The Revenant le haría ganar por segunda ocasión consecutiva el Oscar al director mexicano.

Justo cuando el director Alejandro Gonzalez Iñárritu sorprendía a propios y extraños con su impresionante película Birdman, el director mexicano ya se traía algo entre manos, plan que reveló al subir a recibir su premio como “Mejor Director” en la 87a entrega del Oscar. Ese misterio se llamaba The Revenant.

Este proyecto (como muchos otros en Hollywood) estuvo rondando por las mesas de ejecutivos de las principales productoras e incluso paso a manos de directores como Ridley Scott, quien se suponía filmaría este guión con Christian Bale en el papel principal. Este guión que era una adaptación del libro The Revenant: A Novel of Revenge del autor estadounidense Michael Punke’s llegó a manos de Iñárritu en un momento donde el director buscaba un proyecto retador que lo sacara de su zona de confort, digamos pues que le llegó en el momento justo. Alejandro modificó todo el guión con ayuda del guionista Mark L. Smith (Vacancy, The Hole) reclutó por vez primera al cinefotógrafo Emmanuel Lubezki; sin embargo, el proyecto se detuvo e Iñárritu se involucró en Birdman, dejando en espera a The Revenant.

¿Por qué les cuento el trasfondo de la película? por que esta me parece una importante analogía con lo que pasa en la carrera de Alejandro Gonzalez Iñárritu. Pero vamos por partes, hablemos primero de la película.

The Revenant fue concebida como una película de venganza, sin embargo va un poco más lejos; ese camino de venganza que recorre Hugh Glass (un bárbaro Leonardo DiCaprio), se cruza con una vía de búsqueda espiritual e incluso entrelaza con una analogía al racismo tan vigente en nuestros días, por lo que se aleja de cualquier comparación que se pudiera buscar con Man in the wilderness (1971) de Richard C. Sarafian (película que tiene la misma premisa basada en la verdadera historia de Hugh Glass).

Es así como el guión disecciona la historia en dos personajes fundamentales para su desarrollo: Hugh Glass (DiCaprio) y John Fitzgerald (Tom Hardy). Fitzgerald es el arquetipo del hombre de raza blanca quien no acepta otras culturas ni tonos de piel, el racista de la que toda sociedad sufre y sin embargo no es tratado como el villano del filme, es más un ser humano lleno de miedo. Glass funge como un puente entre lo salvaje y la “civilización” debido al lazo que lo une con los “pieles rojas”: su hijo.

Podríamos hablar de un elemento más que incluso pudiéramos considerar como otro personaje importante dentro de la historia: la naturaleza. Esta fuerza influye potencialmente en el desarrollo espiritual de Hugh Glass, quien debe deambular en este purgatorio de desoladora nieve, gigantescos árboles y abundante vida salvaje ajena al control del hombre.

Lo salvaje del filme cobra vida gracias al magnífico lente de Emmanuel Lubezki, quien a través de la cámara dota de profundidad, altura, luminosidad u oscuridad en base al momento por el que pasa la historia. Lo más impresionante es que, como ya se habrán enterado, Lubezki utilizó sólo la luz natural del día, ayudándose de los amaneceres, la luz cenital del mediodía y de la “hora mágica” (la hora del día donde se obtiene la mejor iluminación y que transcurre entre la transición del atardecer con el anochecer).

Sin embargo todo este anecdotario sobre la compleja realización de The Revenant queda en segundo plano cuando uno ve la película, la experiencia dentro de la sala de cine es salvaje; te hace sentir y reaccionar a través de los ojos de DiCaprio e incluso, por más introspectiva que pueda parecer, el filme conecta con el espectador ya sea a través de la relación de Hugh Glass con su hijo, con la analogía que se forma con el racismo de nuestra sociedad y sobre todo, con el hecho de que todos los personajes, incluyendo a los indios, son tratados como seres humanos, lejos del plástico cliché de siempre.

La falla que le encuentro al filme es su guión, el cual se toma su tiempo para adentrarnos en la lucha interna y física del personaje principal, pero hacia el final toma atajos que recortan el camino abruptamente, de manera en que te puede llegar a desconectar y no saber en que momento volviste a la historia de venganza para luego ver que al final volvimos al punto de introspección de Hugh Glass (parece que se les acababa el tiempo y tenían que terminar la historia en menos de 10 minutos).

The Revenant es un pedazo de filme crudo, puede no gustarle a mas de uno quien prefiera un film más accesible e incluso fácil de digerir; sin embargo, como la carne cruda, el que esté hambriento de cine se sentirá más que satisfecho y le calmara el hambre al cinéfilo que está cansado de las grandes producciones rápidas y procesadas. Claro que a lo largo de la historia han existido filmes mas complejos de realizar que The Revenant, pero en estos tiempos de hambre fílmica, esto es un banquete.

Deje su odio y aberración hacia Iñárritu en casa y vaya al cine a disfrutar de una película como las que ya no se hacen. Cine en cautiverio, en peligro de extinción.

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