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Si te digo que Carmín Tropical trata el tema de la comunidad muxe, seguramente pensarás en que se trata de otro documental de denuncia o de otra película de arte “rara”.

En Juchitán Oaxaca existe una comunidad llamada los muxes, hombres que toman roles femeninos en los ámbitos familiares y sociales, tales como quedarse a cuidar a los padres hasta su muerte o iniciar sexualmente a los jóvenes de la comunidad. Aunque hay excepciones, los muxes no necesariamente son gays, muchos de ellos tienen preferencias sexuales propias de un hombre pero dicha tradición milenaria los hace asumir un rol femenino. Actualmente, debido a la introducción de nuevos ideales a dicha comunidad, los muxes han sido víctimas de discriminación, acto que culmina muchas veces en violaciones y como muchos casos de este país, en asesinatos impunes.

Si te digo que Carmín Tropical trata el tema de la comunidad muxe, seguramente pensarás en que se trata de otro documental de denuncia o de otra película de arte “rara”. Pues tengo la fortuna de contarte que no, esta es una película sorpresivamente distinta.

Rigoberto Perezcano en su segundo largometraje nos entrega una historia, sí de denuncia, pero en un tono de film noir, un género muy bien manejado en la época de oro del cine mexicano pero que incomprensiblemente se ha dejado olvidado.

En los primeros minutos conocemos a Mabel (extraordinariamente interpretada por José Pescina), una muxe que regresa a su pueblo natal de Juchitán por un motivo trágico: la muerte de su mejor amiga Daniela. Dicho evento lleva a Mabel a intentar comprender qué fue lo que pasó y cómo murió su amiga, a quien no había visto en muchos años.

Desde el inicio, Rigoberto Perezcano nos presenta los elementos para proponernos un thriller, mismo que poco después se va oscureciendo más y más hasta envolvernos en el mejor cine negro que se ha visto en una cinta mexicana en años.

En Carmín Tropical no hay un sol resplandeciente, ni brillos que trasmitan a nuestra vista un aire de esperanza; por el contrario, la película deja en claro hacia donde va y que ese descenso no lo frena nadie. Repito, como en el mejor cine negro.

Perezcano logra introducir los elementos del cine negro (un género muy estadounidense) a las costas Oaxaqueñas, tropicalizando sus características en función de su mensaje de denuncia respecto a los abusos hacia la comunidad muxe. En Carmín Tropical la detective surge sin querer debido a las circunstancias, la femme fatale es un hombre, los testigos engañosos son los habitantes del pueblo, los testimonios son anécdotas entre amigos y los canta-bares con sensuales mujeres son sustituidos por un cabaret muxe donde se cantan boleros.

Aquí el blanco y negro son camuflados por tonos opacos de playas sin sol, casas sin ventanas y congales con luces rojas. Una voz en off va reforzando la atmósfera desoladora y en un estupendo recurso narrativo, los flashbacks (muy necesarios tanto en el thriller como en el film noir) son sustituidos por fotografías descritas en forma de historias tanto por los familiares de la víctima como por la misma Mabel quienes, con lujo de detalle, nos transportan al momento específico sin necesidad de secuencias recreadas.

La película nunca busca complicarse, por el contrario, va agarrando su ritmo en su primer tercio y de ahí se desenvuelve sutil y eficazmente hacia su conclusión en un final que raya en lo soberbio por la manera en que cierra la historia pero deja la pistola cargada para el que la quiera tomar.

Modesta pero muy atractiva, Carmín Tropical es una cinta que nunca pierde su voz de denuncia e involucra al amor y a la tolerancia social en un recorrido por el mejor cine negro, donde el morbo se desnuda para mostrarnos personajes buenos que no lo son tanto, como cualquier ser humano.

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