El Conjuro 2: Lorraine y Ed Warren, quienes, en una de sus más aterradoras investigaciones paranormales, viajan al norte de Londres para ayudar a una madre soltera con cuatro hijos que vive en una casa repleta de espíritus malignos.

En el año 2013, el director James Wan (responsable de Saw e Insidious, entre otras) sorprendió a propios y extraños con El Conjuro, película que además de ser un buen filme de terror, impresionó por lo asombrosamente bien filmada que estaba. Sin embargo, cuando hablamos de este director australiano, debemos tomar en cuenta los dos comunes denominadores de su cine: su estupenda cinematografía, pero también, la debilidad de sus historias.

Wan tiene una habilidad envidiable para desenvolverse dentro del género del terror; desde sus inicios con la refrescante Saw (2004), demostró que no era necesario romper el molde del género, tan sólo era cuestión de retorcerlo y acomodarlo para que se sintiera fresco, aunque no lo fuera del todo. Con gran talento y el paso de los años, James Wan ha conseguido dominar la dirección de cámaras y de tiempos, para utilizarlos según lo requiera cada una de sus películas.

En El Conjuro 2 la introducción es simplemente brillante, pues a través de una cámara muy inquieta, nos va presentando a los personajes en su hábitat, para que nos familiaricemos con la trama y el espacio donde se llevará a cabo la acción.

Resalto la presentación de la casa de los Hodgson, donde la cámara a través de elaborados movimientos, nos da un recorrido por cada habitación y corredor del hogar, con el que nuestra mente irá armando un mapa imaginario que servirá a lo largo de la película para aumentar la tensión en el momento de los hechos, donde ya entenderemos las distancias que hay entre una habitación y otra, aumentando la sensación tanto de claustrofobia, como de ansiedad por escapar del lugar.

Vale la pena poner atención a cada toma para apreciar la técnica que James Wan pone en cada encuadre; desde los planos holandeses que sugieren descontrol en el personaje, los travelings para recorrer el espacio dentro de una habitación, hasta las perspectivas forzadas en las que los objetos parecen más grandes de lo que son, como la casa, a la que transforma de un hogar común a una casona imponente.

La película logra buenos sustos, por desgracia muchos de ellos son gracias al sonido (truco barato). Sin embargo, se pueden rescatar dos muy bien armados en tiempo, tensión y manejo de tomas, los cuales involucran un interrogatorio de espaldas al demonio en una toma fija, con un juego de desenfoque y un cuadro muy tétrico, involucrando el gran uso de sombras y perspectivas forzadas.

A pesar de su buena técnica, el manejo de los tiempos para generar tensión con buenos sustos y los notables efectos especiales (que por cierto, en su mayoría fueron hechos a la vieja escuela), El Conjuro 2 carece de identidad, esa que había logrado su antecesora.

El principal problema está escondido en las más de dos horas de duración, dentro de las cuales el guión pretende contar demasiadas cosas a la vez y busca crear un vínculo más fuerte entre los Warren (Vera Farminga y Patrick Wilson) para que conecten con el espectador, pues seguramente los veremos en muchas secuelas más y deben de preparar el terreno desde ahora. Es por eso que la película nos regala momentos musicales gratuitos y la pareja caza fantasma eclipsa por momentos a los protagonistas del conjuro sobre el cual (se supone) se mueve toda la trama.

El constante cambio del foco de atención en la historia es un gran impedimento de la trama, pues por momentos los personajes no tienen claro que rol juegan ni la importancia que tienen dentro de la historia; cuando la historia se va armando alrededor del niño tartamudo, cambia hacia la hermana, e incluso los demonios esconden un misterio bastante chafa, digno de un episodio de Scooby Doo.

Y por si no fueran pocas las sorpresas, El Conjuro 2 también presume sus influencias a manera de homenajes (¿o copias?) a varias películas de los años setentas y ochentas. Hay escenas que hacen referencia a clásicos del terror, desde la más obvia El Exorcista, pasando por Carrie (el bullying presente con los niños), El Resplandor (el niño en los pasillos y la escena del hacha), El Bebé de Rosemary e inclusive una alusión a Mi Pobre Angelito (la despedida de la niña desde la ventana).

Tal vez varias de ellas sean mera coincidencia, pero ese es el punto, El Conjuro 2 se parece a todo lo que ya hemos visto antes, por lo que no solamente pierde su frescura, también parece poseída por los fantasmas de otras películas del género, que en su mayoría, son mejores que esta.

Y también está ese final que…bueno, para que se los cuento, mejor véanlo y saquen su conclusión.

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