Pulso GNP 2026 reunió a Robbie Williams, Caifanes, Travis y Kevin Kaarl en Querétaro. Una gran edición con horarios todavía mejorables.

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Pulso GNP 2026 cumplió en Querétaro, aunque sus horarios hicieron competir a quienes menos necesitaban hacerlo

Robbie Williams, Caifanes, Travis y un sorprendente Kevin Kaarl encabezaron una edición sólida de Pulso GNP, en un festival que volvió a demostrar por qué se ha convertido en una de las citas musicales más importantes de Querétaro, aunque todavía tiene espacio para mejorar su distribución de horarios, representación femenina y diversidad de géneros.

Pulso GNP 2026 confirmó que Querétaro ya tiene un festival que puede jugar en las grandes ligas

El pasado 10 de octubre, Querétaro volvió a vivir una de las fechas musicales más importantes de su calendario con una nueva edición de Pulso GNP. Y después de recorrer sus tres escenarios, sobrevivir al clima, tomar decisiones dolorosas entre artistas empalmados y terminar la noche con algunos de los nombres más grandes del cartel, mi sensación sigue siendo prácticamente la misma que en otros años: Pulso es un festival que cumple.

No necesariamente porque todo salga perfecto. De hecho, esta edición tuvo una decisión de programación que me pareció especialmente cuestionable y que terminó afectando a varios de los proyectos más pequeños. Pero incluso con eso, el festival sigue teniendo dos enormes virtudes: el Autódromo de Querétaro funciona muy bien como espacio y la curaduría permite que públicos de distintas generaciones encuentren suficientes razones para permanecer ahí durante prácticamente todo el día.

Esta vez, además, los headliners estuvieron particularmente bien colocados. Travis, Caifanes y finalmente Robbie Williams ocuparon el escenario principal sin obligarnos a correr desesperadamente de un extremo al otro para intentar verlos. Eso debería parecer una obviedad, pero cualquiera que frecuente festivales sabe que no siempre ocurre.

El Autódromo de Querétaro sigue siendo una de las decisiones del Pulso

Hay festivales donde el tiempo entre escenarios parece una disciplina olímpica. Aquí no.

La disposición de Pulso permite imaginar los escenarios como una especie de triángulo. El principal ocupa uno de los extremos y los otros dos permanecen suficientemente cerca entre sí como para desplazarte sin sentir que perdiste media presentación en el trayecto. Para quienes tenemos esa mala costumbre de querer escuchar aunque sea algunas canciones de prácticamente todo, esto resulta especialmente cómodo.

El problema apareció cuando los horarios comenzaron a competir directamente.

Bruses y Electrify tocaron al mismo tiempo. Después ocurrió algo todavía más complicado con José Madero y Los Claxons. Más tarde, Fobia y La Gusana Ciega se enfrentaron directamente por la atención del público.

Sí, los empalmes son inevitables. Un festival tiene varios escenarios precisamente porque necesita música ocurriendo simultáneamente. Pero existe una diferencia entre generar alternativas y colocar enfrentamientos demasiado desequilibrados.

Cuando el escenario pequeño parece condenado desde el horario

La Carpa Tecate funcionó claramente como el escenario de menor tamaño y, en buena medida, como espacio para propuestas más recientes.

Ahí estuvieron La Texana, Electrify y Malcriada, tres nombres que todavía están construyendo audiencias mucho más amplias. Más tarde llegarían propuestas consolidadas como Los Claxons y La Gusana Ciega, antes del cierre electrónico con Deorro.

No existe ningún problema en utilizar un escenario pequeño para presentar proyectos nuevos. Al contrario: uno de mis elementos favoritos de los festivales es precisamente entrar a ver algo sin saber absolutamente nada y salir con una nueva banda guardada en Spotify.

El problema aparece cuando al artista emergente también le asignas un rival considerablemente más grande exactamente al mismo tiempo.

Electrify, por ejemplo, tuvo público y consiguió defender perfectamente su presentación, pero competía directamente con Bruses, una artista que actualmente posee un nivel de convocatoria y reconocimiento superior. Y aquí aparece otra cosa que vale la pena cuestionar: en un cartel donde la representación femenina tampoco era particularmente abundante, hacer competir simultáneamente a dos de las mujeres programadas se siente como una oportunidad desperdiciada.

No significa que no pueda ocurrir nunca. Simplemente, si ya tienes pocas propuestas femeninas, sería interesante permitir que el público pudiera descubrir a más de una sin obligarlo a escoger.

José Madero contra Los Claxons fue un empalme difícil de justificar

El caso más evidente fue José Madero frente a Los Claxons.

Hay que decirlo sin demasiados rodeos: actualmente José Madero mueve una cantidad enorme de público y era bastante predecible que buena parte de los asistentes se dirigiera hacia su escenario. Eso no convierte a Los Claxons en una banda pequeña, pero sí crea una competencia considerablemente desigual.

Aquí habría funcionado algo tan sencillo como desplazar diez o quince minutos alguno de los horarios.

Esa pequeña ventana cambia completamente la experiencia. Permite escuchar el comienzo de un artista antes de moverte o llegar al cierre del otro. Muchos festivales utilizan precisamente esos desfases para mantener circulación constante entre escenarios.

Pulso hizo eso bastante bien con el escenario principal, pero no siempre con los secundarios.

Y lo mismo ocurrió más tarde con Fobia y La Gusana Ciega.

Ambas tienen suficiente historia, repertorio y seguidores como para sostener su propio público. Precisamente por eso habría sido maravilloso no tener que decidir.

Kevin Kaarl me hizo aceptar que lo había subestimado

Ahora hablemos de uno de los momentos que más me sorprendieron.

Kevin Kaarl.

Voy a admitir mi prejuicio antes de intentar disfrazarlo de análisis musical: pensé que el escenario principal podía quedarle demasiado grande.

Me equivoqué.

Y bastante.

La cantidad de gente reunida para escucharlo fue enorme y, todavía más importante, su música consiguió llenar el espacio sin necesidad de convertirse artificialmente en algo gigantesco. No necesitó traicionar la intimidad de sus canciones para justificar estar sobre el escenario principal.

Su voz fue uno de los elementos que más me impresionaron durante el día.

Existe una diferencia considerable entre escuchar una voz correctamente producida dentro de un disco y descubrir que, frente a miles de personas, conserva exactamente aquello que te llamó la atención originalmente.

Kevin Kaarl consiguió eso.

Y alrededor había tanto seguidores que conocían cada canción como personas que, igual que yo, se acercaron con curiosidad y terminaron prestándole mucha más atención de la esperada.

Eso también debería hacer un festival: demostrarte que estabas equivocado sobre alguien.

Travis y Caifanes hicieron que el escenario principal se sintiera verdaderamente principal

Después llegaron los nombres grandes y, este año, Pulso tuvo una ventaja respecto a otras ediciones: difícilmente podía discutirse quiénes eran los artistas destinados a dominar el escenario principal.

Travis funcionó perfectamente durante la transición hacia la noche. Es una banda con décadas de experiencia y con ese tipo de catálogo que puede reunir tanto a quien conoce profundamente su discografía como a quien solamente esperaba escuchar determinadas canciones.

Después, Caifanes hizo lo que Caifanes lleva haciendo durante años: demostrar que hablar de “nostalgia” ya no alcanza para explicar su convocatoria.

Hay demasiadas generaciones distintas observándolos.

Personas que escucharon esas canciones cuando fueron publicadas, gente que creció oyéndolas en casa y jóvenes que comenzaron a descubrirlas décadas después. Cuando ese fenómeno ocurre, la banda deja de pertenecer exclusivamente al recuerdo de una época.

Sigue siendo presente.

Pulso entendió perfectamente eso.

Robbie Williams necesitaba tiempo y Pulso se lo dio

Finalmente llegó Robbie Williams.

Y aquí probablemente encontramos una de las razones por las que el escenario principal tuvo un headliner menos que en otras ediciones: su presentación necesitaba espacio.

No fue un problema.

Al contrario.

Si vas a colocar a un artista de ese tamaño cerrando un festival, tiene sentido permitirle desarrollar un espectáculo considerablemente más cercano a un concierto propio que a una aparición comprimida de cuarenta minutos.

El escenario Vivir es increíble cumplió perfectamente con esa función.

Después de Kevin Kaarl, Travis y Caifanes, terminar con Robbie Williams hizo que el recorrido del principal se sintiera verdaderamente construido alrededor de artistas capaces de sostener audiencias grandes durante distintas etapas del día.

Para mí, ahí estuvo uno de los mayores aciertos de Pulso 2026.

La lluvia apareció, porque octubre en Querétaro tenía que recordarnos dónde estábamos

El clima tampoco quiso permanecer completamente al margen.

Durante las primeras horas apareció lluvia y el panorama se mantuvo bastante gris. No fue una tormenta capaz de paralizar actividades, pero sí suficiente para recordarnos una realidad que quienes frecuentan festivales durante estos meses conocemos demasiado bien: hay que prepararse para absolutamente todo.

Querétaro también tiene una temperatura considerablemente distinta a Ciudad de México, especialmente conforme avanza la noche.

Afortunadamente, las condiciones terminaron mejorando y el clima no definió negativamente la experiencia.

Más que arruinar la jornada, terminó convirtiéndose en otra de esas pequeñas pruebas que un festival siempre coloca entre nosotros y la siguiente banda.

Pulso tiene una identidad muy clara, pero podría abrirla todavía más

Musicalmente, Pulso mantiene una inclinación evidente hacia rock, pop, indie y música alternativa.

Y funciona.

Caifanes, Fobia, DLD, José Madero, La Gusana Ciega, Los Claxons, Bruses, NSQK y el resto construyen un espectro suficientemente amplio dentro de ese universo.

Me gusta también que exista espacio para propuestas que rompan parcialmente esa lógica. En ediciones anteriores ocurrió con artistas como Nathy Peluso, mientras este año NSQK representó perfectamente una generación que entiende la música alternativa desde códigos distintos a los del rock tradicional.

Pero precisamente porque el festival ya posee una identidad tan sólida, creo que podría permitirse arriesgar un poco más.

¿Y si Pulso se atreve con el regional mexicano?

Uno de mis compañeros lanzó una pregunta que inicialmente puede sonar extraña:

¿Por qué no traer a Intocable?

Mientras más lo pienso, más me gusta.

No estoy diciendo que Pulso deba convertirse en ARRE ni abandonar aquello que lo caracteriza. Tampoco tendría sentido colocar cinco proyectos de corridos tumbados simplemente porque el género está creciendo.

Pero el regional mexicano es demasiado amplio para reducirlo a una sola escena.

Intocable, Pesado o propuestas similares podrían integrarse perfectamente dentro de un festival donde el público ya está acostumbrado a guitarras, canciones populares y repertorios generacionales.

Incluso me atrevería a explorar un cuarto escenario más pequeño dedicado parcialmente a música mexicana, siempre que eso venga acompañado de una programación más extensa y no de sacrificar todavía más los horarios de los otros escenarios.

Pulso está en una posición interesante: ya no necesita demostrar que puede reunir público en Querétaro. Ahora puede comenzar a preguntarse hasta dónde puede ampliar su identidad sin perderla.

Y todavía necesitamos más mujeres

La otra oportunidad es mucho más evidente.

Más mujeres.

No como cuota simbólica y tampoco porque falten proyectos con capacidad para estar ahí.

Todo lo contrario.

Existen suficientes artistas mexicanas y latinoamericanas haciendo rock, pop, electrónica, indie y géneros alternativos como para construir una representación considerablemente mayor.

Bruses, Malcriada y Electrify demostraron que ese espacio existe.

Ahora hay que ampliarlo.

Y, de ser posible, no programarlas simultáneamente.

Pulso GNP volvió a cumplir

Mis principales críticas hacia esta edición están concentradas en los horarios.

No en el cartel.

No en el recinto.

Mucho menos en el desempeño de los artistas.

El Autódromo de Querétaro continúa siendo un espacio cómodo dentro de lo que significa asistir a un festival grande. Las distancias son razonables, la distribución permite moverse con relativa facilidad y el escenario principal este año tuvo una programación particularmente poderosa.

Además, me quedo con haber descubierto en vivo el tamaño real que ya tiene Kevin Kaarl, con volver a comprobar el peso generacional de Caifanes, con Travis funcionando perfectamente mientras caía la tarde y con Robbie Williams recibiendo el tiempo que un headliner de su tamaño necesitaba.

Pulso podría acomodar mejor sus horarios.

Podría sumar más mujeres.

Podría comenzar a jugar con otros géneros.

Incluso podría preguntarse si ha llegado el momento de crecer un poco más.

Pero hay una base suficientemente sólida para exigirle esas cosas precisamente porque el festival ya funciona.

A estas alturas, Pulso GNP no parece simplemente un evento que visita Querétaro una vez al año.

Se siente como un festival que la ciudad ya hizo suyo.

Y este 2026, aunque nos obligó a tomar algunas decisiones que preferíamos evitar, volvió a cumplir.

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