Gepe presenta ORO, un álbum con diez reversiones y colaboraciones que recupera más de veinte años de canciones sin caer en la nostalgia.
Gepe vuelve a fotografiar sus propias canciones en “ORO”: “No quiero celebrar el paso del tiempo”
El cantautor chileno revisita más de dos décadas de música sin buscar versiones definitivas ni mejores. En ORO, las canciones vuelven al estudio como si fueran interpretadas por primera vez, acompañadas por nuevas voces, arreglos y pequeñas piezas que dialogan con su historia.
Gepe no quería hacer un disco de nostalgia y terminó encontrando una forma de borrar el tiempo
Imaginemos que cada disco funciona como un álbum de fotografías. Cada canción conserva una edad, determinadas personas alrededor, una manera de cantar, los instrumentos disponibles y la versión exacta de quien la escribió en ese momento. Veinte años después podríamos regresar a mirar esas imágenes y simplemente recordar. Gepe decidió hacer algo distinto: buscar a esas mismas canciones y volverles a tomar una fotografía.
Esa es probablemente la mejor manera de comprender ORO, su nuevo álbum.
El músico chileno eligió diez composiciones provenientes de diferentes momentos de su carrera y regresó al estudio con una condición bastante peculiar: las nuevas grabaciones no debían sentirse como reinterpretaciones conscientes de un clásico, ni como intentos de superar el original. Tenían que sentirse como canciones que acababan de aparecer.
“Era como si estuvieran siendo grabadas por primera vez”, explica.
Por eso ORO no es exactamente una recopilación, tampoco un disco de grandes éxitos y mucho menos una celebración nostálgica por llevar más de dos décadas haciendo música. Es un experimento sobre algo mucho más extraño: descubrir qué partes de una canción pueden sobrevivir cuando eliminamos la obligación de respetar el recuerdo.
La primera regla fue no escuchar las versiones originales
El proceso parece casi contradictorio. Si vas a regrabar una canción antigua, la reacción natural sería regresar al original para estudiar qué funcionaba, qué podría mejorarse y qué debería permanecer intacto.
Gepe hizo prácticamente lo contrario.
Durante la preparación de ORO, él y su equipo evitaron utilizar las grabaciones antiguas como referencia. Incluso algunas letras cambiaron ligeramente porque el objetivo nunca fue reproducirlas con exactitud.
“No nos interesaba hacer una mejor versión. Por supuesto tampoco una peor, pero no nos importaba competir con la primera”.
El criterio de selección apareció durante los ensayos. Si inevitablemente regresaban al arreglo conocido, la canción quedaba fuera. Si comenzaban a tocar y surgía naturalmente otra cosa, había encontrado su lugar.
Uno de los casos que no consiguió superar esa prueba fue Hambre, incluida originalmente en Estilo Libre. Intentaron cambiarla, ensuciarla, girarla y buscarle distintas formas, pero la versión anterior seguía apareciendo mentalmente. La canción estaba demasiado asociada con aquella primera fotografía.
No entró.
Eso explica también por qué el repertorio de ORO no pretende representar objetivamente “lo mejor” de Gepe. No necesariamente están las diez canciones más populares. Están aquellas que permitieron volver a empezar.
“Fruta y té” necesitaba a Alanys Lagos para volver a encenderse
Con otras canciones, la transformación apareció gracias a alguien más.
Fruta y té parecía encaminada hacia el mismo problema. Existía un nuevo arreglo, pero conforme el resto del álbum avanzaba comenzó a sentirse menos fresco. La versión original seguía teniendo más fuerza.
Entonces apareció Alanys Lagos, artista chilena vinculada a la cumbia ranchera.
Su incorporación modificó el camino del tema y llevó el arreglo hacia terrenos cercanos a la cumbia y la chicha. De pronto la composición volvió a sentirse viva.
Ese ejemplo explica otra de las grandes ideas detrás de ORO: Gepe no invitó colaboradores únicamente para colocar nombres reconocibles junto a las canciones. Permitió que entraran verdaderamente dentro de ellas.
En muchos casos les mandó varias opciones y fueron los propios artistas quienes escogieron.
Silvana Estrada eligió Hablar de ti. Alex Ferreira quiso Por la ventana. Con Macario Martínez, en cambio, Gepe tenía bastante claro que Los barcos debía ser el punto de encuentro.
Y después les dio libertad.
“Canten como quieran”.
Alex Ferreira optó por acercarse más a la melodía conocida. Silvana Estrada transformó considerablemente su participación. Para Gepe, precisamente esas diferencias hicieron que el disco adquiriera otra sensación de novedad. Pasted text
Gepe nunca ha entendido sus discos como obras hechas completamente solo
Esa libertad podría resultar incómoda para un compositor demasiado protector con sus canciones.
No parece ser el caso.
Gepe entiende su trayectoria desde la colaboración, incluso mucho antes de comenzar a compartir créditos vocales con otros artistas. Recuerda que su primer EP, 5×5, necesitó de su amigo Pablo Flores, simplemente porque él tenía una computadora y un micrófono que Gepe no poseía ni sabía utilizar.
Después vendrían músicos, fotógrafos, productores, diseñadores, gente de prensa y muchas otras personas que terminarían dejando algo dentro de cada etapa.
“Aprender de los otros es fundamental”.
Para él, colaborar no significa solamente repartir versos. También ocurre cuando alguien incorpora un instrumento cuya reacción el compositor no puede predecir, propone una imagen o introduce una idea que desestabiliza el camino previamente imaginado.
Ese pequeño vértigo es parte del atractivo.
Gepe reconoce incluso que necesita trabajar con muchas personas precisamente porque busca esos estímulos externos, la posibilidad de que alguien coloque algo dentro de una canción y la empuje hacia un lugar que él nunca habría encontrado por sí mismo.
Los paréntesis esconden pequeñas canciones dentro de las canciones
Hay otro detalle particular dentro de ORO.
Casi todos los títulos incluyen algo entre paréntesis.
Hablar de ti (…).
Por la ventana (La pastilla).
Invierno (En la playa).
Los barcos (Se van).
Fruta y té (Mañana es hoy).
No funcionan solamente como subtítulos.
En distintos grados, cada canción contiene una pequeña pieza anexa que comenta, responde o altera a la composición principal. En Hablar de ti (…), los puntos suspensivos representan una vocalización sin letra realizada por Silvana Estrada durante la grabación, que terminó funcionando como una diminuta canción paralela.
Con Por la ventana (La pastilla) la intervención llega todavía más lejos. Aparece una pieza cercana al bossa nova que dura alrededor de un minuto y dialoga con la ansiedad presente dentro de la canción principal.
La gran excepción es La esgrima de los ojos, que Gepe describe como un caso aparte: utiliza la letra de una canción sobre la música de otra, reuniendo La esgrima y La enfermedad del ojo dentro de una sola composición. Pasted text
Así, ORO no se limita a volver a arreglar canciones. También introduce pequeños comentarios desde el presente.
Como escribir anotaciones nuevas sobre fotografías antiguas.
“No quiero celebrar el paso del tiempo”
Sería sencillo presentar el álbum bajo la lógica del aniversario.
Más de veinte años de carrera.
Once discos de estudio.
Canciones provenientes de distintas épocas.
Una oportunidad perfecta para mirar atrás.
Pero Gepe parece mucho más interesado en demostrar que determinados elementos pueden escapar a esa cronología.
“No quiero celebrar el paso del tiempo. Quiero celebrar lo contrario”.
La intención es comprobar que una canción suficientemente abierta puede desprenderse de la época donde nació. No necesariamente envejece. En algunos casos, incluso puede rejuvenecer cuando encuentra otra instrumentación, otra voz o un contexto diferente.
Ahí está la diferencia entre nostalgia y memoria.
La nostalgia intenta regresar.
ORO modifica el recuerdo para comprobar qué puede hacer ahora.
Hacer música sin saber demasiado de música
Después de tantos discos, podría suponerse que dos décadas de carrera significan también dos décadas acumulando herramientas técnicas.
Gepe plantea casi lo contrario.
Ha aprendido el oficio de escribir canciones y defenderlas en directo, pero existen áreas de la música que deliberadamente no ha profundizado. Dice no saber demasiado de acordes, tocar principalmente de oído y no tener demasiado interés por marcas o especificaciones técnicas de instrumentos.
En cierta forma, también ha aprendido qué cosas no quiere aprender.
Considera que esa distancia con determinados conocimientos terminó formando su identidad, “para bien y para mal”.
No es una postura contra estudiar música. Es una decisión personal sobre qué herramientas necesita para relacionarse con ella de manera honesta.
Quizá eso también explique por qué después de tantos años todavía insiste tanto en “probar”.
No partir desde una fórmula. No asumir que porque algo funcionó una vez volverá a hacerlo. Tocar. Escuchar. Invitar a alguien. Mover una pieza. Descubrir.
Antes de hacer música, Gepe escucha música
Cuando se le pregunta en qué momento apareció aquella revelación de dedicarse profesionalmente a esto, Gepe tampoco ofrece una escena cinematográfica.
No hubo necesariamente un instante donde todo se iluminara.
La música siempre estuvo ahí.
De hecho, cuando necesita definir cuál considera verdaderamente su principal actividad, responde algo todavía más sencillo:
“Yo escucho música. Ese es mi trabajo”.
Escucha discos, investiga biografías, persigue conexiones entre artistas y sigue la manera en que una obra conduce hacia otra. Crear aparece casi como consecuencia natural de esa curiosidad.
Uno de sus primeros grandes recuerdos relacionados con un disco resulta bastante apropiado. Su padre tenía la grabación de Woodstock 1969 y el pequeño Gepe pensaba que todas aquellas voces distintas pertenecían a una misma banda.
No entendía todavía la idea del festival.
Solamente sabía que algunas canciones le gustaban.
Años después, esa misma disposición para encontrar conexiones entre sonidos aparentemente separados terminaría convirtiéndose en una de las características de su propia música. Pasted text
El Gepe de 15 años probablemente no escucharía a Gepe
Entonces llega una pregunta peligrosa.
Si pudiera entregarle todos sus discos al adolescente que fue, ¿los escucharía?
“No”.
La respuesta aparece inmediatamente.
A los 15 años, Gepe se define como bastante sectario musicalmente. Escuchaba Sonic Youth y aquello que se pareciera a Sonic Youth.
Nada más.
La apertura llegó después, en buena medida gracias a ser el menor dentro de sus grupos de amigos y de sus primos. Escuchar lo que los demás escuchaban terminó rompiendo gradualmente esa frontera.
Y ahí apareció una conclusión que podría explicar no solamente ORO, sino buena parte de su carrera:
“Uno podía hacer de todo y todo valía la pena. Al final, lo único que vale la pena son las canciones”.
Es una frase sencilla, pero ayuda a comprender por qué un tema puede pasar hacia la cumbia, otro transformarse mediante una cantante mexicana, otro contener un bossa nova escondido y otro mezclar dos composiciones previamente separadas.
La fidelidad no está necesariamente en el arreglo.
Está en la canción.
Volver a México con canciones que también volvieron a comenzar
Gepe confirmó durante la conversación que regresará a México durante el primer semestre de 2027. OCESA también adelantó que prepara una presentación para mayo, cuyos detalles serán anunciados próximamente.
Será interesante observar qué ocurre entonces con estas nuevas versiones sobre el escenario.
Porque ORO no parece construido para sustituir las grabaciones anteriores. Esa sería una manera demasiado simple de entenderlo. Las primeras versiones continúan ahí y pertenecen a las personas que Gepe era cuando las hizo.
Las nuevas pertenecen al presente.
Como fotografías de la misma persona tomadas con veinte años de distancia.
Se parecen.
Pero no son iguales.
Y quizá ése sea el verdadero valor de regresar a una canción antigua: no comprobar cuánto has cambiado, sino descubrir si todavía es capaz de sorprenderte.
Gepe no hizo ORO para demostrar que sus canciones sobrevivieron al tiempo.
Lo hizo para actuar, durante algunos minutos, como si el tiempo nunca hubiera importado.




