El Shirota y No Somos Marineros hablan sobre su gira conjunta, la escena independiente y su concierto del 13 de agosto en el Fuck Off Room.

El Shirota y No Somos Marineros

Las bandas mexicanas compartirán escenario por primera vez dentro de una gira conjunta que llegará al Fuck Off Room el 13 de agosto, acompañadas por Grito Exclamación.

El Shirota y No Somos Marineros unen caminos después de más de una década compartiendo escena

Antes de que una gira exista sobre el escenario, alguien tiene que imaginarla, buscar los espacios, resolver los traslados, negociar condiciones y confiar en que todavía hay personas dispuestas a encontrarse alrededor de una canción.

En una industria donde cada lanzamiento parece necesitar una campaña, un video vertical y una estrategia para alimentar algoritmos, El Shirota y No Somos Marineros decidieron volver a algo más elemental: organizar una serie de conciertos con sus propias manos.

Las agrupaciones mexicanas compartirán por primera vez una gira conjunta que llegará el próximo 13 de agosto al Fuck Off Room de la Ciudad de México. La noche contará además con la participación de Grito Exclamación, proyecto encargado de abrir un cartel donde convergerán noise rock, shoegaze, post-hardcore y distintas expresiones del rock alternativo nacional.

Sin embargo, para Gabo, integrante de El Shirota, y Carlos, de No Somos Marineros, la fecha significa algo más que reunir tres bandas.

Representa la consolidación de una amistad construida durante más de diez años, pero también el resultado de mantenerse tercamente dentro de una escena donde producir conciertos independientes continúa siendo una tarea llena de obstáculos.

“Son los frutos de estar de necios tantos años”, resume Carlos durante la conversación.

Una gira que tardó más de diez años en suceder

El Shirota y No Somos Marineros se conocen desde hace más de una década.

Han compartido escenarios, amistades y una manera similar de aproximarse a la música. Aunque sus propuestas no son idénticas, ambas bandas han encontrado afinidades en la intensidad, la experimentación y la necesidad de construir comunidad alrededor de los conciertos.

La idea de salir juntos de gira apareció formalmente este año, cuando Gabo propuso convertir aquella relación de años en un recorrido compartido.

La fecha en Ciudad de México, sin embargo, no estaba contemplada originalmente.

Las agrupaciones querían mantener el tour lejos de la lógica centralista que obliga a casi todos los proyectos a concentrarse en la capital. Uno de los conciertos estaba planeado para el Estado de México, pero las dificultades para realizarlo provocaron que el Fuck Off Room apareciera como una alternativa para rescatar la presentación.

El cambio evidenció uno de los problemas que ambos músicos identifican dentro del circuito independiente: no siempre falta público en la periferia, sino espacios capaces de recibir propuestas bajo condiciones profesionales y justas.

La dificultad de descentralizar los conciertos

Llevar música a municipios como Tlalnepantla, Naucalpan, Nezahualcóyotl, Ecatepec o Texcoco continúa siendo complicado.

No necesariamente porque sus habitantes no quieran asistir. El problema aparece cuando las bandas buscan recintos con producción adecuada, condiciones claras y una relación que no intente aprovecharse económicamente de los artistas.

No es que no queramos ir para allá. Muchas veces no hay dónde hacerlo”, explica Carlos.

La descentralización requiere más que anunciar una fecha fuera de la Ciudad de México. También implica encontrar personas dispuestas a trabajar con una lógica diferente, respetando tanto a las bandas como al público y al equipo técnico.

Gabo señala que algunos espacios mantienen dinámicas heredadas de una vieja escuela donde los proyectos son observados principalmente como una oportunidad de negocio inmediato. La independencia no elimina la necesidad de dinero ni los costos de producción, pero obliga a preguntarse cómo se reparten los riesgos y quién termina beneficiándose del trabajo colectivo.

El ideal DIY —hacerlo uno mismo— continúa siendo una herramienta, aunque también tiene límites. Organizar una fecha de improviso, mantener estándares profesionales y cuidar a todos los involucrados puede convertirse en una cuerda floja.

En esta ocasión, el Fuck Off Room permitió salvar el concierto y trasladarlo a un espacio que, durante los últimos meses, ha recibido una cantidad creciente de propuestas alternativas.

El Shirota y No Somos Marineros frente a la industria musical

La conversación alrededor de la gira también abre una pregunta más amplia: ¿qué significa hacer música independiente en un momento donde los artistas parecen obligados a convertirse en creadores permanentes de contenido?

Carlos reconoce que, después de 15 años con No Somos Marineros, no considera a la banda como un proyecto nuevo, pero tampoco siente que pertenezca por completo al terreno de lo establecido.

Para describir ese lugar utiliza una expresión precisa: la perpetua emergencia.

Es el espacio ocupado por bandas con trayectoria, público y un lenguaje definido que, aun así, continúan apareciendo ante la industria como propuestas emergentes. Proyectos que llevan años trabajando, pero siguen organizando buena parte de sus actividades sin las estructuras disponibles para artistas de mayor escala.

La etiqueta puede ser frustrante, aunque también revela una forma de resistencia.

Ambas agrupaciones continúan haciendo música porque la necesitan, no porque confíen en que cada canción se convertirá en un producto rentable.

No estoy aquí para convencer a nadie. Estoy aquí para compartir”, afirma Carlos.

No todo tiene que convertirse en un Gansito

Durante la entrevista aparece una comparación que resume la crítica de las bandas hacia ciertas dinámicas industriales: no todo tiene que convertirse en un Gansito.

La expresión señala la presión por transformar cualquier propuesta artística en un producto fácilmente identificable, empaquetado y vendible. Dentro de esa lógica, la música debe adaptarse rápidamente a tendencias, formatos y estrategias de consumo.

El problema no está en que una banda decida trabajar de esa manera. Carlos menciona su admiración por proyectos como Little Jesus, capaces de moverse con habilidad dentro de estructuras más amplias y desarrollar una estrategia distinta.

El conflicto aparece cuando ese modelo se presenta como la única posibilidad válida.

El Shirota y No Somos Marineros prefieren construir desde la expresión, el desahogo y la catarsis. Esto no significa renunciar al profesionalismo ni romantizar las carencias. Ambas bandas defienden estándares de producción y el cuidado de cada concierto.

La diferencia está en el punto de partida.

No crean para alimentar contenido.

Crean porque la música continúa siendo una de las principales herramientas que tienen para enfrentarse a sus propias preguntas.

¿Cómo convencer a alguien de escuchar música nueva?

Ante la dificultad de sacar al público de su zona de confort, Carlos rechaza la idea de convencer a alguien por la fuerza.

Cada persona encuentra en la música un espacio de consuelo, identidad o pertenencia. De la misma manera, los artistas desarrollan su sonido mediante un largo proceso de prueba y error.

Por eso, la propuesta de ambas bandas funciona más como una invitación.

Quienes conecten con esa energía encontrarán algo propio dentro de ella. Quienes no lo hagan tienen derecho a seguir otro camino.

Este posicionamiento se distancia de la ansiedad por alcanzar a todas las audiencias posibles. El crecimiento puede ser más lento, pero conserva una relación honesta con quienes deciden permanecer.

No quiero considerar nuestra propuesta como producto o contenido”, señala Gabo. “Son palabras que desvirtúan todo lo que le damos a esto”.

Detrás de cada canción existen años de práctica, ensayos, amistades, conflictos, traslados y conciertos. Reducir ese recorrido a una pieza más dentro de un flujo de publicaciones puede borrar la experiencia humana que permitió construirlo.

Un tour completamente hecho con las manos

Para Carlos, una de las razones principales para asistir al concierto es observar la materialización de una gira organizada directamente por quienes participan en ella.

No hay una gran maquinaria detrás.

Existen bandas coordinando fechas, resolviendo problemas y tratando de sostener una forma de trabajo dentro de una industria cerrada, atravesada por relaciones, dinero y dinámicas cercanas incluso a la política.

El concierto del Fuck Off Room representa uno de esos esfuerzos.

Es el encuentro de dos proyectos que, después de compartir escena durante años, finalmente decidieron construir un recorrido propio. También es la oportunidad de demostrar que las alianzas pueden funcionar más allá de compartir géneros idénticos o perseguir los mismos objetivos comerciales.

La comunidad aparece cuando distintas propuestas reconocen problemas comunes y deciden enfrentarlos juntas.

Grito Exclamación se suma a la noche

La presentación contará con Grito Exclamación como invitado especial.

Su incorporación permite conectar la trayectoria de El Shirota y No Somos Marineros con una propuesta emergente dentro del circuito contemporáneo.

El cartel no busca ofrecer tres versiones del mismo sonido. Funciona como una muestra de las diferentes direcciones que puede adoptar el rock alternativo mexicano, desde la distorsión y el ruido hasta las atmósferas del shoegaze y la tensión del post-hardcore.

La apertura también mantiene viva la lógica de compartir espacios con bandas que comienzan a construir su propio recorrido.

Si la escena quiere sobrevivir, necesita algo más que nombres consolidados. Requiere plataformas donde nuevas propuestas puedan tocar, equivocarse, crecer y encontrar audiencia.

Viejas canciones y nuevas canciones desconocidas

El concierto incluirá material de distintas etapas de ambas bandas.

Gabo adelanta que habrá “viejas canciones conocidas y nuevas canciones desconocidas”, una frase que captura la relación entre trayectoria y futuro.

No Somos Marineros continúa preparando Devoción, su próximo álbum, mientras El Shirota mantiene una carrera marcada por la experimentación y la transformación sonora.

La fecha permitirá escuchar aquello que ya forma parte de la relación de las bandas con su público, pero también canciones que todavía no han encontrado un lugar definitivo dentro de su historia.

Esa incertidumbre forma parte de los conciertos independientes.

Una canción nueva puede aparecer frente a una audiencia sin que todavía existan estadísticas, reacciones digitales o expectativas construidas. Durante algunos minutos, sólo queda el sonido y la posibilidad de que algo ocurra.

La necedad como forma de permanencia

Después de más de una década, El Shirota y No Somos Marineros continúan dentro de una industria que rara vez facilita el camino.

Han visto cambiar plataformas, tendencias, espacios y formas de consumo. También han aprendido que la independencia no es una posición romántica, sino un trabajo constante.

Mantenerse implica insistir.

Buscar otros recintos.

Construir alianzas.

Aceptar que algunas fechas se caerán y encontrar la manera de rescatar las que todavía pueden suceder.

La gira conjunta es resultado de esa insistencia. No busca presentarse como una hazaña heroica, sino como prueba de que todavía es posible organizar algo desde la amistad, la necesidad creativa y una forma distinta de relacionarse con la música.

Quizá la perpetua emergencia no tenga que durar para siempre.

Pero mientras exista, conciertos como el del 13 de agosto permiten imaginar otra posibilidad: que los esfuerzos pequeños se acumulen, las alianzas se fortalezcan y la escena encuentre formas más justas de crecer.

No solamente para estas dos bandas.

También para quienes vienen detrás.

El Shirota y No Somos Marineros

Fecha: Jueves 13 de agosto 2026

Hora: 20:00 h

Venue: Fuck Off Room

Venta de boletos: Fun Ticket

Precios: $ 402.50

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