Álvaro Díaz cerró tres noches en el Palacio de los Deportes con Tainy, Latin Mafia y un OMAKASE Tour lleno de concepto y desamor.
Álvaro Díaz en CDMX: tres Palacios de los Deportes para quienes todavía amamos como pendejos
El puertorriqueño cerró tres noches consecutivas en el Palacio de los Deportes con un espectáculo conceptual, invitados como Latin Mafia y Tainy, y una discografía que demuestra que el reggaetón también puede construir mundos para los que siguen creyendo demasiado en el amor.
Álvaro Díaz dio tres Palacios de los Deportes y confirmó algo que yo ya sabía: este cabrón entiende a los que aman demasiado
Voy a empezar esta nota haciendo exactamente lo que seguramente no debería hacer un periodista: admitir que estoy completamente sesgado.
Yo amo a Álvaro Díaz.
Y no de esa manera en la que uno dice que le gusta mucho determinado artista porque escuchó su último álbum veinte veces. Para mí, Álvaro Díaz fue uno de los músicos que me enseñó a querer el reggaetón. Fue mi primer gran amor dentro del género y, después de varios años, sigo encontrando en sus canciones algo que me cuesta encontrar en muchos de sus contemporáneos: un cabrón dispuesto a admitir que puede amar muchísimo, perder todavía más y seguir haciendo canciones desde ahí.
Así que cuando lo vi llenar tres noches consecutivas el Palacio de los Deportes en Ciudad de México, mi reacción no fue solamente pensar que su carrera había crecido. Fue algo más parecido a ver a ese artista que durante años recomendaste obsesivamente demostrar frente a miles de personas que quizá nunca estuviste tan equivocado.
Porque sí, para mí Álvaro Díaz es actualmente uno de los mejores artistas haciendo reggaetón.
Y después de esta tercera noche estoy dispuesto a defenderlo todavía más.
El reggaetonero que sí sabe construir un mundo
Una de las cosas que más me gustan de Álvaro Díaz es que entiende algo que para mí debería ser fundamental en cualquier proyecto artístico: el concepto importa.
Un concierto puede tener buenas canciones, visuales enormes, pirotecnia y miles de asistentes. Pero cuando todo eso está unido por una idea, deja de sentirse como una playlist reproducida en vivo y comienza a convertirse en una experiencia completa.
El OMAKASE Tour llevó esa lógica al Palacio de los Deportes.
El nombre recupera la idea japonesa de dejar la selección en manos del chef y Álvaro Díaz convirtió el concierto en un menú. Había una estructura, una narrativa, secciones y hasta una dinámica llamada “Menú del Día” para introducir canciones sorpresa.
Puede sonar como un detalle.
No lo es.
En un género donde históricamente no siempre se ha exigido la misma elaboración escénica que esperamos del pop o de ciertos espectáculos de rock, encontrarte con un artista que piensa cuidadosamente cómo presentar sus canciones cambia completamente la percepción del show.
Álvaro Díaz no solamente salió a cantar. Nos invitó a entrar en su universo.
De “Felicilandia” a “Sayonara”: un especialista en querer a quien no debe
Hay algo que atraviesa buena parte de su discografía y que probablemente explica por qué conecto tanto con ella.
Este hombre sabe lo que significa querer de verdad.
Y, más específicamente, querer a alguien que quizá no está dispuesto a regresar exactamente la misma cantidad de amor.
Desde Felicilandia hasta Sayonara y ahora podemos encontrar distintas versiones de una misma vulnerabilidad. No diría que exista un único hilo narrativo que conecte todos sus proyectos, porque cada uno construye su propio universo, pero sí existe una sensibilidad reconocible.
Álvaro Díaz puede hacerse el cool. Puede vestirse increíble. Puede rapear. Puede entrar en terrenos mucho más agresivos. Pero eventualmente aparece el enamorado.
El que recuerda. El que insiste. El que se queda pensando qué habría pasado.
El que probablemente sabe perfectamente que debería avanzar, pero primero necesita escribir otras cinco canciones al respecto.
Y me representa.
Muchísimo.
Un reggaetón para quienes todavía quieren demasiado
Esa sensibilidad también explica algo que observé entre el público.
Tengo 27 años y, aunque claramente no estoy grande, sí sentía que buena parte de quienes me rodeaban estaban entre los 18 y los 22.
Y tenía sentido.
Álvaro Díaz conecta particularmente bien con una generación que habla del amor desde códigos distintos a los que teníamos hace una década. Existe mayor consciencia sobre relaciones, toxicidad, responsabilidad afectiva y todas esas palabras que hemos aprendido a colocar alrededor de sentimientos que anteriormente simplemente nos destruían sin diagnóstico.
Pero eso no significa que hayamos dejado de hacer estupideces.
Seguimos rogando.
Seguimos regresando.
Seguimos revisando perfiles que juramos no volver a mirar.
Seguimos recordando a alguien durante demasiado tiempo.
Las herramientas emocionales cambiaron.
El corazón parece seguir siendo igual de idiota.
Y Álvaro Díaz escribe desde ese lugar.
Su música puede acariciarte y después golpearte
Sonoramente también existe una dualidad que en vivo se vuelve mucho más evidente.
Buena parte de la música de Álvaro Díaz tiene una suavidad particular. Un reggaetón lento, elegante, melódico, con producciones que pueden sentirse íntimas incluso dentro de un recinto gigantesco.
Pero repentinamente todo cambia.
Entran bajos más agresivos.
Trap.
Rap.
Una base que golpea mucho más fuerte.
Canciones como Problemón, BYAK, 1000CANCIONES, KILO. o GATITAS SANDUNGUERAS VOL. 1 permiten que el concierto cambie constantemente de temperatura.
Ese contraste evita que dos horas y media se conviertan en una enorme balada urbana.
Puedes estar sufriendo por amor y cinco minutos después estar saltando.
Muy parecido a cualquier fin de semana emocionalmente irresponsable.
Y entonces apareció Latin Mafia
Las tres noches tuvieron invitados diferentes y esa fue otra buena decisión.
Quien compró boleto para más de una fecha podía encontrarse con pequeñas variaciones capaces de hacer que cada concierto se sintiera especial.
Nosotros estuvimos en la tercera.
Y tuvimos Latin Mafia.
En una Ciudad de México donde el proyecto tiene una relación gigantesca con las nuevas generaciones, verlos aparecer junto a Álvaro Díaz se sintió natural.
MALASNOTICIAS. adquirió otra dimensión con ellos ahí.
Pero todavía faltaba el momento que personalmente terminó de romperme la cabeza.
No podía creer que estaba viendo a Tainy
De pronto apareció Tainy.
Y sí, probablemente exageré mi reacción.
Pero entiéndanme.
Estamos hablando de Tainy.
Si has seguido el reggaetón durante suficientes años sabes perfectamente lo que representa ese nombre. No es solamente un productor famoso. Es una de las personas que ayudaron a moldear el sonido del género durante diferentes generaciones.
Entonces observarlo dentro del mismo concierto, por el mismo boleto con el que iba a ver a Álvaro Díaz, me parecía absurdo.
Interpretaron PARANORMAL, PERDISTE EL EMMY. y QUIÉN TE QUIERE COMO EL NENE.
Y durante varios minutos mi cerebro simplemente estaba procesando que tenía enfrente a una de las figuras fundamentales de la música urbana contemporánea.
No porque Tainy valga más que Álvaro Díaz.
Sino porque históricamente su peso dentro del género es enorme.
Fue uno de esos momentos donde un invitado realmente eleva la experiencia en lugar de aparecer únicamente para generar un video viral.
Tres Palacios no ocurren por accidente
También resulta necesario detenernos en la dimensión de lo sucedido.
Tres Palacios de los Deportes consecutivos.
Para un artista que durante años construyó una carrera de manera mucho más gradual que varios de sus contemporáneos, la imagen es poderosa.
Álvaro Díaz nunca me pareció el artista destinado a explotar durante seis meses y desaparecer.
Su crecimiento ha sido más interesante.
Disco.
Concepto.
Gira.
Otra estética.
Otro proyecto.
Otra etapa.
Y de repente estás viendo a miles de personas gritar YOKO dentro de uno de los recintos más importantes de Ciudad de México durante tres noches.
Ese crecimiento se siente ganado.
No necesita presumirte cuánto dinero tiene
Aquí existe otra diferencia fundamental entre Álvaro Díaz y cierta parte del discurso histórico alrededor de la música urbana.
Nunca he sentido que necesite demostrarme constantemente cuánto dinero gana.
No necesita convertir cada canción en inventario de relojes, automóviles y mujeres.
Puede hacerlo ocasionalmente porque sigue formando parte del lenguaje del género, pero su personaje no depende completamente de eso.
Se siente humano.
Se siente como un tipo que puede tener una carrera internacional enorme y aun así continuar escribiendo sobre alguien que no consigue sacar de la cabeza.
Eso genera cercanía.
Yo no necesito identificarme con un millonario llegando en Lamborghini.
Pero sí puedo identificarme con un pendejo recordando a su ex demasiado tiempo.
Desgraciadamente.
La pirotecnia también sabe escuchar la canción
Escénicamente, Álvaro Díaz tampoco necesita convertirse en Robbie Williams.
Y lo menciono porque tuve la fortuna de ver a Robbie Williams dos veces durante esa misma semana. Compararlos como showmen sería ridículo porque trabajan desde tradiciones completamente distintas.
Pero dentro de sus propias herramientas, Álvaro Díaz sabe presentar un espectáculo.
La pirotecnia funciona particularmente bien porque no parece colocada solamente para anunciar “miren cuánto presupuesto tenemos”.
Los disparos, explosiones y cambios visuales responden a momentos musicales.
La producción acompaña.
No interrumpe.
Y esa diferencia importa muchísimo.
Un fuego artificial colocado en el momento correcto puede transformar una canción.
Cincuenta utilizados porque sí solamente generan humo.
Álvaro Díaz entiende que sus fans también quieren llorar
Quizá el mayor triunfo del concierto esté justamente ahí.
La gente no solamente fue a perrear.
Fue a sufrir.
Había personas llorando.
Parejas abrazándose.
Amigos gritándose canciones.
Morritas completamente destruidas emocionalmente.
Y un servidor que llevaba años esperando determinados momentos.
Me encanta que Álvaro Díaz entienda esa dimensión.
Que no piense el reggaetón únicamente desde el cuerpo.
También desde la memoria.
Porque muchas de las canciones que más terminamos queriendo no son necesariamente las que bailamos aquella noche, sino las que meses después quedan asociadas con una persona.
“¿Por qué ya no amamos como antes?”
Hay algo casi ridículo en la cantidad de romanticismo escondido dentro de buena parte de esta música.
Nos encanta hacernos los desinteresados.
“No me importa”.
“Ya pasó”.
“Estoy bien”.
Después suena determinada canción y todo el discurso se cae.
Creo que por eso Álvaro Díaz funciona.
Porque debajo de toda la estética, la ropa, el diseño y las referencias culturales existe alguien preguntándose cosas bastante sencillas.
¿Por qué esto no funcionó?
¿Por qué todavía te recuerdo?
¿Quién te va a querer de esta manera?
¿Por qué ya no amamos como antes?
Preguntas que pueden parecer cursis hasta que son exactamente las que tienes dentro de la cabeza.
Mi primer amor del reggaetón llenó tres Palacios
Probablemente ésta no sea la reseña más objetiva que he escrito.
Qué bueno.
No quiero que lo sea.
Hay conciertos que uno puede analizar únicamente desde sonido, iluminación, setlist y ejecución.
Y después existen artistas cuya música ya forma parte de tu propia historia.
Para mí, Álvaro Díaz está en el segundo grupo.
Fue una de las puertas que me permitió enamorarme del reggaetón y continúa siendo uno de los artistas que más disfruto dentro del género.
Lo he visto crecer.
Cambiar.
Construir discos cada vez más ambiciosos.
Y ahora llenar tres veces el Palacio de los Deportes.
Así que sí.
Estoy sesgado.
Muchísimo.
Pero también puedo decir que esa tercera noche tuvo concepto, narrativa, invitados extraordinarios, una producción bien utilizada y un catálogo suficientemente sólido para sostener más de treinta canciones sin que el concierto se sintiera como una obligación.
Para quienes todavía le ruegan a alguien que ya se fue
Quizá por eso conecto tanto con Álvaro Díaz.
Porque no siento que me juzgaría.
No siento que escucharía que estuve años rogándole emocionalmente a alguien y respondería con el clásico “ya supérala”.
Probablemente haría una canción.
Yo también he sido ese idiota.
He querido demasiado.
He insistido demasiado.
He tardado demasiado en dejar ir.
Y en la música de Álvaro Díaz encuentro a alguien que entiende que superar una relación no siempre ocurre cuando racionalmente sabes que terminó.
A veces tarda años.
A veces queda una canción.
A veces queda un disco completo.
Y a veces terminas rodeado por miles de desconocidos dentro del Palacio de los Deportes, gritando una letra sobre otra persona como si todos hubiéramos venido a terapia colectiva.
Quizá ése sea mi verdadero problema con Álvaro Díaz.
No solamente hace el reggaetón que quiero escuchar.
Hace el reggaetón que entiende exactamente el tipo de pendejo enamorado que soy.
Y, por desgracia para mi estabilidad emocional, lo hace demasiado bien.




