Juan Son regresó a los escenarios para presentar sus nuevos sencillos, hits de su primer y único disco hasta ahora, y tocar algunos temas de sus de sus otros proyectos que, por alguna razón desconocida, no lograron despegar del todo.

El tapatío arribó a un Teatro Metropolitan que se mantuvo a la expectativa y cuestionamiento antes e incluso durante el show. Todo fue en sí bastante rápido y, me atreveré a mencionarlo, hasta desorganizado por parte del crew del ex-vocalista y líder de Porter.

La cita fue bastante temprano a comparación de otros shows, y aunque de por sí desde un principio se pudo observar que el recinto no se llenaría, a esto se le sumó lo muy temprano que el músico invitado Yamil Rezc en su seudónimo Transgresor Corruptor salió a tocar unas piezas para telonear el show.

Juan Son, en un acto de sencillez y humildad, salió ante la sorpresa de los aún muy pocos presentes que ya ocupábamos nuestras butacas para presentar a Transgresor Corruptor y su acto audio-visual que constó de una maravillosa música ambient e imágenes psicodélicas proyectadas en la pantalla atrás de él durante 20 minutos aproximadamente.

Y así, sin pausar nada, comenzando de inmediato y sin brindar más oportunidad a gente que aún faltaba por llegar, Juan Son salió a escena acompañado con Simone Pace, el baterista de la mítica banda Blonde Redhead y con quien formó el proyecto Aeiou que solo lanzó un disco. Una muy grata sorpresa para algunos, y para los que no lo conocen….pues no tanto.

Ya con una alineación y tridente fantástico compuesto por Juan Son, Yamil Rezc a.k.a. Transmisor Corruptor en la guitarra y sintetizadores y Simone Pace en la batería, todo pintaba para superar esas expectativas que nos rodeaban por la cabeza. “Muchas gracias por venir. De verdad. Vamos a empezar con Espiral que es una canción que ha sido de las principales en mi vida“, mencionó el tapatío ante los gritos de felicidad del público por aquella canción que marcó a toda una generación de jóvenes.

De una manera poco peculiar y con una versión bastante flojita Espiral fue tocada, justo como sus otras procedecedoras Host of a Ghost y Cuervos, extractos compuestos para el segundo disco con Porter llamado Atemahawke. Pero también perdiendo la gracia y la esencia con las que conocimos las canciones, sobre todo en Host of a Ghost. Aún con eso, los tracks fueron coreados con caras de insatisfacción.

En su set se tuvo la dicha de escuchar Bonitos Pensamientos, una canción que no pertenece a ningún disco de ningún proyecto de Juan, pero que a pesar de parecer una canción demasiado sencilla, su contexto es oscuro.

Los nuevos temas de este año aparecieron: Abandonado y Libertad, ambos con las colaboraciones en la post-producción y producción de sus dos músicos acompañantes sobre escena, Yamil Rezc y Simone Pace. Y después un par de piezas en acústico que se compuso por Juan sentado en un banco, sin Yamil y sin Simone, acompañado únicamente por su guitarra para tocar Mr. Owl de Aeiou y Mermaid Sashimi, homónimo del que hasta ahora es su único álbum solista, y pieza que también anuló su encanto pop por lo acústico, aún con la gran capacidad vocal del artista.

Nada, una canción que sí sonó a su versión original, fue la que despidió la primera parte del show para regresar con el ya clásico encore que se complementó por la grandiosa Vivimos en L.A. de su proyecto Aeiou y cerrar de manera definitiva con Siento y su mantra de felicidad y amor, un himno sacado casi casi como de un libro de superación personal que, sobre todo a la gente de hasta adelante, motivó a bailarla y cantarla para despedir así a un ídolo sumamente potencial que de plano aún no puede trascender más allá de lo que se esperaba

Respecto al concierto, hubo claras fallas del staff técnico de Juan. Fallas evidentes en sus micrófonos que el mismo cantante les hacía saber durante las canciones, caídas de los fantásticos visuales proyectados como tres veces y claramente notorios, entre otras cosillas que un Teatro Metropolitan a poquito más de la mitad de su capacidad no dejó pasar.

El talento de Juan Son está ahí, con canciones fantásticas y memorables siendo solista y en sus otros proyectos. Pero, ¿porqué no logra trascender más? Si algunos factores no hubieran sido tan cambiantes, quizá ahora estaríamos presenciando a un titán, un similar de Björk en masculino latinoamericano. Pero quién sabe, el hubiera no existe. Lo que sí, es que a Juan Son se le ve feliz y radiante componiendo su propia música, en su estilo, y con esa voz tan etérea y tan única.

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