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Todo empezó con puras mentiras; se anunció que Guns n Roses se presentaría en México por 4a. ocasión.

Muchos emocionados hardcore fans compraron sus boletos en preventa y para los días pactados. Algunos llegaron temprano para tener un buen lugar y ver a la banda que formó gran parte del soundtrack de su adolescencia. La 1er. mentira que fue revelada es que quien se presentó en el Palacio de los Deportes no fue Guns n’ Roses como la conocimos hace ya más de 20 años. La segunda: los shows se presentaron en fechas distintas a las anunciadas. Si hubiésemos puesto atención en 1988 cuando salió el disco Gn’R Lies, las mentiras no nos sorprenderían. Pero no lo hicimos y caímos.

Siendo aproximadamente las 00:30 hrs. del 20 de octubre, las luces del Palacio se apagaron. Los fans que “echaban pestaña” en el piso del domo de cobre se levantaban como si un despertador llamado Chinese Democracy los aventara de su cama de cemento, anunciando: “Si, ¡ya es hora!”. Era el “momento de la verdad”; ¿Podría Axl Rose, uno de los personajes más polémicos de la historia del rock, amado por muchos y repudiado por varios más, cumplir con lo prometido a los de 10,000 hardcore fans, posers, invitados de medios y colados? Ya era su 2da. noche en México. Sin embargo, en las redes sociales no se tocaba el tema como uno “del momento”; pocos hablaban del asunto. ¿Qué había pasado una noche antes? Sólo supimos que Axl se cayó “a la JuanGa”. Para los que no teníamos la mínima curiosidad de estar ahí, no llamó la atención “el poco ruido” que había hecho el tema.

guns n roses

No esperábamos que el ruido lo tendríamos encapsulado en una esfera de cobre, sólo para nosotros.

Las verdades empezaron a caer; Para el Sr. Rose, fue muy fácil evitar el reclamo de casi 2 horas de espera (mas los 3 abridores) y se jactó desde las primeras canciones; It’s so easy, nos dijo. También demostró a base de repetidas pausas para “oxigenarse”, que a pesar de su degradada complexión física y el tropezón que dio un día antes, todavía domina un escenario de Arena Rock como un gran rockstar. Mr. Brownstone sería otra canción con la que los hardcore fans se extasiaron y olvidarían al menos por las siguientes 3 horas que llegando a sus casas sólo tendrían tiempo de bañarse para “empezar” una nueva jornada.

El Sr. Rose & Co. sabe otra verdad fácil de entender: una estrategia debe ser y parecer perfecta. Intentaré descifrarla para ustedes:

“Cansa y desespera a tus fans, para que al salir lo único que querrán será explotar y después, dales lo que prometiste. Arma un setlist compuesto por los clásicos que te hicieron grande, no escatimes, para que de vez en cuando te des gusto con esas canciones que mueres por tocar y que podrán aprovechar para beber algo o ir al baño. Contrata músicos que puedan tocar canciones perfectas a la perfección, y déjalos sentirse parte de algo grande, que toquen interminables (pero virtuosos) solos para que puedas darte tus breaks y a final, llévalos a la Ciudad Paraíso”.

Yo no planeaba ir. Tenía prejuicios,  pero ¿Cómo no hacerlo? Fui invitado de última hora. Hoy no puedo evitar reírme de los que pagaron un boleto y fueron a pararse horas sólo para escuchar “Sweet Child” (hubo muchos así). Muchos otros lo disfrutaron. Yo lo disfruté. Escuchar cómo retumba en el estómago la batería de “You Could be mine” o identificarte con la magistral “Estranged” son experiencias de esas que nunca se olvidan. Confieso que en muchos momentos cerré los ojos, sólo para escuchar, pues es difícil no imaginar a Slash en esos solos (y más cuando un copycat de Slash los ejecuta). Cabe mencionar que Axl esta vez no se equivocó, no se cayó y hasta (por fin) hizo un chiste que sí me dio risa.

No sé si fue la nostalgia, el hecho de haber llegado sólo a verlos a ellos o el ambiente que se “respiraba”. Tal vez fue el hecho de acudir con uno de mis mejores amigos o la combinación Jack Daniels/crepa de nutella. Sin embargo, sin mucho esfuerzo, Mr. Rose & Co. lograron convencerme de 3 verdades: El show valió mucho la pena. Sonó como tiene que sonar un concierto de rock.

Axl Rose, Dizzy Reed & Co. no son Guns n’ Roses, pero si suenan a Guns n’ Roses.

O tal vez soy un forever…

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