Fobia celebra 39 años de historia con una noche inolvidable en el Palacio de los Deportes

Fobia en el Palacio de los Deportes fue mucho más que un concierto para celebrar 39 años de historia. La noche del sábado 24 de octubre, la banda ofreció su segunda presentación consecutiva en el recinto, donde miles de seguidores de distintas generaciones se reunieron para cantar junto a Leonardo de Lozanne, Paco Huidobro, Iñaki Vázquez, Cha, y Elohim Corona quienes demostraron que su música continúa siendo un punto de encuentro para quienes crecieron con el rock mexicano y para quienes lo siguen descubriendo.

La noche comenzó poco después de las nueve, con “Veneno vil” como una declaración de intenciones. Bastaron sus primeros acordes para que el Palacio se convirtiera en un enorme coro que acompañó a la banda durante las siguientes dos horas. “No eres yo” (mención honorífica por un intro emocionante y memorable), “Plástico” y “Pesadilla” continuaron el recorrido, mientras la energía del público dejaba claro que aquella no sería una noche cualquiera. Había algo especial en ver a miles de personas cantar canciones que han sobrevivido a distintas épocas, formatos musicales y generaciones, pero que siguen provocando la misma emoción que cuando las escuchamos por primera vez.

Fobia en el Palacio de los Deportes: un recorrido por sus clásicos

El repertorio fue también una oportunidad para recorrer prácticamente toda la discografía de Fobia. Desde su álbum debut de 1990, representado por “Dios bendiga a los gusanos”, “El crucifijo” y “Pudriendo”, hasta la experimentación de Mundo feliz con “Caminitos hacia el cosmos” y “El Diablo”. También hubo espacio para Leche, uno de sus trabajos más recordados, con canciones como “Regrésame a Júpiter”, “Miel del escorpión”, “Fiebre” y “Maten al D.J.”. Más que una selección de éxitos, el concierto funcionó como un viaje por las distintas personalidades musicales que la banda ha construido durante casi cuatro décadas.

Y es que Fobia siempre ha tenido una manera muy particular de hablar sobre el amor, el miedo, la muerte y las contradicciones humanas. Canciones como “Dinosaurios”, “Vampiros” y “Descontrol” recordaron su capacidad para convertir ideas extrañas en himnos generacionales, mientras “Hipnotízame”, “2 Corazones” y “Hoy tengo miedo” conectaron con el lado más emocional de su repertorio. Esta segunda fecha también tuvo diferencias respecto a la primera noche, recuperando temas como “No soy un buen perdedor”, “Pudriendo” y “Fiebre”, que hicieron del sábado una experiencia con identidad propia.

Uno de los detalles más emotivos fue saber que entre el público también se encontraban familiares de los integrantes de Fobia, acompañándolos en una celebración que iba mucho más allá de la música. Después de 39 años, cambios de alineación, proyectos individuales y diferentes etapas personales, mirar hacia las gradas y encontrar a sus seres queridos añadía otro significado a la noche.

La presencia de Elohim Corona en la batería representa precisamente uno de esos nuevos capítulos de la banda. Resultaba conmovedor pensar que, mientras algunos asistentes recordaban su adolescencia, otros estaban descubriendo esas mismas canciones junto a sus propias familias.

La recta final fue una auténtica celebración colectiva. “Vivo” y “Revolución sin manos” elevaron nuevamente la intensidad antes de que la banda sorprendiera con una interpretación de “Sympathy for the Devil”, clásico de The Rolling Stones, que desembocó en “El Diablo”.

Pero todavía quedaba un último regalo: “El microbito”, interpretada en una versión acústica que contrastó con la potencia del resto del concierto. Una canción de su primer álbum terminaba cerrando una noche dedicada a casi cuatro décadas de historia, como si el recorrido hubiera dado una vuelta completa para regresar al lugar donde todo comenzó.

Al final, lo verdaderamente especial de estas dos noches en el Palacio de los Deportes fue comprobar que Fobia sigue siendo mucho más que una banda de rock mexicano. Sus canciones han estado presentes en amistades, romances, despedidas, viajes y momentos que hoy forman parte de la memoria de varias generaciones.

Ver a sus integrantes sobre el escenario, con sus familias entre el público y miles de personas cantando historias que comenzaron a escribirse hace 39 años, fue un recordatorio de que el tiempo puede transformar muchas cosas, pero difícilmente borra aquello que nos hizo sentir vivos.

Porque crecer con Fobia también significa descubrir que, después de tantos años, todavía podemos emocionarnos como la primera vez.

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