¿Sébastien Tellier, Metronomy y Daft Punk? Esos nombres no están juntos por casualidad.

Protocol es un disco que rompe reglas. Nit (el productor detrás de Sébastien Tellier) y Ash Workman (que ha mezclado a Metronomy y Christine and The Queens) se convirtieron en alquimistas sonoros para este proyecto: ritmos bailables diseñados para el cuerpo, guitarras garage pensadas para despedazar amplificadores, bajos que funcionan igual para clubbers que para punks. Es un punto de equilibrio que muy pocas bandas logran: sonar nostálgico sin caer en la nostalgia, sonar actual sin perder el garaje.
Córcega a París: Cómo nació un fenómeno de la escena alternativa
Casablanca Drivers no surgieron en París. Vinieron de Córcega, esa isla pequeña que ha visto pasar bandas pero pocas que dejan huella. Alexandre Diani y Nicolas Paoletti, los dos cerebros detrás de este proyecto, hicieron lo que cualquier músico ambicioso hace: se mudaron a la capital francesa. Allí, en los estudios parisinos, donde la música no es solo sonido sino un diálogo permanente con la historia, el dúo comenzó a construir su primer lenguaje sonoro.
Pero Casablanca Drivers no llegaron a París para sonar como lo que ya existía. Llegaron para dialogar con ello. Sus primeros EPs y discos de estudio ya mostraban esa ambición: mezclar la precisión electrónica de la French Touch (la onda que inventó Daft Punk, Air y Justice) con la rabia del rock and roll de verdad. Tocaban como si cada canción fuera una batalla entre lo analógico y lo digital, y en esa tensión es donde encontraban su sonido más afilado.
Giras que construyen leyenda
En 2025, Casablanca Drivers visitaron México. Dos veces. No fue un paseo: fueron a dejar marca. Abrieron el show de Rey Pila en el Foro Puebla en diciembre, una demostración clara de que los promotores ya los veían como opción principal, no como un acto de relleno. Ese viaje a la CDMX no fue coincidencia: fue estrategia. Una banda francesa que suena como si la música electrónica y el rock nunca hubieran estado separados es exactamente lo que buscan ahora los festivales y promotores de todo el mundo.
Antes de México, abrieron para Polo & Pan en Francia, tocaron Electric Castle (uno de los festivales más respetados de Europa), hicieron un mini tour por Inglaterra. Cada gira es un movimiento de ajedrez. Cada presentación es una chance para que nuevos oídos escuchen lo que están haciendo. Y ahora, recién firmados con la agencia de booking francesa Podium para una gira europea extensa en 2026, está claro que la banda está lista para dar el salto definitivo.
Protocol: El laboratorio donde la precisión electrónica se encuentra con el caos del rock
El título lo dice todo. Protocol no es solo un álbum: es un protocolo, es decir, una serie de reglas diseñadas para romper otras reglas. Cuando hablamos de este disco, estamos hablando del trabajo más ambicioso que Casablanca Drivers ha hecho jamás. El cambio de enfoque es brutal.
En sus trabajos anteriores, el dúo trabajaba los demos solos, como eso que hacen en la cocina los músicos de garaje. Luego llevaban esos demos a sesiones de producción donde podían tomar una o mil formas posibles, como ellos mismos dicen. Protocol rompió ese molde. El estudio se convirtió en un laboratorio colaborativo donde Nit (Sébastien Tellier) productor y Ash Workman (mezclador) exploraban juntos con el dúo cada idea, por pequeña que fuera. No fue una delegación: fue un equipo completo buscando algo que nunca antes habían encontrado.
Electrónica ácida, guitarras crudas, beats grandilocuentes
Protocol abre con Lazy, un track que parece inocente pero no lo es. El título es una provocación: cuando es demasiado fácil, no hay diversión. La canción funciona en tensión permanente. Hay un chorus de rock pensado para el club, beats infecciosos con cuerdas feroces, exactamente lo que Casablanca Drivers sabe hacer mejor que casi nadie.
X-Ray ofrece otro nivel: una noche perdida a finales de los ochenta en una ciudad muerta. Los versos cargan tensión, los choruses tienen un toque ácido de synthpop que suena tan vintage como hipnótico. Hay un ritmo sensual, de cuero, que obliga al cuerpo a moverse. Es lo que Casablanca Drivers hace mejor: construir canciones que funcionan como objetos físicos, no solo como paisaje sonoro.
Garage es el track que define el sonido del disco. Es directo, sin desvíos. Construye una atmósfera que crece poco a poco, sostenida por la repetición, la intensidad melódica y un pulso casi hipnótico. Minimalista en producción, pero contundente en impacto. Cada elemento está ahí por una razón. Nada sobra. Todo está pensado para generar movimiento.
Los 10 movimientos de Protocol
El álbum está compuesto por 10 canciones que funcionan como capítulos en una historia sonora más grande: Lazy, Going to the Hamptons, Plastic, Garage, Sorry, Feeling Good, Cube, X-Ray, Easy, Fears. Algunos títulos son provocativos (Lazy), otros abstractos (Cube), otros melancólicos (Fears). No es un álbum de singles. Es un arco narrativo que funciona mejor completo, de principio a fin. Una experiencia.
El dúo lo resumió así: Es nuestro mejor álbum. No es falsa modestia. Es convicción. Cuando un artista dice eso después de haber hecho trabajos anteriores respetables, significa que rompió con algo. Significa que encontró nuevas herramientas. Significa que maduró.
Cuando Alexandre Courtès diseña tu visión: la pedigree visual detrás de Protocol
La música de Casablanca Drivers es envolvente, pero la identidad visual es igualmente importante. Y para eso, la banda no buscó a cualquiera: buscó a Alexandre Courtès. Si ese nombre te suena, es porque ha estado detrás de algunos de los proyectos visuales más icónicos de la música moderna. Courtès diseñó los cascos de Daft Punk. Sí, esos cascos. Los que definieron una generación. También trabajó con Cassius, Air, Justice, Phoenix. Ha dirigido videos para Kylie Minogue, Franz Ferdinand, The White Stripes. Es una figura clave de la escena francesa, alguien que entiende que el diseño y la música no son cosas separadas sino una sola cosa.
Cuando Courtès se involucra en un proyecto como Protocol, no está solo decorando. Está asegurando que la identidad visual tenga la misma precisión, la misma intención que el sonido. Protocol no es un disco con arte; es un ecosistema donde lo visual y lo sonoro hablan el mismo idioma. Eso es lo que separa a las bandas que duran de las que no.
La herencia de la French Touch, pero sin pastiche
Casablanca Drivers heredan de la French Touch, eso es obvio. La pedigree de productores y mezcladores que los rodean —Nit, Ash Workman— proviene de esa onda. Y sí, en Protocol hay ecos de LCD Soundsystem, The Rapture, incluso de esa nostalgia que define a los actos electro-clash de los 2000. Pero aquí está lo crucial: no es pastiche. No es una banda reviviendo el pasado. Es una banda que entiende el pasado y lo usa como punto de partida para algo nuevo.
El sonido de Protocol es nostálgico porque reconoce sus raíces. Es actual porque no se queda atrapado en ellas. Hay electronistas que tocan como si la música de verdad ocurriera en la laptop. Hay rockeros que piensan que la electrónica es un adorno. Casablanca Drivers son diferentes: entienden que el rock and roll y la electrónica son dos formas de la misma energía. Son dos lenguajes para decir lo mismo.
Por qué Protocol es el álbum que necesitas ahora
En un momento en el que la música alternativa se siente fragmentada (todo es subgénero, todo es nicho), Casablanca Drivers ofrecen lo opuesto: amplitud dentro de la precisión. Protocol suena como si fuera un disco hecho por gente que realmente entiende cómo funciona el cuerpo en la pista de baile, y al mismo tiempo, cómo funciona en un estadio. Es música pensada para mover. Es música que duele cuando necesita doler. Es música que brilla cuando necesita brillar.
Además, Protocol no te pide que elijas entre mundos. No te obliga a decidir si eres un indie kid o un raver. Te dice: sé ambas cosas. Vive en ese espacio incómodo entre géneros. Ahí es donde ocurre la magia real.
La banda está en su mejor momento. Acaba de firmar con una agencia de booking importante. Acaba de lanzar el álbum más ambicioso de su carrera. Y está listo para una gira europea en 2026 que probablemente incluya más fechas en América Latina. Si no estás pendiente de Casablanca Drivers ahora, lo estarás en seis meses. Mejor adelantarse.
La próxima onda ya tiene nombre
Casablanca Drivers no es una banda del futuro. Es una banda del presente que está redefiniendo qué significa tocar música alternativa en 2026. Protocol es la evidencia. La pregunta no es si deberías escucharlo. Es cuándo lo vas a hacer.
