La Cassandra habla sobre “Lo Nuestro Se Acabó”, una cumbia pop sobre el final de un amor de verano y su próximo proyecto Códigos.

La Cassandra

La cantautora dominicano-americana convierte el final de un romance de verano en una cumbia pop que abraza la nostalgia sin resentimiento y continúa construyendo Códigos, su próximo proyecto sobre las distintas formas de amar.

La Cassandra convierte el final de un amor de verano en una canción para llorar bailando

Algunas relaciones no necesitan durar años para cambiar nuestra vida. A veces bastan unas semanas. Un verano. Una ciudad. Una persona que aparece durante el momento correcto y desaparece justo cuando comenzamos a imaginar que podría quedarse. La Cassandra conoce ese tipo de historia.

Después de presentar “Paraíso” como la primera puerta hacia Códigos, la cantautora dominicano-americana continúa la narrativa con Lo Nuestro Se Acabó, una canción que comienza exactamente donde termina la fantasía.

Si “Paraíso” era descubrimiento, calor y enamoramiento, el nuevo sencillo representa el instante en que el verano comienza a apagarse. El teléfono deja de sonar. Las conversaciones cambian. Los recuerdos continúan ahí. Y finalmente aparece una verdad que ninguno de los dos quería nombrar: esto se terminó.

Pero La Cassandra no quería convertir esa despedida en una canción inmóvil. Quería bailar.

Llorar en la pista de baile

Lo Nuestro Se Acabó construye una contradicción intencional. La letra reconoce una pérdida. La música invita al movimiento.

“Vamos a estar llorando, pero en el club, en la discoteca”, explica durante la entrevista.

Ahí aparece una de las claves de su identidad artística. La Cassandra no busca negar la tristeza mediante una producción alegre. La deja convivir con ella.

Porque un corazón roto no necesariamente obliga al cuerpo a detenerse. La canción comienza desde sonoridades caribeñas para entrar posteriormente en una cumbia pop envolvente, construyendo un espacio donde nostalgia y ritmo existen simultáneamente.

No se trata de fingir que nada ocurrió. Se trata de entender que seguir adelante también puede empezar moviendo los pies.

De “Paraíso” al final del verano

La narrativa de Códigos comenzó con “Paraíso”, colaboración con Martox. Para La Cassandra, aquella canción representaba un amor de verano en su momento más luminoso.

“Es un descubrimiento nuevo. Está lleno de colores, de calor y te lleva a otro mundo”.

Ese primer sencillo funcionaba como el código del descubrimiento. El momento donde alguien aparece y, por algunos minutos, todo parece nuevo. Pero los romances de verano tienen algo particular. Su intensidad suele contener desde el principio la posibilidad de terminar. Lo Nuestro Se Acabó acepta esa consecuencia.

La historia no necesita convertir a nadie en villano. No hay una gran traición. Ni una explosión de rabia. Simplemente existen dos personas que compartieron algo suficientemente hermoso como para que despedirse duela.

El tiempo no determina cuánto puede marcarnos alguien

Durante la conversación aparece una pregunta importante: ¿qué hace que una persona se vuelva significativa? La duración no necesariamente. Podemos compartir años con alguien y descubrir después que el recuerdo se desvanece con facilidad. O conocer a una persona durante unas semanas y llevar su presencia durante toda la vida.

Para La Cassandra, la diferencia está en la huella. En aquello que define mediante la expresión inglesa lasting impression.

“La impresión que dejan. El impacto”. Ese impacto puede ser positivo. También doloroso.

Puede enseñarnos algo sobre otra persona o revelar una parte de nosotros mismos que todavía no conocíamos. Por eso Lo Nuestro Se Acabó no intenta borrar el romance para poder sanar. La canción propone conservar aquello que valió la pena sin confundir recuerdo con deseo de regresar.

“Códigos”: entender el amor por capítulos

El sencillo forma parte de una historia mayor. Códigos, previsto para principios de 2027, estará construido alrededor de diferentes maneras de experimentar el amor. Cada canción representa un código. “Paraíso” fue el descubrimiento.

Lo Nuestro Se Acabó, el desamor. Habrá también deseo. Y, entre todos ellos, La Cassandra ya tiene un favorito: la amistad. Más que una colección de sencillos, el proyecto pretende convertirse en una especie de mapa emocional.

Porque el amor nunca aparece de una sola manera. Existe en la pareja. En los amigos. En la atracción. En aquello que termina. En las personas que encontramos. Y también en aquellas de las que necesitamos despedirnos.

Una dominicana de alma vieja dentro del mundo moderno

Si Códigos pudiera resumirse en una fotografía, La Cassandra imagina dos mundos conviviendo dentro de la misma imagen. Por un lado, una mujer tropical. Una muchacha de isla. Colores. Caribe. Tradición. Por otro, el presente. Producción contemporánea. Pop. Nuevas fusiones.

“Una chica de alma vieja dentro del mundo moderno”, explica. Esa contradicción resume también su manera de construir música. El bolero ocupa un lugar fundamental dentro de su educación sentimental. Pero no funciona como pieza de museo. Puede mezclarse con afrobeat. Con cumbia. Con bachata. Con R&B.

Con cualquier lenguaje capaz de ayudarla a contar una historia nueva.

El bolero heredado de las abuelas

La conexión con el género comenzó desde pequeña. Sus abuelas y sus padres llenaron la casa de boleros. Trío Los Panchos. “Bésame Mucho”.

Gloria Estefan interpretando “Con los años que me quedan”. Canciones donde amar siempre parecía un acontecimiento absoluto.

Ese dramatismo la cautivó.

“El bolero habla del amor de una forma apasionada”.

Por eso fue una base natural cuando comenzó a construir su identidad artística. Pero quedarse únicamente dentro del sonido clásico habría limitado una parte importante de su personalidad. La Cassandra pertenece a otra época. Escucha otras cosas. Vive entre culturas. La solución fue respetar la raíz mientras cambia aquello que crece alrededor.

Crear un afrobolero

“Paraíso” es un buen ejemplo. La canción tomó elementos del bolero y los mezcló con afrobeat. La Cassandra lo define directamente como un afrobolero. No existe una fórmula única detrás de estas fusiones. En ocasiones el ritmo aparece desde el inicio. En otras, la canción nace de una melodía y el equipo comienza a probar posibilidades.

“Cada canción nace de una forma diferente”.

La experimentación se vuelve así parte esencial de Códigos. No se trata de elegir un género y permanecer dentro de él. Se trata de descubrir qué necesita cada historia.

Componer mientras camina

La Cassandra no toca un instrumento para construir sus primeras ideas. Compone desde el oído. Y muchas veces desde el movimiento. Caminar es uno de sus espacios creativos favoritos. Durante recorridos largos aparecen melodías, frases o pequeños fragmentos de canciones. Cuando algo llega, utiliza las notas de voz. Su teléfono está lleno de ellas. Melodías sin terminar. Frases. Ideas. Después deja reposar el material. Lo escucha al día siguiente. Y vuelve.

Sólo cuando siente que la idea llegó hasta una pared comienza el trabajo consciente de completar la composición.

La difícil tarea de dejar una canción en paz

Terminar una canción tampoco significa necesariamente dejar de escuchar posibilidades. La Cassandra reconoce una experiencia compartida por muchos artistas: siempre podría modificarse algo. Una voz. Una palabra. Un arreglo. Un pequeño detalle.

“El artista muchas veces nunca está satisfecho”.

En algún momento necesita aparecer alguien —el productor, el equipo o la propia artista— dispuesto a decir: ya está. Para La Cassandra existe además otra señal.

Cuando vuelve a escuchar una canción y siente emoción. Anticipación. Ganas de escucharla nuevamente sin estar buscando inmediatamente qué corregir. Ahí sabe que puede soltarla.

La República Dominicana como forma de mirar la tristeza

Su raíz dominicana aparece más allá de los ritmos. Está en una actitud. La Cassandra describe a la gente de República Dominicana como profundamente expresiva con su alegría. Incluso cuando las circunstancias no son perfectas.

“Aunque el mundo se esté acabando, no dejan la alegría”.

Esa manera de enfrentar la vida aparece también en Lo Nuestro Se Acabó. La relación terminó. Sí. Duele. También. Pero la música no tiene por qué detenerse. Siempre existe cierta esperanza escondida debajo.

Del escenario imaginado a vivir completamente de la música

Convertirse en artista tampoco ocurrió de manera automática. Como muchas personas, La Cassandra imaginó alguna vez estar sobre un escenario. La diferencia llegó cuando decidió transformar el sueño en una actividad a tiempo completo.

“Quería vivir de mi música”.

Comenzó a formar una banda. A tocar más. A entrar por completo dentro de la industria. Ese proceso, asegura, resultó fundamental para descubrir quién era. El escenario terminó funcionando como laboratorio. Ahí desarrolló sonido. Imagen. Interpretación.

Y una identidad que hoy puede desplazarse desde el bolero tradicional hasta una producción tropical contemporánea sin sentirse contradictoria.

La adolescente que estaría orgullosa

Al final de la conversación aparece nuevamente el ejercicio de mirar hacia atrás. ¿Qué pensaría La Cassandra de 15 años si pudiera escuchar todo aquello que ha hecho? La respuesta comienza con sorpresa. Después llega algo más importante. Orgullo.

La pregunta incluso la obliga a detenerse y reconocer una realidad que la velocidad de una carrera puede borrar.

“Uno se enfoca tanto en correr y llegar donde quiere llegar que se olvida de todo lo grande y lo bueno que ha hecho”.

Si tuviera que escoger una canción para aquella adolescente, elegiría “Aunque No Estás”. Una pieza tierna. Apasionada. Construida desde la mezcla de bachata y bolero. Quizá porque contiene muchas de las cosas que todavía hoy definen su identidad.

Recordar sin regresar

En Lo Nuestro Se Acabó, La Cassandra no destruye la memoria de ese romance de verano. La guarda. Ese parece ser también el mensaje más importante del sencillo. Superar una relación no significa fingir que nunca existió. Podemos aceptar que alguien nos cambió. Agradecer lo compartido. Recordar ciertos momentos con cariño. Y aun así entender que no necesitamos recuperarlo.

El verano termina. La llamada nunca llega. La historia se cierra. Entonces comienza la cumbia. Porque algunas despedidas necesitan silencio. Otras necesitan lágrimas. Y algunas solamente pueden completarse cuando finalmente nos permitimos llorar mientras seguimos bailando.

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