y líricas significativas del hip hop mexicano, así que pasé el fin de semana escuchando y descifrando el disco De vuelta en el lodo. —Nota aparte diré que todavía no entiendo esas categorías que autoimpone el sistema del arte en general, la música y los medios en particular.

Clasificaciones que benefician a unos y perjudican a otros, establecen estándares que lejos de generar una visión de complementariedad y cooperación creativa lo que produce es un sistema de competencia. A mi parecer el propio proceso creativo, de producción y de circulación de las nuevas generaciones rebasan aquellos prejuicios de “lo bueno, lo malo y lo feo” construidos por el mismo sistema y no por los gustos y necesidades de usuarios y escuchas. Pero esa es otra historia que bien vale la pena regresar en otro momento—.

Mi sorpresa llegó cuando descubrí un metacontexto que inscribe la lírica de Franco dentro de una genealogía poética de orden literario.—Lo cual no quiere decir que lo haga mejor o peor que otros, sino que está configurando un código para descifrar parte de la estructura de su discurso, además de abrir el panorama de referencias para su interpretación, su disfrute y sus alcances culturales y de públicos—.

El track 1 lleva el mismo nombre del disco y arranca con la voz de Guillermo Fadanelli: “Yo concibo el mundo casi como una extensión del lenguaje y el lenguaje continúa siendo misterioso […] La retórica de estar construyendo e imaginando. Imaginación y lenguaje […]”, incluso en sí mismo el título del disco podría vincularse a la última novela de Fadanelli, Lodo, una novela que comienza con el reconocimiento del cuerpo decadente del protagonista: “De pronto, a las seis de la mañana […] la cera se derrite, la piel se abulta, los dientes saltan de su lugar, la espalda se vence y tus muslos comienzan a arquearse como dos agrias sonrisas.” cubierto de un imaginario del cuerpo decadente que sin embargo ratifica su deseo y su placer ante la carne joven.

Tanto la novela como el disco se dirigen a la condición sucia a la que apela esa mezcla de sedimentos; el lodo no es otro que los deshechos mismos del tiempo que transcurrió (entre agua y lodo) que simultáneamente es el sustrato de donde surge otra cosa.

Este disco y esa entrega de más de lo mismorecordemos que lo mismo o la repetición nunca es en sí misma igual, puede estar anclada de la misma base de ese limo, de ese lodo, que a fuerza de que la repetición sucede en un tiempo y espacio siempre distinto, nunca es lo mismo— es el ejercicio lírico en que Franco Genel mira su reflejo en el espejo y se transforma en Tino el Pingüino, personaje que trata de construir canción por canción su propia filosofía a partir de reseñar las “grandes decisiones de la vida cotidiana” —así define Fadanelli a Benito Torrentera, el protagonista de Lodo—.

Esa retórica del sexo duro —y entendamos a grandes rasgos que la retórica es una forma de organización de los versos así como el uso de expresiones particulares que conforman el discurso o universo poético y musical que define un estilo— está combinada con la particularidad e intencionalidad del mundo pingüenesco concentrado en la aseveración Yo soy la escena.

En parte es —como los enfants terribles— un universo poco digerible por esta mirada pesada y existencialista pero que se libra de ese peso mediante la brevedad de la anécdota “insignificante” de la borrachera, la perdida de la virginidad, la historia de la primera computadora o el propio relato del hiphop y del crew que acontecen en esa región localizada en el sur.

La microhistoria o relato corto identificada con la poética del cotidiano está enganchada con Augusto Monterroso y su famoso “…y cuando despertó el dinosaurio todavía estaba ahí” cierre del segundo track Todavía (piensa que podría ser peor). La vuelta al lodo sucede como un proceso de apropiación y resignificación entre la literatura, la música, la poética de lo insignificante de los cuerpos de un presente líquido, móvil y veloz a través de un viaje y figuraciones de “un cabrón más tratando de hacerse de su propia filosofía” (Guillermo Fadanelli).

De vuelta en el lodo

Producción, grabación, mezcla & master / Maiky Navajas

  1. De vuelta en el lodo
  2. Todavía (piensa que podría ser peor)
  3. Se abre la tierra (De Cara al Sur)
  4. Literal
  5. El don que ves
  6. Piedra angular
  7. M-16 (Anti-Hype)
  8. Vitus
  9. Cerca de la caída
  10. La vida se fue
  11. Volví a quedar mal

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Doctora en Historia del Arte Lationamericano especialista en arte contemporáneo y cine.