ARRE Pepsi Black 2026 regresó a CDMX con Banda MS, Gabito Ballesteros y una primera jornada donde ni el frío ni la lluvia frenaron la fiesta.

ARRE Pepsi Black 2026

ARRE Pepsi Black volvió a casa y recordó por qué hacía falta en Ciudad de México

El sábado 5 de septiembre, el regional mexicano regresó al Autódromo Hermanos Rodríguez después de una edición 2025 celebrada fuera de la Ciudad de México. Y aunque el cielo decidió recibirlo con viento, frío y una lluvia suficientemente persistente como para obligar a sacar los impermeables, el público respondió de una manera mucho más sencilla: siguió cantando.

Sombreros mojados. Botas caminando sobre el pavimento húmedo. Personas cubiertas casi por completo con plástico y otras negándose a sacrificar el outfit que habían preparado para la ocasión.

Y canciones… Muchas canciones.

El primer día de ARRE Pepsi Black 2026 confirmó nuevamente que este festival posee una personalidad difícil de replicar dentro del calendario de eventos masivos de la capital. Pero también dejó un pendiente importante.

El horario reducido de ARRE 2026: menos cansancio, pero también menos descubrimientos

Estamos acostumbrados a festivales que comienzan alrededor de las tres de la tarde y terminan pasada la medianoche. Son jornadas agotadoras que pueden extenderse durante diez o doce horas y donde sobrevivir al sol, las caminatas, la comida, las filas y eventualmente la lluvia se convierte casi en otra actividad dentro del evento.

ARRE Pepsi Black 2026 decidió comenzar más tarde.

La ventaja es evidente: menos horas dentro del Autódromo y una experiencia potencialmente más cómoda para quien solamente quiere llegar a disfrutar los nombres principales.

También resulta comprensible desde la lógica del público.

En muchos festivales, las primeras bandas se presentan frente a espacios considerablemente más vacíos y una parte importante de la audiencia comienza a llegar cuando aparecen los nombres ubicados en la zona media y alta del cartel.

Sin embargo, para mí ése fue el principal desacierto de esta edición.

Porque los primeros horarios de un festival también cumplen otra función: descubrir música.

No todo tiene que girar alrededor del artista que ya conoces.

Parte de la magia está precisamente en caminar hacia un escenario porque faltan veinte minutos para el siguiente acto y terminar encontrando una banda que jamás habías escuchado.

A mí mismo me ha ocurrido en ARRE Pepsi Black.

Y si el regional mexicano atraviesa uno de los momentos de mayor crecimiento de su historia reciente, resulta difícil pensar que no existieran proyectos suficientes para ocupar dos o tres horas adicionales. Quizá no reunirían multitudes. Pero alguien podría salir de ahí con un nuevo artista favorito.

Eso también es construir escena.

La lluvia llegó, pero nadie parecía dispuesto a irse

El otro protagonista fue el clima. No hubo una tormenta devastadora, pero sí una combinación incómoda de viento, bajas temperaturas y lluvia durante una parte importante de la tarde-noche. Entre aproximadamente las siete y las nueve, el agua cayó con suficiente intensidad para convertirse en una molestia constante.

Y ahí apareció una de las cosas que más disfruto de ARRE Pepsi Black. La gente no dejó de hacer fiesta.

Durante Herencia de Patrones, por ejemplo, era difícil observar al público y pensar que el clima estaba arruinando algo. La actitud parecía ser exactamente la contraria: que siga lloviendo, aquí ya estamos y vamos a cantar.

No porque los seguidores de otros géneros sean incapaces de hacerlo, sino porque dentro del regional mexicano existe una relación muy particular entre música y celebración.

Estas canciones fueron construidas para cantarse acompañados. Para brindar. Para bailar. Para gritar una frase con alguien que probablemente conociste cinco minutos antes. Y ARRE Pepsi Black entiende esa dinámica.

El regional mexicano es todavía más impresionante cuando lo ves tocarse

Uno de mis aspectos favoritos del festival continúa siendo la oportunidad de observar la enorme diversidad instrumental que existe dentro del regional.

Durante el día pude encontrarme con artistas que nunca había visto en vivo y nuevamente tuve esa sensación de sorpresa frente a propuestas que llegan acompañadas por requintos, acordeones, tololoche, trompetas, clarinetes, tubas y secciones completas de músicos. Hay algo profundamente poderoso en verlo sobre un escenario.

Estamos tan acostumbrados a consumir canciones mediante audífonos que a veces olvidamos la cantidad de personas necesarias para construir determinados sonidos. Y ARRE Pepsi Black permite observar ambos extremos.

Por un lado, las grandes agrupaciones donde una docena o más de músicos levantan una pared sonora.

Por otro, los artistas jóvenes vinculados con corridos tumbados y nuevas derivaciones del género, donde la instrumentación puede reducirse mientras la producción, los bajos y una estética heredada del trap transforman completamente la experiencia.

La Coreañera y la cumbia como recordatorio de que también vinimos a bailar

Uno de los momentos que más disfruté fue La Coreañera. Y aquí voy a admitir algo: la cumbia no es el género que más conozco. Eso hizo todavía más interesante observar al público.

Hay música que uno quizá no entiende por completo desde el conocimiento técnico o histórico, pero basta mirar alrededor para comprender el lugar que ocupan en otras personas.

Ver parejas bailando, pasos perfectamente aprendidos y gente entregándose sin vergüenza al ritmo es suficiente.

A veces nos vendría bien copiar eso. Dejar de preguntarnos si nos vemos ridículos. Dejar de pensar demasiado. Y bailar.

Las pistas y salones de baile siguen siendo, para mí, uno de los mejores elementos de ARRE Pepsi Black. Durante prácticamente toda la jornada permanecieron llenos: algunas personas buscando refugiarse del clima y muchas otras simplemente esperando la siguiente oportunidad de bailar.

Yo mismo terminé compartiendo un par de piezas con personas desconocidas. Y hay algo particularmente hermoso en eso. Bailar es uno de los pocos lenguajes donde dos desconocidos pueden ponerse de acuerdo sin necesidad de explicar demasiado.

Herencia de Patrones, Calle 24 y la nueva generación

Conforme avanzó la noche también comenzó a hacerse evidente el cambio generacional del cartel. Herencia de Patrones confirmó su capacidad para encender a una audiencia que parecía completamente indiferente a la lluvia. Calle 24 mantuvo esa intensidad.

Y alrededor de ellos se siente una generación que tomó los códigos tradicionales del corrido y decidió reconstruirlos desde su propia educación musical. Trap, estética urbana, nuevas formas de producción y una relación completamente distinta con las plataformas digitales.

Podemos discutir eternamente dónde termina un corrido tradicional y dónde comienza uno tumbado, alterado o cualquier etiqueta que aparezca durante los próximos años. Lo verdaderamente interesante ocurre cuando esas discusiones desaparecen frente al escenario. La gente simplemente canta.

Gabito Ballesteros dejó de ser el acompañante

Durante mucho tiempo me pareció uno de esos artistas fundamentales para entender la nueva generación aunque su nombre no siempre recibiera el reflector principal.

Si tuviera que utilizar una comparación futbolística, sería ese mediocampista que participa en todas las jugadas importantes mientras otros terminan apareciendo en la fotografía del gol.

Lo hemos visto acompañado por algunos de los nombres más grandes de esta generación. Pero ARRE Pepsi Black permitió observar otra cosa. Gabito ya puede sostener su propio escenario.

No necesita permanecer únicamente dentro de la conversación como colaborador o personaje secundario alrededor de Peso Pluma, Natanael Cano, Fuerza Regida o Junior H. Su catálogo, presencia y crecimiento ya construyeron un espacio propio.

Y verlo ocuparlo dentro de un festival dedicado al regional mexicano resulta una de las mejores fotografías de cómo ha cambiado el género durante los últimos años.

El Mimoso y Banda MS: la experiencia todavía pesa

Y después llegaron los nombres que no necesitan demasiada explicación. El Mimoso y Banda MS.

Artistas cuya música existe desde antes de que muchas de las nuevas figuras comenzaran siquiera a considerar una carrera.

A veces la velocidad de la industria actual nos hace sentir que una canción tiene seis meses para demostrar su relevancia antes de ser reemplazada por la siguiente tendencia.

Pero basta escuchar al público cantar con Banda MS para recordar que el regional mexicano también se construye con canciones que llevan años acompañando fiestas, rupturas, bodas, carreteras y borracheras.

Banda MS fue, en ese sentido, una coronación natural del sábado. La Hacienda se llenó de voces cantando temas que prácticamente forman parte del repertorio sentimental colectivo.

Y aquí repetiré una petición que llevo tiempo haciendo ARRE, por favor, ya rediseña La Hacienda.

El escenario sigue siendo impresionante. La primera vez que lo vi, con Natanael Cano en horario estelar, parecía casi irreal. Pero después de varias ediciones, el festival merece otra gran imagen. Ya conocimos La Hacienda. Ahora tráiganos El Establo. O cualquier locura nueva.

¿Había menos gente en ARRE 2026?

La percepción general fue la de un festival ligeramente menos saturado que en otras ediciones.

No tengo una cifra oficial para afirmar que la asistencia haya disminuido, por lo que sería irresponsable convertir una sensación personal en dato.

Pero caminar entre escenarios resultó considerablemente cómodo. Para quien odia las aglomeraciones, fue una bendición. Para alguien como yo, que también disfruta observar un festival completamente desbordado por su público, dejó una pequeña sensación extraña.

Y aquí inevitablemente aparece la pausa de 2025. ARRE Pepsi Black había construido un impulso enorme durante sus primeras ediciones en Ciudad de México. Sacarlo de la capital durante un año pudo romper una parte de esa continuidad.

No lo considero un fracaso. Ni siquiera un tropiezo importante. Pero sí un recordatorio: los festivales también necesitan crear costumbre. Necesitan convertirse en una fecha que el público ya espera antes de que aparezca el cartel.

ARRE sigue siendo necesario

Al final de la noche, después del frío, la lluvia, los recorridos entre escenarios y las canciones, regresé a la misma conclusión que tenía antes de entrar.

ARRE Pepsi Black  hace falta en Ciudad de México.

Durante demasiado tiempo parecía normal tener festivales gigantes dedicados al rock, pop, electrónica o música urbana mientras uno de los sonidos más importantes culturalmente para México no contaba con un encuentro de estas dimensiones en la capital.

El regional no necesitaba validación. Ya llenaba palenques, ferias, estadios y fiestas desde mucho antes. Lo que faltaba era otro tipo de espacio. Uno donde toda su diversidad pudiera convivir durante un fin de semana.

  • Bandas sinaloenses.
  • Corridos.
  • Norteño.
  • Cumbia.
  • Nueva escuela.

Músicos con décadas de trayectoria y jóvenes que aprendieron a producir canciones desde una computadora.

Todos dentro del mismo Autódromo.

ARRE Pepsi Black regresó a casa después de un año. Y su primer día tuvo cosas que mejorar.

Me gustaría recuperar horarios más amplios y abrir nuevamente espacio para proyectos pequeños. Quiero una renovación de algunos elementos visuales. Y sigo creyendo que el festival puede crecer muchísimo más en representación femenina.

Pero después llegó la lluvia. Miré alrededor. La gente seguía bailando. Banda MS seguía sonando. Los sombreros seguían arriba. Y entendí nuevamente por qué extrañaba tanto este festival. Porque ARRE Pepsi Black no es solamente un cartel.

Es una fiesta.

Y una fiesta mexicana, cuando realmente agarra vuelo, no se cancela por un poco de agua.

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