Veinte años pueden parecer mucho tiempo, hasta que comienza a sonar una canción capaz de llevarte de regreso a otro momento de tu vida.
Esa sensación nos acompañó durante buena parte del concierto con el que Chetes celebró dos décadas de Blanco Fácil la noche del 25 de septiembre en el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes. En punto de las 9 de la noche, el músico regiomontano apareció ante un público mayoritariamente millennial, con muchos seguidores que hemos acompañado sus canciones desde los primeros años de los dos mil.
El motivo principal de la reunión era volver a Blanco Fácil, el álbum con el que Luis Gerardo Garza Cisneros, Chetes, comenzó formalmente su camino como solista después de su historia con proyectos como Zurdok y Vaquero. Tras un breve intro, Poco a poco abrió el recorrido para dar paso a un setlist que sin duda nos transportó dos décadas atrás: Otra vez, Se fue el dolor, Llegó la luz, Completamente, Sobreviví, Qué vas a hacer, Camino a casa, Regresa, El sonido de tu voz, Una pieza y Querer. El aniversario terminó funcionando como una oportunidad para escuchar buena parte del álbum que marcó el inicio de esta etapa de su carrera.
La noche, sin embargo, estaba pensada para recorrer mucho más que un solo disco. Uno de los momentos que mejor conectó con esa nostalgia llegó con 16 de febrero”, una canción que originalmente se presentó en colaboración con Meme del Real, de Café Tacvba en ese lejano 2006.
El viaje hacia el pasado continuó con Zurdok. Para Abre los ojos, Chetes invitó a Javier Blake, de División Minúscula, en uno de los grandes momentos de la noche. Verlos compartir escenario tuvo un peso particular para quienes crecieron siguiendo el rock alternativo mexicano de finales de los noventa y los dos mil.
La celebración continuó con Estático, mientras canciones como Azul oscuro y Árboles ampliaron un setlist que terminó funcionando también como una retrospectiva de las diferentes vidas musicales de Chetes.
Pero entre toda esa nostalgia hubo espacio para mirar hacia algo mucho más personal. Durante la canción Qué me maten, Chetes invitó a su hija Lisa Garza para acompañarlo en la guitarra, convirtiendo el escenario en un espacio familiar.
Más adelante llegaría Blanco Fácil, la canción que da nombre al disco celebrado esa noche. El componente familiar continuó con Carmela, esposa de Chetes, quien subió al escenario para interpretar junto a él Si tú no vuelves, tema de Miguel Bosé, en un momento bastante tierno de la velada.
Hacia la parte final aparecieron también Cuántos pasos, Volverás y Efecto dominó, cerrando una noche donde las colaboraciones nunca se sintieron como simples apariciones sorpresa, sino como parte de una celebración construida alrededor de las personas, canciones y etapas que han acompañado al músico durante su trayectoria.
Al final, celebrar los 20 años de Blanco Fácil fue mucho más que volver a tocar un disco. Para buena parte del público significó reencontrarse con canciones escuchadas por primera vez hace dos décadas, ahora desde una etapa completamente diferente de sus vidas.
Entre Chetes y cientos de voces cantando desde el Pabellón Oeste, la noche terminó conectando distintas generaciones y capítulos de una misma historia. Y quizá ahí estuvo lo especial del aniversario: comprobar que algunas canciones envejecen junto a nosotros y, cuando vuelven a sonar, todavía saben exactamente dónde encontrarnos.



