Margaritas Podridas presenta su nueva etapa con “Metales Pesados”, explorando su evolución sonora y el poder del ruido en vivo.
Entre distorsión, nostalgia adolescente y evolución sonora, la banda sonorense reafirma su identidad desde el caos controlado del ruido.
Margaritas Podridas en CDMX: crecer sin perder el ruido
Hay bandas que nacen con una intención clara. Otras, simplemente ocurren. Margaritas Podridas pertenece a ese segundo grupo: proyectos que no se planean como destino, sino como consecuencia. Una amistad en la preparatoria, el descubrimiento compartido de bandas como Nirvana, y la necesidad casi instintiva de hacer ruido. Literalmente.
Carolina Enríquez lo recuerda sin adornos: no había una visión estratégica ni una ambición calculada. “Nomás queríamos tocar y ya”, dice. Lo demás vino después. Primero los patios, luego las casas, después los escenarios. Y eventualmente, una identidad.
Esa naturalidad —ese crecimiento sin prisa pero sin pausa— es lo que hoy define a Margaritas Podridas como una de las propuestas más sólidas de la escena independiente mexicana.
El origen: cuando el ruido era solo un juego
La historia comienza como muchas otras dentro del rock: adolescentes encontrándose en la música. Carolina y Sofía, conectadas por un gusto compartido, deciden formar algo propio sin saber exactamente qué estaban construyendo.
No había un plan. No había expectativas. Solo una urgencia creativa.
Con el paso del tiempo, la banda fue mutando. Integrantes que entraban y salían, roles que cambiaban —como el caso de Rafael Armenta, quien pasó de batería a guitarra—, y una constante: la permanencia de ese núcleo original que nunca soltó el proyecto.
Hoy, con la incorporación de Erubiel Cuen en la batería y el regreso de Sofía a la alineación activa, Margaritas Podridas parece cerrar un círculo. No como un final, sino como una reafirmación.
“Metales Pesados”: el presente como declaración
Si algo tienen claro actualmente es que su música vive en el presente. No en la nostalgia de lo que fueron ni en la expectativa de lo que podrían ser.
Su más reciente material, “Metales Pesados”, funciona como una fotografía del ahora: un sonido más definido, más trabajado, pero sin perder la crudeza emocional que los caracteriza.
Carolina lo resume de forma directa: lo importante es que la gente conecte con “lo que estamos haciendo ahorita”.
Ese énfasis no es menor. En una escena donde muchas bandas cargan con el peso de sus primeras etapas, Margaritas Podridas parece interesada en algo más honesto: evolucionar sin pedir permiso.
Margaritas Podridas y el valor del directo
Aunque el disco es importante, hay algo que la banda deja entrever con claridad: su verdadero lenguaje ocurre en vivo.
Para ellos, el escenario no es solo una extensión del estudio, sino un espacio donde la música adquiere otra dimensión. De hecho, plantean algo interesante: que quienes no los conocen los escuchen primero en vivo antes que en plataformas.
Una declaración que rompe con la lógica actual del consumo musical.
“Que su primera impresión sea escucharnos en vivo sin esperar algo en específico”, comentan.
Hay algo casi romántico en esa idea. Como si quisieran devolverle al concierto su carácter de experiencia irrepetible, lejos del algoritmo y más cerca del cuerpo.
El sonido: entre la distorsión y la memoria
Hablar de Margaritas Podridas implica hablar de capas. De guitarras que no solo suenan, sino que envuelven. De bajos que no acompañan, sino que empujan. De una voz que no busca perfección, sino verdad.
Su música dialoga con el grunge, el shoegaze, el noise y el punk, pero no se queda en la referencia. Lo interesante es cómo esas influencias se transforman en algo propio: un sonido que no intenta ser limpio ni complaciente.
En canciones como “Pólvora”, “Metales Pesados” o “Quema los recuerdos”, hay una constante emocional: la intensidad.
No como pose, sino como necesidad.
La adolescencia como espejo creativo
Una de las reflexiones más reveladoras de la conversación surge cuando se les pregunta si su versión adolescente conectaría con la música que hacen hoy.
La respuesta es inmediata: sí.
Pero no desde el ego, sino desde la coherencia.
Hay algo profundamente honesto en esa continuidad. No están tratando de reinventarse constantemente para encajar, sino de afinar lo que siempre han sido.
Carolina imagina a su yo adolescente descubriendo su propia banda en MTV o Telehit y sintiendo esa chispa que alguna vez la llevó a crear música. Eruviel, por su parte, reconoce que el sonido actual habría sido exactamente el tipo de música que quería escuchar a los 15 años.
Esa conexión con el pasado no es nostalgia: es validación.
Evolución sin fórmula
A diferencia de muchos proyectos que trazan estrategias claras, Margaritas Podridas ha crecido de forma orgánica. Sin fórmulas, sin manuales, sin obsesión por el “siguiente paso correcto”.
La profesionalización llegó, sí. Pero no como objetivo inicial, sino como consecuencia de hacer las cosas una y otra vez.
Ese proceso ha permitido que la banda encuentre un equilibrio entre espontaneidad y estructura. Entre la emoción cruda y la ejecución precisa.
Hoy, su setlist —“al 98% listo”, como dicen— refleja justamente eso: una mezcla entre lo nuevo y lo viejo, entre lo que los define ahora y lo que los trajo hasta aquí.
El ruido como lenguaje emocional
Más allá de etiquetas o géneros, Margaritas Podridas trabaja con una materia prima específica: la emoción.
El ruido, en su caso, no es un recurso estético. Es una forma de decir lo que no cabe en palabras limpias.
Hay enojo, hay nostalgia, hay energía contenida. Pero sobre todo, hay una intención clara de no suavizar lo que se siente.
En un contexto donde gran parte de la música tiende a la pulcritud, su propuesta resulta casi necesaria.
Permanecer en el ruido
Quizá lo más interesante de Margaritas Podridas no es su sonido, sino su forma de habitarlo.
No buscan ser la banda más grande, ni la más innovadora, ni la más visible. Buscan ser fieles a ese impulso inicial que los hizo empezar: tocar.
Y en ese gesto, aparentemente simple, hay una resistencia silenciosa.
Porque en una industria que exige resultados inmediatos, ellos siguen apostando por el proceso. Por el ensayo. Por la carretera. Por el error.
Por el ruido.
Y a veces, eso es lo único que permanece.
La banda mexicana Margaritas Podridas se presentará el próximo 09 de mayo en el Fuck Off Room, en una noche dedicada al ruido, la distorsión y la intensidad alternativa.
- Margaritas Podridas
- Fecha: 09 de Mayo
- Boletos disponibles a través de Superboletos
- 📍 Fuck Off Room: Diagonal Patriotismo 6, Col. Hipódromo Condesa, CDMX

