Nunca Jamás presenta Las Malqueridas, su sexto álbum, y celebra el lanzamiento el 15 de agosto en el Lunario del Auditorio Nacional.
El trío sonorense estrena su sexto álbum y lo celebra el 15 de agosto en El Lunario con El Viejo Terruño, un espectáculo audiovisual inspirado en el Valle del Yaqui y la identidad de Ciudad Obregón.
Nunca Jamás le entrega el escenario a “Las Malqueridas”
Hay canciones que llegan en el momento correcto. Otras esperan durante años dentro de una libreta, una maqueta o algún rincón de la memoria hasta que la banda que las creó finalmente logra comprenderlas.
Nunca Jamás reunió a esas composiciones postergadas en Las Malqueridas, su sexto álbum de estudio. El disco llegará a plataformas el 6 de agosto y será celebrado nueve días después con una presentación en el Lunario del Auditorio Nacional.
El título transforma el rechazo en una fiesta.
Las malqueridas son aquellas canciones que durante algún momento no encajaron, fueron despreciadas o tuvieron que permanecer fuera de otros materiales. Ahora se sientan juntas a la mesa para reclamar el protagonismo.
“Es nuestro día, es nuestro momento”, explica el grupo al describir el concepto. La imagen es clara: una celebración donde las canciones olvidadas llegan sin pedir permiso, se acomodan del mismo lado y convierten la espera en un fiestón.
El resultado reafirma el lenguaje que Nunca Jamás ha construido durante más de una década. Guitarras pesadas, ritmos norteños, humor, melancolía cantinera y una identidad que no intenta esconder de dónde viene.
“Las Malqueridas”: canciones que siguieron cambiando junto con la banda
Nunca Jamás reconoce que no existió un plan maestro para determinar qué composiciones debían esperar y cuáles podían publicarse inmediatamente.
Las decisiones fueron ocurriendo como sucede con la vida.
Las personas cambian, el contexto se transforma y una canción que parecía no encontrar su sitio puede adquirir otro significado años después. Lo que antes no funcionaba dentro de un disco puede convertirse en el centro de una etapa nueva.
“Vas cambiando como persona y lo haces como te va diciendo el corazón”, explica la banda.
Ese proceso permite entender Las Malqueridas no como un archivo de descartes, sino como la recuperación de ideas que necesitaban otro momento para cobrar sentido. Las canciones no eran necesariamente inferiores. Simplemente todavía no habían encontrado la mesa correcta.
El álbum fue producido por Gerry Rosado y reúne ocho composiciones. Antes de su lanzamiento, el grupo presentó Para ser sincero, El Bichipari y La física del fracaso. El ciclo se completa con Respeto ya no nos queda, tema promocional que conserva la mezcla de irreverencia, fuerza y espíritu popular del trío.
El rock agropecuario como orgullo por el lugar de origen
Nunca Jamás ha definido su propuesta como rock agropecuario.
El término puede provocar una sonrisa, pero también contiene una postura artística seria. La banda no observa su procedencia como algo que deba ocultarse para entrar en los circuitos nacionales. La convierte en el centro de su música.
Ciudad Obregón aparece en su manera de hablar, caminar, bromear y relacionarse con el público. También en las historias, las costumbres, las celebraciones y la manera de entender la comunidad.
“Somos producto de una cultura”, resume el grupo.
Cuando los integrantes llegaron a la Ciudad de México en 2008, otras personas señalaban que todas sus conversaciones parecían comenzar y terminar en Sonora. Para ellos, la respuesta era sencilla: quien no entendía esa insistencia probablemente necesitaba visitar el lugar.
La banda convirtió ese orgullo en una bandera.
Su música no intenta representar una versión genérica de México. Parte de una región concreta, del Valle del Yaqui, de Ciudad Obregón y de una cultura en la que las fiestas, las cantinas, la comida, el humor y la convivencia forman parte de la identidad.
El rock agropecuario no siente vergüenza por el terruño.
Lo presume.
“El Viejo Terruño”: un concierto contado como una película
La presentación en El Lunario no será únicamente una ejecución completa del nuevo álbum.
Nunca Jamás llegará con El Viejo Terruño, el concepto escénico que ha acompañado su gira durante 2026. El espectáculo está construido como una sola pieza donde las canciones se conectan mediante fragmentos animados, luces, secuencias y una narrativa audiovisual.
La historia sigue a tres animales mágicos durante un recorrido por el Valle del Yaqui.
Cada bloque musical forma parte de ese relato, por lo que la banda no puede modificar el repertorio de manera improvisada. Las canciones, las luces, los videos y las transiciones se encuentran sincronizados para construir una especie de cortometraje interpretado en vivo.
Por esa razón, Las Malqueridas no será ejecutado completamente durante el concierto. Algunos temas podrán incorporarse a lo largo del resto de la gira, pero la prioridad en El Lunario será respetar la historia de El Viejo Terruño.
La decisión demuestra que Nunca Jamás piensa cada ciclo como algo más amplio que una colección de canciones.
Cada año construyen un concepto distinto. Antes llegaron La orden agrarista,Los agrogodines,Los agrópatas anónimos y La secta grosera. En diciembre cierran la etapa con una presentación en Ciudad Obregón y comienzan a preparar el siguiente universo.
La música como una forma de contar Sonora
Para los integrantes, la influencia de su ciudad no aparece solamente en los ritmos regionales.
También existe en la actitud.
Nunca Jamás habla de aventarse de cabeza, probar algo sin saber exactamente cómo terminará y conservar la capacidad de hacer comunidad. Es una manera de enfrentarse a una carrera que comenzó en un lugar con poca infraestructura para la industria musical.
Ciudad Obregón tiene menos de 400 mil habitantes y durante años ofreció pocas rutas claras para construir una trayectoria profesional. Aun así, el grupo encontró bares, cantinas, fiestas y pequeños escenarios donde comenzó a desarrollar su identidad.
Con el tiempo llegaron los festivales, las giras nacionales y las presentaciones junto a Christian Nodal en Estados Unidos. Pero el origen continúa apareciendo en cada paso.
El grupo no busca abandonar su región para parecer más grande.
Busca llevarla consigo.
Las epifanías que confirmaron el camino
Cada integrante recuerda de manera distinta el momento en que comprendió que la música podía ser algo más que una afición.
Para Omar Sáinz, una de las revelaciones ocurrió en un bar de Ciudad Obregón llamado El Conde. Después de terminar sus estudios y dudar sobre la posibilidad de dedicarse profesionalmente a la música, vio tocar a una banda local y comprendió que, si no lo intentaba, terminaría preguntándose durante años qué habría ocurrido.
La conclusión fue directa: dejar de hacerse tonto y comenzar una banda en serio.
En otro caso, la imagen apareció mediante los videos de MTV, el glam rock, el grunge y los conciertos de agrupaciones como Poison. Después llegó la Rocola Coca-Cola, una gira móvil que recorría ferias y convertía un camión en escenario.
Ver a otras bandas dentro de esa estructura provocó una pregunta fundamental: si ellos podían hacerlo, ¿por qué alguien de Ciudad Obregón no podría aspirar a lo mismo?
Para César Bernal, la música estuvo presente desde la infancia. En su colonia había músicos ensayando a pocos metros de su casa. Conversar con alguien que tocaba el bajo, la batería o el teclado se sentía como encontrarse con una estrella internacional.
No necesitó imaginar inmediatamente una carrera.
Primero apareció la admiración.
Después, la necesidad de formar parte de ese mundo.
El primer sold out de Nunca Jamás
Uno de los momentos más importantes de la banda ocurrió en un pequeño karaoke de Ciudad Obregón.
Nunca Jamás ya existía y sus integrantes vivían en la Ciudad de México, pero regresaban a Sonora durante las vacaciones para organizar conciertos. Después de insistir para conseguir una fecha, lograron presentarse en un espacio con capacidad aproximada para 150 personas.
El lugar se llenó.
Había fila en el exterior.
Para una banda local de rock, observar aquel pequeño recinto completamente ocupado fue una confirmación enorme.
No importaba que todavía estuvieran lejos de los grandes festivales o de un escenario como El Lunario. Habían conseguido reunir a una comunidad alrededor de sus canciones.
“Sí podemos hacer esta madre”, recuerda el grupo.
El concierto del 15 de agosto es parte de la misma historia, sólo que en una escala diferente.
¿Qué pensaría Nunca Jamás a los 15 años?
Al imaginar la reacción de sus versiones adolescentes frente a la música de Nunca Jamás, las respuestas se dividen entre el entusiasmo y la resistencia juvenil.
Algunos creen que habrían conectado inmediatamente con la diversidad del proyecto, las guitarras pesadas, la fuerza de las baterías y la mezcla de géneros.
Otro integrante reconoce que su versión adolescente habría podido rechazar la banda precisamente por su popularidad entre personas con gustos distintos. Durante esa edad, la necesidad de parecer auténtico y underground puede llevar a desconfiar de cualquier música compartida por públicos amplios.
Sin embargo, la historia del grupo probablemente habría resultado inspiradora.
Tres músicos de Ciudad Obregón construyendo una banda, saliendo de su ciudad y llevando una mezcla de rock y cultura norteña a escenarios cada vez mayores.
El adolescente tal vez discutiría con algunas canciones.
Pero reconocería la posibilidad.
Nunca Jamás en el Lunario del Auditorio Nacional
La presentación del 15 de agosto reunirá la narrativa de El Viejo Terruño, canciones de distintas etapas y parte del universo de Las Malqueridas.
El Pony Express y Pinacate serán los encargados de abrir la noche.
El concierto también funcionará como una celebración del recorrido de una banda que pasó de tocar en bares y karaokes de Ciudad Obregón a presentarse en uno de los recintos más importantes de la capital mexicana.
No será una despedida del origen.
Será otra manera de traerlo al centro.
Porque el terruño no siempre es el lugar donde permanecemos.
A veces es aquello que llevamos en la voz, en el humor y en las canciones, sin importar cuántos kilómetros hayamos recorrido.
Las Malqueridas esperaron durante años para encontrar su momento.
Ahora llegan acompañadas por tres músicos que también tuvieron que insistir, viajar y aventarse de cabeza antes de encontrar el suyo.


