El director Lenny Abrahamson crea con Room una de las experiencias cinematográficas más interesantes del año.

Apenas la luz en la pantalla rompe la oscuridad de la sala de cine, se nos revela pared por pared, el cautiverio en que se encuentran Joy, una joven madre y su pequeño hijo Jack, encerrados en un cuarto; no sabemos exactamente en dónde, pero comprendemos que es un punto apartado del mundo, sin ningún contacto con el exterior durante varios años. Sabemos todo esto por que sin percatarnos, ya estamos encerrados en ese minúsculo espacio junto con ellos.

El director Lenny Abrahamson crea con Room una de las experiencias cinematográficas más interesantes del año, basándose en el lenguaje que se puede crear a través de la lente de una cámara de cine. En lugar de recrear todo un set simulando el lugar del encierro, Abrahamson prefirió poner su cámara en lugares incómodos dentro del cuarto real, acorralando a sus dos personajes principales en cada rincón de esos nueve metros cuadrados, buscando crear en el espectador la limitación del espacio en el que todo sucede.

Desde un inicio, el enfoque de la historia se nos da a través de la perspectiva de Jack, un niño de cinco años recién cumplidos que no conoce nada del mundo exterior y lo poco que sabe, lo aprendió de la televisión (no es muy distinto a nuestros niños de ahora, ¿verdad?). Por ello, la narrativa de Room nos va creando un micro universo de pequeñas cosas que forman parte de la realidad de Jack y que es sustentado por la omnipresencia de su madre.

Pero existe una tercer presencia en Room, las incómodas visitas del Viejo Nick, un juego de semi-Dios, quien decide cuando comen, cuando tendrán ropa nueva y sobre todo, que tiene el control de todo lo que sucede en Room. A estas alturas del filme, nos intriga el ¿cómo? de todo lo que estamos presenciando, pero eso no es tema que le interese contarnos a la historia. Por el contrario, en Room hay más preguntas que respuestas, orientadas y sustentadas por las posibles pistas que encontramos en cada escena.

Room alcanza su punto más alto en el escape de Jack, un momento de liberación bastante inverosímil, pero funcional para el desarrollo de la historia. Cinematográficamente, Room alcanza un nivel muy alto en una secuencia que significa un renacer para el pequeño Jack, quien ve por vez primera la magnitud del cielo y conoce al mundo, como si apenas hubiese salido del vientre materno. Que de algún modo, eso hace.

Gracias a un gran montaje, juegos de desenfoques, fundidos a blanco, brillos, oscuros y un score que va creciendo acorde a la escena, Room alcanza su clímax emocionalmente, pero de manera muy prematura, pues apenas ha transcurrido la mitad de la película.

En su segunda mitad, Room pierde mucha fuerza narrativa; los énfasis de la cámara son cambiados por encuadres generales que proponen muy poco en las intenciones de cada momento y quitan a los personajes el peso escénico que habían conseguido. Sin embargo, irónicamente en la mitad más floja está lo más interesante de la película, pues lo que al inicio parecía una sólida historia de amor maternal, se va desarmando poco a poco en piezas de soledad, envidia, nostalgia, incomprensión y egoísmo. La madre (interpretada cómodamente por Brie Larson) comienza a reclamar su lugar en el mundo, su mundo que ya no existe, que ha sido alterado por los años y que ya nunca le devolverá su juventud; mientras que Jack (el soberbio Jacob Tremblay) comienza a conectar con un nuevo mundo, con el cual no tenía relación alguna. A pesar de la libertad conseguida, ambos añoran los viejos días en Room, donde aún parecen estar anclados.


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Aún con sus inconsistencias narrativas (que luego quiere tapar con chantajes emocionales), no caiga en la extorsión emocional de que esta es una película linda sobre el amor maternal, querido lector, por que si enfoca su mente a este único punto del cuarto, se estará perdiendo de una habitación llena de cuestionamientos sociales, personales y emocionales dignos de analizar.

Room es un cautivador relato sobre la condición humana y nuestra forma de conectar con el mundo, sobre el universo que nos vamos creando y que probablemente sólo exista en nuestra percepción, del mundo que existe allá afuera de nuestras cuatro paredes mentales y que, con un poco de suerte, algún día conseguiremos escapar para conocerlo.

Una historia acerca del ser humano, el único animal en la naturaleza que quisiera volver a la jaula en la que alguna vez estuvo prisionero.

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