Kakkmaddafakka habla sobre Untitled, los 15 años de Hest, su regreso a México y la influencia de los años ochenta en su nuevo álbum.
Axel Vindenes habla sobre Untitled, los 15 años de Hest, la relación de Kakkmaddafakka con México y una gira latinoamericana que encuentra a la banda noruega mirando hacia el pasado sin dejar de pensar en lo siguiente.
Kakkmaddafakka celebra 15 años de “Hest” mientras demuestra que mirar hacia atrás no significa vivir en el pasado
Quince años pueden transformar completamente una banda. Cambian los escenarios. Las ciudades. Las personas frente a ellos. La manera de grabar.Los instrumentos.Incluso aquello que entendemos por éxito.
Pero para Axel Vindenes, recordar el lanzamiento de Hest todavía produce una sensación extraña. “Quince años se sienten como nada. Parece que fue ayer”.
En 2026, Kakkmaddafakka tiene razones suficientes para mirar hacia atrás.
Hest, uno de los discos fundamentales dentro de su historia y de su expansión internacional, cumple década y media. Al mismo tiempo, la banda originaria de Bergen acaba de publicar Untitled, su octavo álbum, y prepara la gira latinoamericana más grande de su trayectoria.
Pasado y presente están ocurriendo prácticamente al mismo tiempo.
Pero Kakkmaddafakka no parece interesado en convertir el aniversario en un monumento a lo que alguna vez fue.
Axel lo resume de otra forma:
“El futuro se ve brillante y el pasado ha sido un viaje increíble”.
Untitled: los ochenta como lenguaje atemporal
El nuevo álbum contiene una influencia inmediatamente reconocible. Los ochenta. Sintetizadores. Texturas.
Decisiones de producción asociadas con una década cuya estética lleva años reapareciendo dentro de la música contemporánea.
La palabra más fácil para describirlo sería nostalgia. Pero Axel no está completamente de acuerdo.
“No somos tan nostálgicos respecto a eso. Sentimos que son sonidos muy atemporales”.
Esa diferencia importa.
Kakkmaddafakka no busca reconstruir una década que sus integrantes añoran ni imitar una fotografía del pasado.
Simplemente existe algo dentro de aquellas herramientas que todavía les resulta emocionante.
Viejos sintetizadores, canciones nuevas
Parte del proceso nació también desde el estudio.
La banda trabajó con un productor particularmente hábil con sintetizadores, permitiéndoles entrar completamente en ese universo. Utilizar instrumentos y sonidos asociados con los ochenta se convirtió en una forma de experimentar. No en una restricción.
“Fue muy divertido estar dentro de ese universo utilizando sintetizadores antiguos e inspirándonos en canciones de los ochenta”.
El reto estaba en evitar que todo terminara funcionando como disfraz.
Porque después de más de dos décadas, Kakkmaddafakka ya posee suficientes características propias.
La energía. Los coros. La relación directa con el público.
Ese caos organizado que siempre parece estar a punto de desbordarse durante sus conciertos.
Los sintetizadores pueden cambiar. La banda continúa ahí.
15 años de “Hest” y la extraña velocidad del tiempo
Celebrar Hest implica regresar a otro Kakkmaddafakka. Un grupo que todavía estaba ampliando sus fronteras.
Un disco que ayudó a construir parte de la conexión internacional que actualmente permite anunciar giras a miles de kilómetros de Noruega.
Quince años después, esas canciones siguen formando parte de la relación con su público. Pero Axel no habla del aniversario con demasiada solemnidad.
Quizá porque para quienes permanecen constantemente en movimiento, la distancia entre un disco y otro se siente diferente.
Ensayos. Aeropuertos. Conciertos. Hoteles. Otra ciudad. Otro disco.
Y repentinamente pasaron quince años.
Lo que nadie les advirtió sobre estar en una banda
Después de más de veinte años de historia, le preguntamos algo sencillo: ¿qué nadie te cuenta cuando comienzas una banda? Axel tampoco necesitó demasiado tiempo para responder.
“Demasiados viajes”. Parece una broma. Probablemente también es una verdad bastante seria. Desde afuera, una gira significa conciertos. Desde dentro, significa horas moviéndose entre ellos.
Aeropuertos. Carreteras. Esperas. Pruebas de sonido. Hoteles. Regresar. Volver a salir.
Kakkmaddafakka ha convertido esos desplazamientos en parte habitual de su vida. Y Latinoamérica vuelve a estar dentro de la ruta.
México los recibió con los brazos abiertos
La relación con el público mexicano comenzó desde la primera visita. Axel todavía recuerda aquella sensación.
“Los mexicanos nos recibieron con los brazos abiertos”.
Después utiliza varias palabras para describir la experiencia: legendaria. Fantástica. Enorme. Años después, el vínculo sigue funcionando.
México se convirtió en uno de los territorios latinoamericanos donde la música de Kakkmaddafakka encontró una comunidad particularmente fiel.
Y hay algo curioso en ese encuentro.
Una banda creada en Bergen, ciudad noruega rodeada por montañas, lluvia y una realidad cultural aparentemente lejana a la mexicana, encuentra miles de personas al otro lado del mundo dispuestas a cantar sus canciones.
La música construyó el puente antes que ellos.
Un festival y un concierto propio no son la misma experiencia
Durante su nueva visita, Kakkmaddafakka tendrá oportunidad de encontrarse con públicos bajo formatos diferentes.
Por un lado, el festival.
Por otro, un concierto más concentrado en su propia comunidad.
Axel no considera uno superior al otro.
“Los conciertos grandes son muy divertidos y los pequeños también, pero de una manera diferente”.
En un festival existe la posibilidad de encontrarse con alguien que llegó esperando otro proyecto.
Una persona que quizá solamente conoce una canción. O ninguna. El show propio comienza desde otro punto. La audiencia ya decidió estar ahí específicamente por ti. El tiempo también cambia.
Axel adelanta que el set individual será probablemente más largo, aunque la selección mantendrá un equilibrio similar.
Canciones nuevas contra canciones que llevan años esperando
Cada nuevo disco crea un pequeño problema. La banda quiere tocarlo. El público quiere escuchar aquello que ama desde hace diez o quince años. ¿Cómo se resuelve?
Para Kakkmaddafakka, sin demasiados cálculos. Será una mezcla “natural”. Material nuevo junto a canciones que forman parte de su historia.
No parece existir intención de convertir la gira completamente en una presentación de Untitled ni de utilizar el aniversario de Hest como excusa para abandonar el presente.
Ambos pueden convivir.
Eso también es una trayectoria.
Si solamente pudiera sobrevivir una canción
Imaginemos una situación bastante dramática.
Mañana Kakkmaddafakka desaparece.
Toda su historia. Sus discos. Sus conciertos. Sólo podemos conservar una canción como prueba de que alguna vez existió.
¿Cuál escogería Axel?
“Forever Alone”.
¿Por qué? “Creo que es nuestra mejor canción”. Y después añade algo que explica mejor la elección. Es especial para la gente.
El legado de una banda no siempre se define mediante la composición técnicamente más ambiciosa. A veces está dentro de la canción que consiguió dejar de pertenecer exclusivamente a quienes la escribieron.
El adolescente que escucharía “Your Girl”
El ejercicio contrario consiste en viajar hacia atrás.
Si Axel pudiera entregarle toda la discografía de Kakkmaddafakka a su versión de 15 años, cree que sí la escucharía.
Y probablemente tendría una favorita:
“Your Girl”.
La explicación vuelve a ser sencilla.
“Creo que es una canción muy buena”.
No intenta construir una enorme teoría alrededor.
Y quizá ese pragmatismo también explique parte de la personalidad del grupo.
Después de veinte años, algunas respuestas no necesitan volverse más complicadas.
Te gusta una canción porque te sigue gustando.
Miles de personas ya no provocan demasiados nervios
También preguntamos si existe todavía algún pequeño momento antes de un concierto que consiga ponerlo nervioso. Axel responde que no demasiado. Después de tantos escenarios, esa ansiedad parece haberse reducido.
La experiencia hace eso. No elimina la importancia del concierto. Simplemente convierte ciertos rituales en territorio conocido.
Lo verdaderamente impredecible aparece una vez que comienza el intercambio con el público.
Especialmente en un país donde la reacción siempre ha sido intensa.
Una banda noruega terminando la noche con Los Ángeles Azules
Y entonces llegamos a la pregunta verdaderamente importante.
Terminó el concierto en México.
Son las tres de la mañana.
Kakkmaddafakka tiene el control de la música.
¿Qué ponemos?
Axel primero piensa.
Después aparece una palabra:
Y casi inmediatamente otro nombre.
Incluso intenta cantar una parte.
“Amor, amor, amor…”.
Probablemente no exista una respuesta más apropiada para explicar lo que ocurre cuando una banda extranjera mantiene durante años una relación con México.
Puedes venir con guitarras, sintetizadores y un catálogo de indie rock noruego.
Pero si permaneces suficiente tiempo, alguna madrugada terminará con cumbia.
Descubrir también forma parte de tocar en un festival
La participación dentro de un festival mexicano abre otra posibilidad para Axel. Encontrar música.
No tiene necesariamente una lista previa de artistas que quiera ver. Prefiere observar qué coincide con sus horarios y descubrir algo que no conozca.
Es una de las pocas ventajas de permanecer durante años dentro de los festivales: puedes recordar que también eres público. Escuchar. Encontrarte accidentalmente con otra banda.
Y quizá llevarte una nueva canción de regreso a Noruega.
No vivir del pasado para poder celebrarlo
Kakkmaddafakka podría dedicar 2026 completamente a la nostalgia.
Quince años de Hest son una excusa suficientemente buena.
Podrían reconstruir una época.
Tocar únicamente canciones conocidas.
Recordar cuando todo comenzó a crecer.
Pero en lugar de eso publicaron su octavo álbum.
Y además decidieron mirar hacia una década incluso anterior a la propia banda para encontrar herramientas con las que construir algo nuevo.
Hay una paradoja bonita ahí.
Untitled suena hacia atrás mientras Kakkmaddafakka continúa avanzando.
El futuro todavía parece brillante
Veinte años de banda. Ocho discos. Quince años desde Hest. Miles de kilómetros recorridos. Y demasiados viajes, según Axel.
Pero cuando habla sobre regresar a Latinoamérica no existe cansancio en su respuesta. Existe agradecimiento.
“Estamos muy agradecidos de poder volver a México”.
Después de tantos años, quizá ésa sea una de las pocas cosas que una banda realmente necesita conservar.
La capacidad de llegar otra vez a una ciudad conocida y todavía sentir ganas de subir al escenario. De tocar canciones viejas. Probar canciones nuevas. Encontrar algo que nunca habías escuchado en un festival.
Y, cuando todo termine, poner un poco de cumbia. Quince años pueden sentirse como ayer.
Pero Kakkmaddafakka todavía tiene demasiadas cosas que hacer mañana.




